Atenea

La diosa Atenea asoma la cabeza entre los arbustos al escuchar un ruido.

Lleva toda la noche huyendo de la jauría y por primera vez en toda su existencia empieza a sentir algo que, a falta de una palabra mejor y que ella desconoce, bien podría ser el miedo que tantas veces ha visto atrapar a los mortales.

Un Dios es tan fuerte como numerosos sean las personas que han decidido creer en Él. En lejanos lugares borrados de los mapas los dioses son un pequeño montón de piedras erigidas por alguien agradecido: un viajero que logró regresar a salvo junto al fuego del hogar, un embarazo complicado que llegó a buen término… son dioses pequeños y pequeños son sus actos, apenas pueden agitar un poco las ramas de lo árboles o hacer caer un poco de lluvia sobre míseras cosechas.

Con el tiempo, más personas van creyendo en esa presencia y esas piedras se convierten en un templo, una iglesia o un santuario y, con el correr de los años en un ejército de fervientes creyentes… Los días felices y lejanos en los que el nombre de Atenea era un rugido que resonaba en todo el mundo conocido. No todos fueron felices, ella bien lo sabe, pero era temida y respetada y eso era lo más importante. Ahora lo comprende.

En el fuego de Atenea hace ya muchos siglos que apenas quedan los rescoldos de un pasado brillante. Ahora, en su futuro sólo existe una larga huida hasta que desaparezca de la memoria de los vivos. Esta cansada, demasiado incluso para un Dios. Ya no quiere más, no más huidas, no más dudas ni más dolor.

Detiene su carrera al llegar a un claro en el bosque. Un buen lugar, decide, le dará al menos un poco de ventaja sobre sus perseguidores. Respira hondo y descuelga el escudo, un escudo de combate, tosco, de cuero gastado y con la cabeza de la gorgona grabada en pleno grito en el frente. Saca la larga espada del cinto y la sostiene ante sus ojos. La espada vibra y desprende una tenue luz, sabe que la necesitan, que ha llegado el momento. Atenea sonríe al recordar viejas batallas y deja que una felicidad loca e insensata recorra su cuerpo.

La jauría se ha detenido. Los oye arañar la tierra y comunicarse con gruñidos ahogados. Intentan rodearla sin dejar la protección de los árboles y la penumbra. Se saben superiores pero tienen miedo, ella es Atenea. Levanta un poco más la espada para dejar claras sus intenciones y ellos responden con más gruñidos y jadeos.

No habrá piedad y no piensa pedirla. Los dioses débiles son condenados al olvido. De la misma manera que ella desterró a otros muchos que llegaron antes ahora es el momento de su ocaso definitivo. De alguna forma lleva una eternidad preparándose para ello.

Ni tan siquiera sabe quiénes son esos nuevos dioses que han lanzado a la jauría tras sus pasos. Dioses modernos, tecnológicos, huecos, sin nada que decir pero poderosos, puede sentirlo.Tienen millones de fanáticos a sus espaldas que harán todo lo que les pidan… O al menos lo harán mientras puedan sentir el maná brotando de esas pantallas de colores a las que entregan sus ilusiones y esperanzas.

No importa, decide, no más huir, no más dolor. Una despedida a la altura de los viejos dioses. Un fogonazo de luz en sus conciencias. Ahora, ahora es el momento, la espada grita y vibra y ella responde con otro aullido, primitivo, lejano, un grito de guerra. Se lanza hacia al frente, ya sin miedo, hacia la batalla, la espada en alto con el filo preparado y el escudo al frente…

Igual, exactamente igual que en todos esos grabados que representan a la diosa Atenea en vasijas y templos y que ahora no son sino vestigios llenos de polvo en los museos.

biblias de neón

17 Replies to “Atenea”

  1. Palas Atenea, la diosa griega más venerada y temida por su poder como guerrera y sabiduría, se dice que el mismo Ares fue incapaz de vencerla,
    Pero los dioses, llega un momento que pierden adeptos, se pasan de moda, como ocurre ahora que siempre damos prioridad a las nuevas tendencias.
    Vivimos en un mundo en el que hay poquísimos apegos, yo creo que ni tiempo tenemos para cultivar una simple amistad. Hoy Atenea, entre nosotros, tenía la batalla perdida, mejor que se haya retirado dignamente y quede en el recuerdo de la mitología griega.
    No te gustará cocinar, pero escribes como los ángeles.
    Cariños.
    kasioles

  2. Me ha gustado mucho… Es como si hubieras trasladado a la diosa hasta nuestros días, librando una batalla que en mi imaginación se hacía real.

    Muy bonito, escribes muy, muy bien.

  3. Son tiempos raros, Kasioles, aunque sospecho que mucha dijo eso en momentos distintos de la historia. Pero es cierto que todo parece ir demasiado prisa, que no tenemos tiempo para asentar una opinión, y no digamos ya una amistad. Saltamos frenéticos de una cosa a la siguiente, sin margen de maniobra intentamos acaparar experiencias, amigos y llenarlo todo de fotos para las redes sociales. Como dices, los viejos dioses ya no tendrían sitio en este mundo. Deben dejar sitio para los nuevos, Dioses de silicio, como los llama Toro Salvaje, me hubiese encantado que se me hubiese ocurrido a mi para ponerlo en el texto 😉 Me alegra que te haya gustado, aunque siempre se diga lo contrario, me costó mucho darle la forma final.

    Los dioses los saben, María del Rosario, ellos mejor que nadie ven venir el final de su tiempo y saben asumirlo. Aunque, Sakkarah, una cosa es asumirlo y otra cosa aceptarlo sin pelear 😉 Muchas gracias !!!

    Jo, gracias, Carmen Troncoso, en estos textos un poco más largos intento poner un ritmo alto y, claro, es un placer que al otro lado de la pantalla os guste.

  4. Gracias por tus letras, me alegra saber que algo que ha salido de mis pucheros te trajese a la memoria tan bellos recuerdos.
    Estoy convencida de que somos lo que somos por todo aquello que hemos vivido, los recuerdos son el pilar donde apoyamos la vida y nos ayudan a continuar un camino por muy pedregoso que se nos presente.
    Cariños.
    Kasioles

    1. Es cierto, no somos más que recuerdos amontonados, en mi caso sin mucho orden. Son olores, sensaciones o lugares que de alguna forma te recuerdan el camino que has recorrido. Gracias por compartirlo.

  5. de pronto te leo y no sé si alguien que haya hecho una canción antes … como los dioses ocultos. podría enmarcar esta historia con esa musica de fondo…

    oh si.
    hay una agrupación que cantaba algo asi.

    Caifanes

  6. Me he sentido diminuta al leer esto, de pensar que Atenea sabía que ya era su final y decide su última lucha.
    Somos tan miedosos que necesitamos aunque sea una piedra para sentirnos fuertes, pero no soporto la idea de que esa piedra tenga miedo.
    Besoss

  7. El nombre de Atenea significa literalmente inteligencia y que es capaz de administrarse; es soñadora cuando lo tiene que ser, y trabajadora encontrando el equilibrio perfecto. Es por ello por lo que suelen ser estupendas líderes de empresa teniendo la capacidad para crear sus propios proyectos.
    …Y al final decidió largarse…

  8. Supongo que en la antigüedad también habría quien no creía en esos dioses. Quizás creían en otros, quizás en ninguno. Como ahora. El caso es que cambiamos. Se supone que evolucionamos. Es igual, el asunto es no estancarse, creo yo.
    ¿Te he dicho últimamente que me alucina cómo escribes y que deberían publicarte? Quizás por eso desaparezco de cuando en cuando, para poder decirte siempre lo que pienso cada vez que leo tus relatos sin repetirme demasiado 😉

  9. No los conocía de nada, Jo, y he aprovechado mientras escribo esto para tenerlos de fondo y suenan bien… Tomo nota del grupo y buscaré las similitudes que comentas… he encontrado la de dioses ocultos y me gusta como quedan, bien visto 🙂

    Si lo piensas bien, Vanessa, no es un mal final, ser capaz de enfrentar aquello que te aterra y decidir el momento de hacerlo. Lo somos, somos muy pequeños, quizás por eso, por lo pequeños que somos, no debemos sentir miedo. Somos demasiado insignificantes para llenar nuestras vidas con el miedo…

    Buen minirelato, MUCHA, incluso las Ateneas que nos rodean a veces deciden que ya no quieren seguir peleando por un mundo que no las reconoce. La huida siempre me ha parecido una opción tan válida como cualquier otra.

    Creo que esa es la clave, chica triste, no tanto avanzar o retroceder como el moverse, no quedarse quieto, ir en alguna dirección y ya veremos si era la buena o la mala. Creo, eso sí, que los dioses antiguos eran más entretenidos y abiertos de mente que los nuevos…

    Y no, no sé si lo me lo has dicho últimamente, pero me encanta que me lo digas 🙂 Y me encanta que vuelvas por aquí, eres como una vocecilla de mi pasado que no quiero que se apague 😉

    1. Es un punto de vista interesante el del legado, supongo que por eso las personas hacemos tantas coas para intentar dejarlas tras nosotros. En el pueblo, en cada pozo, en cada puerta de entrada, siempre ponían sobre el cemento fresco la fecha y el nombre de la persona que hizo alguna reparación. Puede parecer algo vano, pero daba lugar a que preguntases y alguien te contase algo sobre esa persona. Es una forma de no morir, ¿verdad?

  10. Me gusta el tema que has escrito, sobre la Diosa Atenea, tan distinto a como lo haces otras veces, Beauseant, me encanta venir a tu blog y leerte, lo único que sigo sin enterarme cuando publicas, por lo que me alegro que hayas pasado por mi rinconcito.

    Besos.

    1. Es lo malo de tener un sitio de este tipo, que no tengo claro como publicar las, valga la redundancia, publicaciones… Pero da igual, al final nos encontramos, así que gracias.

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