leer,  mirar,  otra vida

el bibliotecario

La memoria funciona como esos cajones llenos de fotos y chucherías que todos guardamos en lo alto del armario. Vivimos un momento que creemos especial y, ¡zas! lo encerramos en un cartón de 10×15 para no perderlo. Más tarde, cuando menos lo esperamos, ese bibliotecario estúpido llamado memoria nos los devuelve al azar sin orden ni criterio alguno.

El mío se muestra particularmente insidioso con las puestas y las salidas de sol. Cada vez que el astro rey asoma su hocico por el horizonte mi bibliotecario, invariablemente, me deja caer ante mis pies el mismo recuerdo de Ella. Hubo otras antes, lo sé, y otras, quizás demasiadas, llegaron después, pero el hijo puta siempre me saca la misma foto.

No se trataba de una puesta de sol especialmente bonita pero los dos la mirábamos inmersos en un silencio reverencial. Al otro lado de la plaza el sol iba recortando un skyline triste y pueblerino sobre los tejados color ceniza, y nosotros asistíamos a ese pequeño milagro con los pies desnudos colgando entre los barrotes de la terraza. Ya entonces casi habíamos dejado de hablarnos, y nos dedicábamos con ahínco al control de daños que es el recoger los restos del incendio en que se había convertido nuestra vida en común.

Mi bibliotecario dice no guardar otro recuerdo de Ella, pero sé que miente. Me oculta, sin ir a buscarlo más lejos, los ojos alucinados de mi padre el día que ella le arrebató la taladradora bosch de las manos y, sin perder la sonrisa, trazo dos agujeros perfectos en la pared, venciendo así nuestra maldición familiar. Veréis, cada vez que un miembro de nuestra familia toma un taladro entre sus manos este, al apoyarlo en la pared, cobra vida propia y se dedica a horadarla con enormes surcos hasta que logramos encaminarla y hacemos, por fin, un agujero que siempre resulta demasiado grande para la alcayata que sostenemos tristes en la otra mano.

No es algo que nos avergüence, al contrario es una bandera llevada con orgullo. Sabemos que esa pequeña maldición vudú nos hace especiales y es, además, la única herencia que pasaremos de padres a hijos si exceptuamos, claro, la biblia de cantos dorados que una bisabuela llevo ocho meses en el refajo por temor a que esos sucios rojos se la arrebatasen. Al contrario que nuestra maldición, ese misal es algo que nos da un poco de grima, por eso nunca hablamos de su existencia y nos limitamos a guardarlo en el fondo de un cajón sin atrevernos a tirarlo. No por temor a ofender al omnipresente dios en las alturas, cuya ira es una minucia comparada, si debemos creer a la mitad de las cosas que cuentan, al espíritu cabreado de mi bisabuela.

El caso, que me despisto, es que ella sabía de nuestra maldición, y con su eterna sonrisa evitó que la pobre pared acabase como un frontón en una plaza de Sarajevo. De paso logró que mis padres viesen en ella el futuro de la familia, la hija que nunca tuvieron, y la encargada de poner todos los cuadros y estanterías en los cercanos y oscuros días de su vejez, además de hacerles mover la cabeza preocupados cuando ella desapareció de mis conversaciones.

Al final nada de esto importa, me digo mientras alejo de un manotazo las nubes de recuerdos que en formación amenazan con una tormenta, al final te acostumbras, concluyo. Izas la bandera blanca ante ti mismo, vas besando otras bocas y haces tuyo el roce de otros cuerpos al otro lado de la cama. Te acostumbras, así de sencillo.

Y ese es el problema bróder, el que habla ahora es mi bibliotecario, transmutado de la nada en el mulato de espaldas perfectas de mis últimas vacaciones en Santo Domingo, ese es el problema, que te acostumbras..

… y acostumbrase es un poco como dejar de estar vivo.

Ya os lo he dicho, mi bibliotecario es un hijo puta.

(las fotos dicen crecer si pulsan en ellas con suficiente empeño)

15 Comments

  • la chica triste de la parada de autobús

    Mi padre, marino de profesión y fotógrafo de costas aficionado, siempre dice que es muy difícil hacer una foto con el horizonte derecho. A ti te han salido 2 de 4, no está mal para un principiante 😉
    Bonitas fotos. Me quedo con la segunda.

  • petitapetitesa

    La herencia familiar que se suponía yo debía custodiar y trasmitir, era una pequeña palmatoria de cristal de mi bisabuela, paso por tres generaciones intacta hasta llegar a la cuarta, yo; y ahí encontró su trágico fin, en mis manos de goma.

    Las maldiciones son mejores de sobrellevar.

    Besos y disculpas por colarme, es que me gusto la historia (y las fotografías)

  • Ele de Lauk

    Se hereda y se transmite lo bizarro . se recuerda lo bizarro . De lo otro , poco queda , auque sea injusto , ingrato .

    Y si , uno se acostumbra para evitar penas y vacíos . Es cauto , pero cobardemente aburrido.

  • Ybris

    ¡Memoria hijaputa!
    De las personas que quisimos deja silencios dolorosos sobre soles incompletos y agujeros antifamiliares en las paredes asi como temores forzados a enemigos artificiales en biblias ocultas en refajos.
    Y encima vas y te acostumbras.

    Es muy bueno su escrito, señor artista.
    Las fotos también, por supuesto

  • Gwynette

    És cierto. Tu escrito es bueno de cohones!. Me gusta cuando evitas ser sentimental porque te llenas de sentimientos.
    Yo también tengos puestas de sol en la biblioteca, pero soy muy buena taladrando 🙂
    Me ha dejado un poco tocada el texto. Me he visto en Formentera como una salvaje, morena y descalza y queriendo al innombrable como no he querido a nadie más. Aysssss 🙂

    Petonets de diumenge

  • Ignis Fatuus

    No deberíamos acostumbrarnos nunca, ni dejar de golpear al dormecino Dios de la semisatisfacción de Hesse!
    El texto vívido… se pega un poco al corazón y casi todo a los huesos, desgastados por el tiempo.
    Besos nostálgicos, llenos de puestas de sol y de arena.

  • koffee

    Y pienso, mirando mis paredes, si no seré yo de tu familia!!!.
    Dejé de escribir hace años por miedo a hacer espantosos ridículos de ser leída por alguien como vos. Y después de leerte hoy y ver tus fotos…

  • Tumulario

    Por ello solo por ello uno pretende romper con todo, volar lejos, alejarte de cuanto te pueda traer a la memoria los instantes pasados y cuando crees haberlo conseguido, con cualquier mínima excusa vuelven los recuerdos y te sientes tan mal como al príncipio.
    ….
    Y quieres morir de nuevo.
    ….
    Y no sabes porqué la última vez fallaste con la cantidad de pastillas.
    ….
    Y decides volver a probar.

  • Beauseant

    más razón no podía tener ese viejo marino, chica triste de la parada de autobús, luego, eso si, tienes un puñado de programas para enderezar lo que la naturaleza ha torcido, pero para mi tiene su encanto, eso o soy muy torpe con esos programas (un poco de todo).

    esas herencias son en realidad petitapetitesa maldiciones. no las posees, son ellas las que te poseen, las que imponen su presencia y exigen cuidados especiales. romperlas puede ser traumatico pero liberador. al final las herencias son las que dice Ele de Lauk lo bizarro.. y si, acostumbrarse es eso, llenar huecos.

    gracias Ybris una sorpresa verte maldecir 🙂 es extraño ¿verdad? quieres hablar de unas fotos y acabas tirando del hilo de dios sabe qué extrañas historias y maldiciones familiares. Y encima, Gwynette invoco mis fantasmas y traigo de la mano los vuestros, es un putada, lo sé, pero ahora me siento menos solo.

    Joder Ignis Fatuus imposible resumirlo en menos sitio Dios de la semisatisfacción.. en esos altares inmolamos toda una vida, ya ves.

    Sabemos ambos koffee dejaste de escribir porque encontraste que tus fotos explicaban perfectamente tus ideas, eso es lo que me llaman la atención de tus fotos, que las ves y sabes lo que hay detrás, sin necesidad de tirar de líneas para explicarlo.

    Me parece bien Athe hablar de la memoria no puede traer nada bueno, siempre te lleva al punto del que querías huir; porque, al final, todo es una huida, no muy bien escrita ni muy bien llevada porque casi ninguno de nosotros somos buenos guionistas ni actores.

    Vaya con la frase Marvel Girl creo que la he pillado. Si eres consciente de que te acostumbras es porque, en algún momento, has dejado de hacerlo ¿no? (soy un poco lento), luego si te tienes que acostumbrar de forma consciente es porque, lógicamente, te engañas… Por suerte hay cantidad de pequeños escapismos yh justificaciones para todos nuestros actos… Un poco como el protagonista de Tokio ya no nos quiere, vaya.. Siempre me haces lo mismo, me pones una frase, y me cuesta cuatro autoexplicarmela 🙂

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