Atardecer

Me preguntaban hace poco a vuelta de correo si había una pequeña historia tras esta foto.

Pregunta con trampa, porque detrás de cada foto siempre hay una historia. Incluso de esas fotos que pasamos sin apenas mirarlas.

Esa de ahí al fondo es la iglesia del pueblo de mi padre. Un pueblo pequeño situado a veinte kilómetros de ninguna parte, y condenado a desaparecer sin hacer ruido, absorbido por esa ambigua modernidad que destruye todo lo que no entiende.

La tapia del fondo pertenece al viejo cementerio. Un cementerio ridículo, plagado de lápidas hacinadas sin orden ni concierto que guardan celosas los cuerpos de personas que, en muchos casos, nunca salieron de los límites del pueblo. Su mundo estaba delimitado por el serpenteante camino hasta el riachuelo del valle donde se lavaba la ropa, y la carretera que llevaba hasta el alto donde se encuentra la iglesia.

Otras personas, como mi padre, huyeron de todo aquello soñando con un futuro mejor. Un país extraño con un idioma que nunca logro dominar, ahorrar el mísero jornal, y regresar de nuevo a fundar una familia. Esa era su meta, y nosotros, sus hijos, el imperfecto resultado de esa empresa.

Nos pasamos media vida levantando altares en los que colocar a nuestros padres con el mismo empeño que pasamos la otra media intentando derribarlos. Aún así sospecho que, incluso con todos sus errores, nuestros padres fueron mejores que nosotros.

A nosotros no nos toco perder una guerra que todos perdieron, no hemos visto a nuestros hijos enfermar de hambre y miseria ni, por supuesto, hemos llorado lágrimas de rabia ante una cosecha destrozada por el granito. Nuestra lucha, decimos, es otra. Somos las víctimas voluntarias de un puñado de sueños que no queremos cumplir, pero que siempre queremos estar a punto de lograr para poder fingir que seguimos vivos.

De alguna forma esa foto me recuerda que, a veces, los sueños sencillos son los mejores.

Y esa es la pequeña foto tras esta pequeña historia…

Ahora ya puedes pasarla sin hacer ruido.

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

19 thoughts on “Atardecer”