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canciones bajo la lluvia

La lluvia devuelve a las cosas su verdadera esencia envolviéndolas en una fluorescencia de cementerio. La carretera se ha vuelto una cinta plateada sin principio ni final que recorremos dentro de la frágil cápsula de nuestros cuerpos. Los limpiaparabrisas hacen furiosos aspavientos para apartar el agua, pero apenas nos dejan entrever un sol que más se adivina que se ve, allá a lo lejos.

Noto cómo te revuelves en el asiento del conductor. Te enderezas, con la vista fija en la carretera, y aprietas el volante sin darte cuenta, un gesto que se parece más a una plegaria que a una afirmación. Aun así, me diriges esa sonrisa tímida que te sale cuando algo te asusta.

Siempre pienso en Bruce Springsteen cuando viajo en coche bajo la lluvia. O en canciones que creo suyas, porque me llegaron todas en las cintas de casete de mi hermano convertidas un batiburrillo de estilos y autores. Springsteen acabó siendo para mí más un género que un músico: voces arrastradas, como si las palabras hubiera que ir a buscarlas a un lugar remoto; historias de gente con las cartas marcadas, siempre camino de algún sitio, por una carretera que yo imaginaba siempre bajo la lluvia.

Me sonríes otra vez y dices que ya queda poco para llegar. Y me entran unas ganas locas de preguntarte: ¿para llegar adónde?


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