he vuelto a soñar contigo

He vuelto a soñar contigo. Los dos huíamos de algo o alguien, nuestro más fiero y terrible enemigo. Yo trazaba planes de huida absurdos que fracasaban apenas intentaba explicarlos con palabras, y tú pedías al camarero que te llenase otra copa con el mejor champagne. Yo me escondía en el anonimato de mi traje oscuro y procuraba no mirar a nadie a la cara, y tú bailabas con los ojos cerrados, hermosa y ajena a todo, en medio de la pista con tu mejor vestido. Un regalo mio, perdido y recuperado del fondo de algún baúl como un homenaje a los días en que todo era posible.

… tú eras el Titanic hundiéndose con la dignidad que da hacerlo con las luces encendidas y la orquesta tocando hasta el final, y yo era el Maine ahogándose sin ruido en la cobardía de la noche…

Aquí dentro todos parecen felices. Se enredan entre si y se dejan llevar por encima de la mullida alfombra que podría devorarnos a todos sin dejar ni rastro. Nos esforzamos en fingir una normalidad que estamos lejos de sentir, y luchamos por sentirnos hermosos en cada uno de los miles de fragmentos que los espejos de la sala se lanzan y retuercen hasta formar millones de ángulos imposibles.

Afuera llueve a gritos sobre el cielo de Berlín, y los elegidos de la patria, un puñado de nuestras mejores divisiones con sus tanques y sus fusiles, con sus uniformes y sus banderas, agonizan mudos en ataúdes de barro y acero para ser testigos impasibles de una guerra que nunca podremos ganar.

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