a ras de cielo

Las arañas de mi barrio se han comprado por internet un kit para construir su propia libélula. Han invertido mucho esfuerzo en levantar un laberinto de telarañas sobre el que han erigido el precario armazón y parecen entusiasmadas ante la posibilidad de poder volar a lomos de esa primitiva criatura. Veo un clamor de patas motrices que se tensan y bullen de pura excitación mientras ultiman los detalles finales. Corretean, resoplan y se miran con miles de ojos llenos de esperanza.

Las telas que construyen con tanto ahínco tienen más que ver con la escalada, con escapar del abrazo de la gravedad que con el simple alimento. Las han erigido para contemplar las nubes, el sol, las estrellas.. todas esas cosas que nosotros damos por sentadas, que contemplamos sin llegar a ver, y que para ellas son un pequeño milagro.

Si de vez en cuando cae algún insecto en esas redes, bueno, pues tampoco lo van a rechazar, ¿no? –No se puede decir que sean difíciles de ver, ¿verdad?, Ya sabes, los insectos no es que sean muy inteligentes-, añaden con algo que parece un encogimiento de hombros.

Es algo que no sabe todo el mundo: las arañas odian estar pegadas a la tierra. Como tantas otras maldiciones no lo eligieron ellas; sus ancestros retaron a los dioses en la noche de los tiempos y su raza fue condenada desde entonces a arrastrarse a ras de tierra. Son víctimas de algo que ocurrió hace eones y sobre lo que nadie les ha preguntado nunca.

La historia de siempre, la mierda del padre para los hijos, no existe el perdón ni la redención. Puedes pasar toda tu vida intentando convencer al mundo de lo contrario sin conseguirlo. Cuando naces con las cartas marcadas no puedes borrar ciertos estigmas, ellas bien lo saben.

Pero no importa, las arañas no han dejado ni un momento de soñar con las nubes y el viento acariciando sus peludos caparazones.

Con las nubes, el viento y con la venganza… pronto volverán a desafiar a los dioses y esta vez han prometido no fallar.

Vale, tenéis razón. Empiezo a sospechar que quizás las arañas no sean unas criaturas muy de fiar.

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