el nombre de las montañas

Esa montaña recortada al fondo es el Naranjo de Bulnes o, como insistía en llamarlo el autoproclamado guía oficial del pequeño grupo, Picu Urriellu: el nombre, repetía incansable, otorgado por los primeros moradores de este territorio. Una raza, deduzco por sus expansivas explicaciones, a medio camino de la realidad y la mitología y que parecen dibujar un heroico linaje de voces ya borradas por el viento.
Vuelvo a mirar la maciza torre de piedra caliza. Se alza imponente, como un extraño acorzado varado en una marea de nubes y custodiado por un puñado de pájaros fieros que sobrevuelan nuestras cabezas entre graznidos de protesta. A la montaña, intuyo, le da igual cómo la llamemos. Debe de ser difícil perturbar a un gigante de piedra.

Es corta la memoria de los hombres, casi tanto como su paso por la tierra. Una generación, dos a lo sumo, y todo se disuelve en ese rumor confuso que llamamos historia. Mucho antes de las huellas de goretext de nuestras modernas botas, antes incluso de los pasos torpes de los venerados antepasados del guía, otros ojos la miraron. Un puñado de homínidos cubiertos con pieles y que apenas sabían comunicarse con gruñidos guturales, llamó a esta mole Ghranak-tur. La Que Arde. Lo hicieron al verla encenderse con el último sol del atardecer que condensaron en tres sonidos secos como golpes de hacha convertidos en palabra: ghra (arder), nak (ella) y tur (montaña).
Y antes, mucho antes de que el primer dedo humano la señalara con asombro, la montaña no tenía nombre. Su nombre era el silencio. Existía sin necesidad de ser pronunciada, ajena a la urgencia de nuestra gramática.
Las montañas nunca han necesitado un nombre para ser reales.

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podría ser peor
24 Comments
evavill
Nos creemos importantes. Uno de los motivos puede que ser que ya no veamos apenas las estrellas. Porque ante esa inmensidad y a poco que pienses cualquiera se da cuenta de lo poquita cosa que somos.
Son impresionantes las fotos.
BDEB
Ante la inmensidad de esas montañas nos vemos diminutos y es que en realidad es así, todo esto estaba antes que nosotros y parece que llegamos a “destruirlo”. Por suerte aún nos quedan lugares como ese para quedarnos maravillados y replantearnos las cosas.
Maravillosas imágenes y debes de tener un poder para atraer a los animalitos y retratarlos en el momento exacto (y paciencia, muuuucha paciencia) 😉
Un abrazo Beauseant.
Etienne
Me imagino a la sociedad dentro de unos cuantos años, recordando cuando se llamaba Naranjo de Bulnes aunque en su ahora se llame de otra forma… Y la montaña igual de inmutable, real e indiferente a eso, tal vez un poco más erosionada.
Lo que pase alrededor de la montaña no le importa para nada a la montaña.
Beauséant
Creo que nos hemos acostumbrado a un mundo a nuestra medida, evavill, donde todo se encuentra a nuestra escala, y no somos conscientes de nuestro verdadero tamaño. Observar las estrellas de noche, lejos de la gran ciudad, ponerse al pie de una montaña, nos ubican en nuestra escala.
Es uno de los motivos de salir a la montaña, BDEB, reubicarme en el universo, darme cuenta lo poquita cosa que soy, croe que es un ejercicio necesario 😉 La foto, estaba intentando hacer una panorámica de varias fotos (la segunda foto), cuando vi por el rabillo del ojo una mancha negra, dispare sin tener claro lo que era y, ahí estaba, un pájaro posando, creo que hasta guiñando un ojo, ¿puede ser?
Y en mil años, Etienne, tendrá otro nombre o quizás ya no quede nadie para ponerle un nombre, y dará lo mismo, ella seguirá ahí, efectivamente.
Miquel
Nosotros marcharemos, sin duda alguna. Cambiarán los nombres, sin duda alguna. Se volteará el tiempo, sin duda alguna, pero la montaña siempre estará ahí.
Salut
el fantasma
Pasa seguramente de nosotros como si de un insecto que no pensara aunque nos creamos los reyes de la creación. Y se horrorizarían un rato, mas bien un suspiro, viendo a donde nos dirigimos por mor de una parte de esos insectos descerebrados.
En fin a todo cerdo le llega su San Martin.
Y ella seguirá ahí cuando ya no quede ninguno.
Cabrónidas
Nos empeñamos en llegar hasta la cumbre de muchas de ellas. El que llega se cree capaz de todo, y a veces la montaña se debe cobrar alguna vida para que no se nos olvide quién manda de verdad.
अनत्ता 光 心
El macizo es absolutamente impresionante, así como todo el paisaje (la nubes, la luz… la 2ª foto). Se suele decir que el mapa nunca es el territorio y en este caso… el nombre no es la montaña.
Me ha hecho pensar en el adjetivo “inefable”, en su significado y etimología, que creo que cuadran muy bien aquí: «Lo inefable es aquello de lo que no puede hablarse, que no se puede decir o no puede ser explicado con palabras. Generalmente lo usamos para referirnos a algo que es demasiado sutil, abstracto o difuso, o bien a experiencias demasiado sobrecogedoras o impactantes, que se resisten a ser expresadas con el lenguaje.
Se trata de un término comúnmente empleado para referirse a aquello “innombrable” (o sea, tabú), como puede ser en el imaginario cristiano el nombre del Diablo, o incluso a la muerte misma, o bien el nombre de Dios… ».
Nos dicen también que… esta palabra proviene del latín ineffabĭlis («indecible»). Debemos fijarnos en cuatro partes diferentes de la palabra: in-ex-fa-bilis.
En primer lugar, in («no», prefijo de negación); a continuación, ex (que en este caso se convierte en ef) + fari («decir»); por último, el sufijo -bilis, que añade el valor de «capaz de». Por lo tanto, effabilis significa «capaz de decir», «expresable».
En realidad, si nos pusiéramos estrictos, toda la realidad, con todos sus elementos, es inefable. No solamente lo que resulte difícil de expresar, o inenarrable, sutil, difuso, sublime, divino, maravilloso, genial… Por cierto que para referirse a un hipotético Dios, muchas veces se utiliza “El Innombrable” o “el Sin Nombre”.
Efectivamente, esa necesidad consustancial al ser humano, de ponerle nombre a todo y definirlo, acotarlo. Los nombres no son más que etiquetas, conceptos. Recordarás que una vez apunté a la idea de “posits que superponemos a la realidad… pero que no están ahí, solo en nuestra mente”. Quizá los más sabios, o místicos, o inteligentes, o despiertos, tengan claro que todo es innombrable e inefable, que debería permanecer sin nombre. Claro, ¿cómo hacer eso? A nivel pragmático es imposible. Si ya nos lo decía Dylan en esa canción tan curiosa, «Man Gave Names to All the Animals»… y además «to all the mountains» y «to all the things».
Por cierto que hay muchísimas partes del planeta con doble nomenclatura, muestra clara de los caprichos (y la gilipollez) humanos. Por ejemplo las Islas Maldinas… o Falkland Islands.
Namaste.
अनत्ता 光 心
Por cierto que esto también me recuerda ciertos versos. De una composición muy bonita, llena de sabiduría, titulada «Hsin Hsin Ming: Poema de la Confianza en la Mente Pura». Empieza diciendo…
El Gran Camino no es difícil
para aquellos que no tienen preferencias.
Cuando ambos, amor y odio, están ausentes
todo se vuelve claro y diáfano.
Pero lo que nos interesa aquí es…
Sin embargo, haz la más mínima distinción,
y el cielo y la tierra se distancian infinitamente.
Marisa Alonso Santamaría
Las montañas estaban ahí antes que nosotros. Tenemos menos memoria y menos vida que ellas. Me encantan las fotografías y lo que nos cuentas.
Un abrazo fuerte.
Joselu
Me gustaba subir montañas, creo que hay un ejercicio espiritual muy poderoso en la ascesis de llegar a la cima. La montaña ha sido siempre símbolo místico del ascenso de ser humano a la sabiduría a través del esfuerzo, la coherencia y la tenacidad. No es fácil llegar a la cumbre de ninguna montaña. Yo he medido mis capacidades por mi disponibilidad para ascender a ciertas cimas, pero me temo que mi capacidad física ha decaído y miro las montañas como de soslayo, con pesar, con admiración, con envidia. No he visto nunca en directo el Naranco de Bulnes, pero en estas fotos es formidable y comprendo la religiosidad que impone su silueta única. Me gustaría subir a él, me gustaría pensar que todavía puedo iniciar el ascenso, pero ahora mi mundo es el de montañas pequeñas y el llano. Ya nunca podré elevarme en las alturas, ya lo siento porque buena parte del misticismo que concibo tiene a dicho ascenso como símbolo misterioso.
Buenas fotos. Eres un maestro del HDR.
Saludos.
Gabi C S
Yo recuerdo el nombre por cuando lo subía perico Delgado y cia, y contrariament a lo que apuntas, era “la vuelta” . No el tur, por mucho que lo vistan de Ghranak
AbrZooo
Joiel
Las montañas no eligen sus nombres, ni siquiera estar ahí, pero observan. No olvidan una historia, una cabra, una oportunidad de recordar a los simples mortales lo que son. Ellas, en comunión con las nubes, son la esencia de lo que vemos cuando queremos dejar atrás el mundo, cada vez más, de unos y ceros.
Citu
Lindo relato y bellas montañas. Te mando un beso.
Toro Salvaje
El Naranjo de Bulnes me suena de etapas ciclistas… cuando yo seguía el ciclismo, antes de que empezarán todos a drogarse.
Las montañas siempre han estado ahí… y seguirán estando cuando de los humanos sólo quede huesos radiactivos.
Saludos.
Beauséant
Eso que dices, Miquel, aunque pueda sonar un poco triste, debería servirnos para reflexionar e intentar hacer las cosas un poco mejor…
Ese es el problema, el fantasma, que los insectos tienen poco cerebro, pero no son malos por ser malos. En nuestro caso, y es lo jodido, es que hemos dejado los mandos a insectos malvados.
Son dioses antiguos, Cabrónidas, reclaman algún sacrificio, no porque lo necesiten lo hacen por lo que dices, para recordarnos que, en el fondo, no somos nada para esas montañas.
Has enlazado un tema muy interesante, अनत्ता 光 心, gracias. Nos aferramos a esos nombres por eso que comentas, porque son posits que vamos pegando, como esos enfermos de alzhéimer que necesitan recordar donde va cada cosa. Pero son nombres caprichosos, fruto del azar y, muchas veces, del capricho de los que gobiernan. Las etiquetas nos permiten manejarnos en el mundo, pero al mismo tiempo lo empobrecen, lo recortan. Quizá por eso lo verdaderamente importante —Dios, la muerte, ciertas experiencias— acaba volviéndose innombrable o “sin nombre”: no porque esté fuera del lenguaje, sino porque el lenguaje se queda pequeño.
Estoy bastante de acuerdo: en sentido estricto, todo es inefable, y el lenguaje no hace más que rodear, señalar, aproximarse sin tocar nunca del todo.
Me ha gustado el poema, cuando ponemos nuestras preferencias por encima, todo se acaba complicando.
Un saludo
Muchas gracias, Marisa Alonso Santamaría, tenemos menos memoria y menos vida, imposible resumirlo mejor 🙂
Me pasa algo parecido sobre los ascensos, Joselu, que algunos se van complicado y, además, que nunca he tenido mucha habilidad. Pero creo que no importa mucho, que no hace falta subir a la montaña, con pasear por sus alrededores me vale, con salir un rato a un bosque, con ascender un poquito, me sirve, ¿no te parece? Creo que el Pico de la foto no es posible subirlo sin equipo de escalada, yo me quede en la base, lo vi desde lejos, no me hizo falta más.
Muy buen ojo con lo del HDR 😉 Tengo una cámara Olympus y siempre sufre un poco con el rango dinámico, así que he entrenada a la cámara y el ojo para hacer de manera automática ese tipo de fotos en cuanto veo que la luz no me llega. Sé que, a veces, queda un poco irreal, pero me gusta esa atmósfera, parece que te introducen en la foto. Intento que sea un HDR suave, bien de manera automática por por luminosidad… si se te va la mano quedan fotos horribles
¿Ves?, Gabi C S, tiene muchos nombres, todos los que queramos, y la montaña no se ha enfadado. Qué tiempos los del Perico, ¿verdad?
Las montañas no se dejan atrapar en el mundo de los ceros y los unos, Joiel, por mucho que me empeñe en hacer una foto digital de ellas 🙂 Y mejor que sea así, un mundo binario es un mundo muy pequeño, ¿verdad?
Me alegra que te haya gustado ,Citu, un abrazo
Sospecho que las drogas han estado siempre presentes, Toro Salvaje, quizás te pase lo que a mi, que no me gusta que el deporte se haya profesionalizado tanto, ¿puede ser? parece que cada vez hay menos espacio para los genios, para los versos sueltos que no seguían los patrones pero de vez en cuando ganaban.
Huesos radioactivos, cada vez parece más claro que es nuestro futuro, sí, un montón de tumbas resplandecientes 🙂
Alfred Comerma Prat
Solo estuve por la parte de abajo, y la verdad es que impresiona lo suyo.
Buen año!
Diego
Las montañas con nombre propio seguro que se ríen del nombre que les damos. Lo que me parece mal es que se modifique el nombre con que alguien las designó en el pasado. Por ejemplo, es mucho más justo llamar a esta montaña “Ghranak-tur” que Naranjo de Bulnes, lo mismo que es mucho más justo llamar al Everest “Chomolungma” (madre del universo) o Sagarmāthā (frente del cielo) en vez de darle el nombre del primer europeo que lo “descubrió”. Pero, insisto, a esas montañas míticas (y a cualquier montaña más modesta, como el “Cerro Gordo” de mi pueblo) les importa una higa el nombre que les demos. Ellas saben su importancia, la admiración que despiertan y saben que nos sobrevivirán.
De esto sabe un montón la chova piquigualda de tu primera foto. Un pájaro feliz por vivir siempre entre montañas y roquedos.
Mannelig
¡El Naranjo! ¡El rascacielos que veo desde casa cuando estoy en casa! El que me habla del sol y la niebla, y de los vientos del día (el gallego o el sur), y de la infancia y sus sueños…
Frodo
Qué curioso, tuve que ir a ver bien dónde quedaba en el mapa el Naranjo, creo que todavía debo un par de materias de geografía española.
Además empecé a preguntarme por qué el nombre de nuestras montañas, algunas son un tanto difíciles de saber, como el monte Fitz Roy jajaja.
Pero tenemos muchos que vienen del idioma mapuche, quechua, de otros pueblos originarios, como la más emblemática -copio y pego-:
El significado de Aconcagua es debatido, pero las interpretaciones más aceptadas lo relacionan con lenguas indígenas, significando “Centinela de Piedra” (quechua: Akon-Kahuak) o “Monte Nevado” (aimara: Kon-Kawa), refiriéndose a su gran altura y blancura, aunque también hay teorías como “Viene del Otro Lado” (mapudungún: Aconca-Hue) o “Oteador del Arenal” (quechua). Es el pico más alto de América, una montaña sagrada para los Incas, y el nombre es una deformación española de estas voces ancestrales.
Abrazos
Carlos Perrotti
Hipnótico relato que releo, releo y releo… Empiezas muy bien el año. Y te lo agradezco!!
Beauséant
Yo tampoco me atreví a subir, Alfred Comerma Prat, pero tampoco creo que me hiciese falta, la verdad, desde abajo ya era maravilloso..
Dice mucho de los exploradores, Diego, que cuando llegan a un sitio no se interesen por el nombre real y les pongan el suyo o, peor, el del reyezuelo de turno al que querían impresionar, y que ni tan siquiera piso aquellas piedras. El nombre que le he puesto en el relato, ese sonoro, Ghranak-tur, ha sido una invención, pero bien podría serlo, ¿verdad? Chomolungma es un nombre más digno y más exacto que cualquier otro nombre que hayamos podido poner.
¿De verdad es una chova piquigualda?, madre mía, tienes un ojo increíble, para mi era eso, un pájaro con cierto aire de cuervo… mira que me gusta la naturaleza y lo poco que me intereso por ella.
Debe ser una maravilla despertarse con esa visión, Mannelig, y poder ver su evolución los días y las estaciones, seguro que parecen montañas diferentes. Según ibámos por el camino observaba los cambios de luz y las nubes y me habría quedado días allí.
Sospecho, Frodo, que sabes más de mi geografía que yo de la tuya 🙂 El monte Fitz Roy sí lo ubico, siempre me ha parecido un nombre ridículo para un lugar tan increíble.. aunque, claro, si me diesen la oportunidad de ponerle mi nombre tampoco me habría resistido. Monte Frodo, ¿qué te parece?
Los indígenas supieron ver lo sagrado donde los Europeos sólo veían geología y estrategia. A mi me gusta la literatura y las historias, siempre me quedaré con los nombres indígenas.
Pues un poco sí, Carlos Perrotti, me apetecía empezar el año hablando de gatos y hablando de montañas… sobre todo ahora, que parece que el mundo real anda tan enloquecido, me apetecía hacer un pequeño refugio aquí. Me alegra que te guste.
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Lilly billy
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