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Discursos oxidados

No pretenda que le llame señor porque esté ahí arriba. Usted manda a otros matar por sus propios intereses, y yo lo hago por mi propia mano, haciéndome cargo de mis actos y de rendir cuentas con mi conciencia…

El culatazo en la cabeza llegó, como no podía ser de otra manera, pero lo hizo tras una mirada cargada de furia y oscuras amenazas por parte del superior hacia sus hombres, y del titubeo de estos al no atreverse a golpear al cuerpo machacado que yacía esposado en la silla. Tampoco fue un golpe rotundo, apenas un roce dado sin ganas por uno de los más jóvenes.

Lo fusilaron al alba, con prisa y sin ruido. Nosotros estábamos en el barracón, pero esta vez nos dejaron las ventanas abiertas y pudimos oír sus dos últimas peticiones: que no le vendasen los ojos, y poder dirigir su propio pelotón de fusilamiento. Ninguna le fue concedida, y así aquellos hombres se vieron exentos de tener que mirar y guiar hacia a la muerte a quien en el fondo de sus corazones de soldado sabían inocente.

A mi me tocó enterrarle para escarmentarme, decían, por haber estado a sus órdenes tiempo atrás. Aunque no hacia falta, yo ya estaba suficientemente escarmentado. A una edad en que la mayoría descubren la vida, el amor o lo que el buen dios les tenga preparado, yo había matado, luchado y renegado de unas ideas que nunca, ahora lo comprendo, fueron mías, además de aprender el terrible precio de eso que todos llaman honestidad y coherencia, sin saber apenas de lo que hablan.

Estaba tan escarmentado, que al final era exactamente como todos aquellos de los que renegaba. O incluso peor, porque conocía el otro lado, el de la dignidad, pero nunca daría el paso necesario para hacerla mía.

La lluvia se unió al borroso cortejo fúnebre, y así pude ver correr sin miedo esas lágrimas que me había jurado no mostrar a nadie. Dejé su cuerpo cubierto por un sábana llena de círculos rojos, y quise gritar, como quise hacerlo muchas veces después, pero el instinto de supervivencia ahogaba los gritos recién nacidos.

Diecinueve años cumplía ese día y mi regalo fue abandonar mis ideales y mi juventud en aquel páramo. Comprendí demasiado pronto que las guerras nunca acaban con el disparo del último tiro, ni con los discursos oxidados de los vencedores. Termina la lucha sí, pero los vencedores siempre olvidan aquello contra lo que luchaban.

18 Comments

  • la chica triste de la parada de autobús

    Una de las cosas más coherentes que he leído nunca sobre la guerra estaba en una publicidad de alguna ONG, ahora no recuerdo si Médicos sin Fronteras u otra similar. Decía que en una guerra es difícil distinguir entre buenos y malos. Gran verdad.

  • Beauséant

    Demasiadas ruinas, Ybris, y demasiada gente buscando revancha para la siguiente.. Luchas postergadas, esa es la palabra Sherezade, la paz como eso, un simple periodo entre dos guerras…

    El tiempo si quieres, Prazsky o, si lo prefieres nosotros mismos, que miramos nuestras ideas de antaño con una sonrisa condescendiente, y los enterramos como errores de juventud….

    Era de MSF, chica triste, es complicado juzgar cosas que muchas veces sólo vemos de pasada, lo bueno sería que no hubiese nunca que tomar partido por nada, pero eso es incompatible con algo tan sencillo como vivir…

    Bueno, adictaacruzarenrojo pero eso son otras batallas y otras guerras menos desagradables… Nada que ver con esas otras a las que juegan los adultos…

  • gwynette

    Leí por algún lado que “los niños son buenos soldados porque son obedientes, no cuestionan las órdenes y son más fáciles de manipular que los soldados adultos” .. pero en que se habrán convertido cuando sean adultos, sin un gramo de piedad en sus cuerpos ?..horroriza llegar a alguna conclusión !!! 🙁

    Besos

  • Beauséant

    Cuando crezcan, gwynette, serán eso, seres sin alma.. que es precisamente lo que en la guerra se conoce como un profesional..

    Incluso diría, prazsky que nunca lo son.. el problema es el tiempo que los distorsiona y nos convierte justo en lo contrario de lo que querían nuestros sueños.. Por eso nos damos tanta prisa en enterrar esos ideales baja el manto de la madurez y la experiencia… O eso, o todo se olvida con la victora, llermo, es otra posibilidad…

    Mi abuelo, M, decía que ninguna, pero no creo que eso sea cierto, supongo que merecen la pena cuando son tuyas y estas dispuesto a morir por ellas.. O quizás tampoco, y sea mi abuelo el que tenga razón 😉

  • dsd

    En algún sitio leí o escuché que en la guerra no gana nadie, sí. Y aquello de… “sólo los muertos ven el final de la guerra”. Aquel era Platón, creo recordar. Se me quedó grabada.

    Muy bien construido el texto. Muy elegante. Me gustó mucho Beau.

    Bisous.

  • Eloísa

    No acaban ni acabarán siempre que haya gente a la que le guste mover los hilos del “infierno”…¿seguro que no gana nadie en una guerra?. Algunos de la retaguardia me temo que sí.

  • Beauséant

    Apostaría más, Lucia, por un García Marquez, aunque vaya usted a saber, al final todos acaban juntándose en mi cabeza..

    Y si creemos en según que religiones, dsd, aún después de muertos uno debe seguir luchando.. Eso si debe ser terrible. (muchas gracias, elegante es una gran palabra que nadie que me conozca me otorgaría 😉 )

    Un placer que hayas parado por aquí lademarberlla, ya sabes que estamos siempre abiertos por si quieres descansar un rato…

    Vaya, ipathia, visto así uno se preguntaría para qué coño luchamos.. Quizás sea tarde ya para hacerse esas preguntas, o no, nunca debería ser tarde…

    Vaya para, que voy a vomitar, ¿en qué andabas pensando pues?

    Qué tiempos, ¿verdad Elo? cuando los generales y los reyes morían en el campo de batalla.. Aunque quizás ni ellos fuesen las piezas importantes de todo ese tinglado..

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