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Días de vértigo

Cinco meses cogidos de la mano, de aproximaciones y retrocesos. De ganar cinco centímetros subiendo por la curva de tu cintura, y de perder horas sosteniéndonos la mirada sin nada que decir, ignorando el cómo el dónde y el por qué. Aproximándonos hasta vencer esa línea Maginot imaginaria formada por aquel portal con eterno olor a verdura cocida, para subir furtivos hasta la casa de tus padres. Llena de vergüenza, aunque eso lo supe más tarde, de esa pequeña casa sin ascensor tirada sin gracia en una barriada de la gran ciudad, y avergonzada de estar avergonzada de aquellos padres que te lo dieron todo sin pasarte nunca la factura.

Aquello se convirtió en un extraño ritual. Los Viernes por la noche, mientras te empeñabas en ponerte un montón de atrezzo que tapaba todo aquello que te hacía hermosa, tu madre me sentaba en la diminuta cocina, su reino, y procedía a contarme su semana mientras me sacaba algo de comida. Pequeñas historias de supervivencia hipotecando un presente por un futuro que nunca acababa de llegar.

Ese era tu mundo, tan distante del mio por algo más que el recorrido de la línea cuatro del autobús. Para ti, mis días en aquella enorme casa del centro llena de cuartos vacíos, y unos padres que comían firmes en la mesa mientras escuchaban música clásica, era el símbolo del triunfo, la sonrisa de una vida que se nos mostraba amable y seductora. Algo inalcanzable para ti, que sólo podías verlo como una niña de cuclillas ante el escaparate de su tienda favorita.

Pero nada de eso importaba entonces, los Viernes eran nuestros. Bajábamos los escalones volando y nos perdíamos por las calles de esta ciudad que nunca duerme. Entregados con alegría a la tarea de redibujar cada esquina y cada calle, para construirnos un pequeño mapa imaginario de nuestra propia ciudad. Nunca duraba mucho, siempre te cansabas y me arrastrabas de la mano a cualquiera de esas fiestas que siempre celebraba algún amigo mío, aunque el tiempo demostró que sólo eran conocidos.

En el fondo los dos escapábamos sin saberlo de aquello a lo que pertenecíamos. Una huida falsa y fracasada desde el principio, porque en algún punto te acabas cansando, bajas los brazos, y el objeto de tu huida te acaba alcanzando. Ahora, si miro atrás, entiendo que fuimos dos desconocidos que, al cruzarse en la niebla, hacen de ese encuentro algo eterno para no sentirse devorados por esa oscuridad que muerde sus talones.

Ni tan siquiera supe que decir cuando te fuiste con uno de esos tipos con ropa de marca y coche de importación de alguna de todas esas fiestas. Me dolió, sí, pero lo peor fue sentir ese vacío creciendo en las entrañas; un viejo inquilino reclamando sus aposentos seguro de su victoria.

Al poco de perderte para siempre volví a tu barrio y me detuve en aquel portal tan conocido y tan doloroso en su cercanía. Me decía que lo hacia por ti; para volver a verte, hablar un rato, perderme en tu sonrisa. Pero, mientras retrocedía avergonzado, me di cuenta que sólo quería ver a tu madre. Necesitaba sentarme en aquella mesa de la cocina y que alguien me dijese: todo saldrá bien, confía en mi.

Al volver a casa mis padres ya estaban cenando, esas eran sus normas y, como el ejército rojo replegándose eternamente por la estepa, nunca esperaban a nadie. Sin decir nada me he dirigido al aparador y he apagado la música de un manotazo. Beethoven, Haydn… no sé, nunca he sabido distinguirlos. Me han mirado extrañados y luego se han medido desde los extremos de la mesa, asombrados de ese silencio y esa distancia, y sin nada que decirse tras tantos años compartiendo el mismo techo.

Ahora lo saben, al fin han comprendido que se encuentran vacíos.

Por fin somos una familia.

11 Comments

  • Ybris

    Una maravilla hoy me ha parecido tu arte sobre el alambre en que sustentas las más intensas emociones.
    Quizás sea por ese fondo de tristeza que revela fehacientemente el fracaso de hallar lo deseado, que tan intensamente buscamos.
    Quizás cuando se hace el silencio porque las personas marchan, porque la música cesa nos damos cuenta de que habitamos un vacío del que queremos huir sin conseguirlo.

    Mis felicitaciones cordiales por tu relato.
    Y mi agradecimiento por el placerque me ha causado leerlo.

    Un abrazo.

  • la chica triste de la parada de autobús

    Una vez más me siento identificada con algo que escribes. Una vez más me encanta.

  • Laluz

    Porque los vacíos están llenos.
    LLenos de verguenzas, de huidas, de portales olvidados, de miradas y de absurdos.
    Ultimamente dudo si conseguiré vaciarme de todo eso y llenarme simplemente de vida.

    Una luz para este lunes Artista..

  • Tumulario

    son tantas las veces en las que dos personas en su huida de lo conocido se encuentran y creen encontrar en el otro el reflejo de lo que buscan.
    Pero en verdad solo ven a otro que huye de su propia realidad y ninguno se da cuenta que no hay huida posible, que solo hay un camino, efrontar lo que somos y coger nuestro camino apretando el paso y con la mirada clara.

  • Beauséant

    Nunca esta de más recordar tu pie de página Cosechadel66a carpe diem.. mirar apuntando al pasado nunca ha servido de nada…

    Jop Ybris, no digas esas cosas que nos lo acabamos creyendo, es lo de siempre, las personas no somos tan distintas por más que lo intentemos y siempre acabamos recorriendo los caminos comunes, y eso es un placer hacerlo en tu compañía 🙂 y, claro, en la de la chica triste de la parada de autobús

    Ese Athe es uno de los problemas a los que me enfrento a la hora de hacer algo medio largo. La pantalla es incomoda, y siempre supone un esfuerzo adicional llegar al final.. así que gracias, es un piropo enorme…

    Sospecho que nunca llegas a deshacerte de todo eso Laluz, pero si puedes ir dejando huecos para llenarlos de esa vida. En realidad esos vacíos tan llenos de olvidos, miradas y absurdos son necesarios para poder, luego, encontrar esa vida..

    Afrontar lo que eres Tumulario suena a esas cosas que uno nunca sabe muy bien como afrontar y que te pueden llevar toda una vida aprender… pero eso si, estamos en el camino..

  • Gwynette

    Me has recordado a mi misma hace muuucho tiempo, tanto, que ya no me acordaba. Su madre también me hacía comer, me decía que estaba demasiado flaca, y sus dientes postizos de dentista del barrio, bailaban…:)

    Besitos

    PD. No he podido entrar desde el link de mi blog, vengo de casa de Tumulario ¿?

  • koffee

    Más de uno nos habremos sentido identificados con la primera parte, y ahí queda el sentimiento de haber dado tanto, de haber compartido, para llegar a la nada más absoluta. Me quedó pendiente apagar la radio, pero ahora, cuando escuchar la Cope es lo poco que le queda, cómo voy a hacerlo?.

  • Beauséant

    Debe ser algo genético que tienen todas las madres del mundo, Gwynette, quieren proteger y alimentar a cuanto ser les sale al paso 🙂 Lo del link, ni idea, habrá que revisarlo …

    Todo al final es vacío Ignis Fatuus porque vivir es ir perdiendo cosas y, si no tienes cuidado, acabas así, vacío…

    Tienes toda la razón koffee las cosas tienen un momento, un instante donde cobran sentido.. pasado ese pequeño espacio de tiempo deja de ser útil.. Es mejor no hacerlo y cada uno siga construyendo sus pequeños refugios para escapar de un mundo incomprensible…

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