a dos palmos sobre el suelo

Aquel año sólo llegaron malas nuevas al pueblo. Noticias de una guerra cada vez menos lejana; de nuevos impuestos para honrar al dios de la barbarie que caminaba liberado sobre la tierra. Misivas de alas negras anunciando reclutamientos forzosos, un goteo perpetuo de gloriosos cadáveres envueltos en la bandera que los había enviado a morir.
El día decisivo los vecinos se reunieron en la sala de juntas. Nadie había hablado del asunto por separado, pero todos parecían haber llegado a la misma conclusión: no querían saber nada más del mundo exterior.
Así lo decidieron. Desde ese día el buzón de la plaza, aquel regurgitador de malas noticias, quedó clausurado para siempre y solo sirvió de guarida para un puñado de arañas que, al margen del tiempo, tejían en sus telas fragmentos de las cartas que habían leído a lo largo de los años.
Al alcalde le correspondió la parte más incómoda. Se citó con el cartero a las afueras, donde el camino se pierde entre una confusión de trigales, como quien concierta un duelo o un entierro al que no tiene prisa por llegar. Le entregó una bolsa con monedas y le explicó, sin mirarlo a los ojos, que el pueblo había decidido no admitir más correo, ni buenas noticias ni malas, y que lo sentía pero no había otra forma de decirlo: a partir de ese día su oficio sobraba allí.
Antes de marcharse, el cartero arrojó a los pies del alcalde la bolsa en la que guardaba las cartas. En su interior quedaba una única y solitaria misiva: la primera lección de un curso de levitación por correspondencia.
Y así, todos los vecinos lograron aprender a caminar flotando dos palmos por encima del suelo. Un espectáculo casi mágico, levitaban como coloridos globitos por la plaza mayor, se impulsaban gracilmente por los jardines con un leve movimiento de hombros y se saludaban con la sonrisa cómplice de quienes se saben superiores.
Quién sabe hasta dónde habrían llegado de haber recibido las siguientes lecciones. Quizá habrían aprendido a elevarse por encima de los campanarios, a cruzar montañas o a perderse entre las nubes.
Pero los habitantes del pueblo, gente que se preciaba de su modestia, nunca sintieron curiosidad por averiguarlo. Dos palmos sobre el suelo eran suficientes para sentirse extraordinarios.
El mundo se derrumbaba a su alrededor y ellos ya se consideraban por encima de él.
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22 Comments
Karen M. Paramio
Qué buen pueblo, ese.
Un abrazo (virtual, que no calienta)
Joselu
A veces he hecho un ejercicio de resistencia y me he negado a leer la prensa, ni ver los medios de comunicación durante meses para aislarme del mundo exterior, algo que cada vez es menos posible porque las noticias te llegan por cien lugares diferentes. Una vez, la más feliz, lo logré, en un viaje de tres meses por el sudeste asiático -era 1984-. Permanecí todo ese tiempo totalmente aislado de las noticias del mundo. Levitaba. No había internet ni entendía los periódicos ni veía la televisión indonesia. Era un privilegio que ahora ya no es posible. Viajar ahora es seguir estando en tu casa porque te siguen las noticias en todo momento. Admiro a las gentes de ese pueblo, aislado del exterior, de las noticias de guerra, de las levas, de la violencia que les podría haber llegado, pero me temo que solo es posible en el terreno de la literatura porque la realidad, sucia y maloliente, nos llega por todas partes, y es radicalmente oscura la posibilidad de no vivir en el centro de las noticias, de las malas noticias.
BDEB
Siempre nos han dicho que es importante tener “los pies en el suelo” pero quizás no lo sea tanto, quizás deberíamos levitar como esa gente del pueblo y no recibir noticias de fuera, simplemente dedicarnos a lo nuestro, a los nuestros y flotar…igual nos iría mejor, quién sabe…
Un abrazo querido Beauseant.
José A. García
Dos palmos son suficientes, ya tres son un exceso, y cuatro, pura vanidad.
Saludos,
J.
Citu
Uy pobre. Te mando un beso y te deseo una buena semana.
Toro Salvaje
Siempre he pensado que hay gente que se libra de las tragedias… por mil motivos pero se libran de las guerras mundiales, de catástrofes, de mil desgracias.
Ajenos al mundo loco que los rodea.
La levitación me ha recordado esta película: https://www.filmaffinity.com/es/film902282.html
Beauséant
Parece un lugar tranquilo, Karen M. Paramio, pero no me fiaría, muchas veces guardan un lado oscuro en su interior que no descubres hasta que es demasiado tarde.
Me ha parecido muy distópico ese viaje emprendido, justo, en 1984, el Joselu, casi imagino un relato con esos mimbres. Creo que ahora es, incluso peor, porque es imposible escapar de las noticias pero, además, las redes sociales detectan lo que queremos para darnos sólo, las noticias que queremos leer con nuestros sesgo ya incorporado. Por lo que informarse, informarse de verdad, es casi imposible.
No lo digo con orgullo, no es motivo de orgullo, pero sí he logrado asilarme bastante, apenas veo la televisión, la radio un resumen rápido y, en internet, sólo sigo cosas de fotografía o series, y no tengo redes sociales en el móvil. No he logrado escapar, claro, pero ha bajado mucho el ruido exterior. Mi duda es sí eso es correcto, y de ahí venía el relato, te asilas del mundo, te crees por encima de todo, pero el mundo sigue girando un día aparecerá en los límites del pueblo para arrasarlo todo, te guste o no. Al final, me queda esa duda planteada por BDEB, sobre si es mejor o peor, por un momento puede parece mejor, pero…
Esa frase quedará estupenda en el nuevo escudo que van a grabar en la bandera del pueblo, José A. García 😉
Les irá bien, Citu, al menos les irá bien a los de siempre, claro.
Vaya argumento, Toro Salvaje, no conocía de nada esa película. Hay supervivientes natos, cierto, pero supongo que acaban todos un poco locos, ¿verdad? Sospecho que la película no acaba bien.
miquelcartisano
Cuando vuelvan a pisar de pies a tierra verán lo que es bueno ¡¡¡¡
Cabrónidas
En ese sentido soy algo contradictorio. Por un lado, quiero saber por qué suceden las cosas. Quiero saber la verdad de todo por dolorosa que sea. No me gusta desconocer el motivo de todo lo que ocurre. No me gusta la ignorancia. Pero por otro, cada vez abomino más del mundo adulto y de todo cuanto le rodea. Cada vez siento más rechazo por la raza humana a todos los niveles. En ese estado de contrariedad absoluta, solo tengo que recordar lo afortunado que soy y todo se reajusta.
t&e
Suficiente para lograr una leve felicidad, porque ahí afuera se da demasiada importancia a montonones de ocurrencias sin lasque se puede pasar.
Carlos Perrotti
Sencillamente extraordinario relato… Inspirado, imaginativo y muy original… Te felicito una vez más.
Abrazo hasta allá!!
(Aprovecho para comentarte que -con tu permiso, claro- estarás el 4 de julio en el Gaterío.)
Joiel
¿Es posible vivir sin lenguaje institucional? Sospecho que sí. ¿Y sin cartas que no dicen todo, pero sí suficiente? He ahí mi duda.
Mónica Frau
Están los estúpidos que piensan que matando al mensajero se acaban las malas noticias… y no es metáfora. Lo piensan de verdad… y hasta corren el riesgo de aprender a volar. Muy imaginativo. Me quedo pensando. Un abrazo
Beauséant
Ahí vienen los problemas, miquelcartisano, que no puedes escapar de ciertas cosas. Crees que sí, que has escapado y, justo cuando lo piensas, te atrapa.
Has descrito perfectamente mi problema, Cabrónidas, me fastidia mi ignorancia, me aterra la realidad, ¿para dónde ir? Claro, podemos pensar que somos afortunados, en mi caso es cierto, pero eso, pensar que siempre hay alguien peor, cierra toda crítica, ¿no te parece? Vives en el mejor sistema posible, no te quejes. Contradicciones, todo son contradicciones.
Una leve felicidad ya es mucho, t&e, de todas las ocurrencias que salen cada semana, pocas lo logran.
Muchas gracias, Carlos Perrotti, me gusta recurrir a ciertas ideas un poco absurdas para explicar la, también absurda, realidad que nos rodea. Un placer, siempre, estar en la gatera.
Poder, se puede, Joiel, pero me temo que forman parte de la vida en sociedad. ¿Por qué los humanos vivimos en sociedades?, ¿por qué permitimos que unos ejerzan el poder? Esa especie de contrato que hemos firmado es lo que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar y, para lograrlo, se necesitan reglas, en muchos casos absurdas. Es como el ejército, ¿no?, los cantos, los uniformes, el entrenamiento, todo sirve para que hagas piña, para que sientas que has encontrado tu tribu con la comportes cosas absurdas.
Esa era un poco la intención de la historia, Mónica Frau, metes la cabeza bajo la almohada, apagas la radio y dices, ya esta, estoy a salvo del mundo. Y, claro, el mundo te acabará encontrando y sacando a rastras de la cama para que te enfrentes a él, por mucho que creas que puedes volar.
Alfred Comerma Prat
Qué bueno y qué fácil poner a todo el pueblo en una burbuja de felicidad, lejos de la hostilidad del mundo exterior.
Beauséant
Esa es la palabra, Alfred Comerma Prat, burbuja.. y ya sabem os lo que pasa con ellas, ¿verdad? que un día llega alguien y, adiós burbuja. Muchas gracias!!
evavill
Me ha encantado el relato.
¿Dónde podría encontrar un curso de levitación? Yo también quiero!!
Muy bien escrito, además.
Beauséant
No venía con remitente, evavill, por eso se lo quedó todo el pueblo. Supongo que hay ciertas cosas que aparecen sin avisar y nunca tienes claro si son una bendición o una maldición.
Mento
En verano pese a que estallan los termómetros donde vivo… siempre estoy flotando. Paso horas y horas flotando en el agua en mi pequeño mundo de cuatro metros cuadrados de plástico. No llega a ser ni una piscina de obra… Pero yo floto igual que en mar abierto y se está tan bien, que me olvido hasta de mi 😉
Beauséant
Es bueno tener una pequeña burbuja de aire cuando el mundo real nos asfixia, pero ten cuidado: el mundo real siempre encontrará la forma de entrar ahí para desordenarlo todo.
Dalianegra
Yo quiero vivir allí.***
Beauséant
Podemos intentarlo, Dalianegra, incluso puede que lo logremos durante un instante, pero la gravedad siempre nos acabará atrapando, me temo…