últimas vacaciones en el pueblo
Cada visita al pueblo es como contemplar un truco de magia con un decepcionante final en el que las casas desaparecen una a una, sin dejar más rastro de su presencia que un descampado de flores marchitas. El pueblo va desvaneciéndose, retrocede poco a poco como un ejército de fantasmas que arrastra consigo los sueños de generaciones enteras; sueños ganados en una larga pelea contra un tiempo que siempre acaba imponiendo su voluntad.
Regreso a casa de mi madre que me aguarda agazapada en silencio, a oscuras como un animal herido. Desde que ella se quedó sola en este caserón de geometría imposible, la oscuridad se ha vuelto más opresiva, se ha convertido en una criatura con voluntad propia, empeñada en ocupar todo el espacio, en asfixiarnos con su sola presencia sobre nuestros días.

Me quito las zapatillas en el recibidor y dejo las llaves junto a la jaula. Dentro, el guardián de las sombras, una teofanía indescifrable con aspecto de periquito, ladea la cabeza y me observa. Su mirada inteligente parece señalar la cerradura con insistencia. No puedo darte lo que pides, me disculpo, y acerco a los barrotes algunas pipas como una ofrenda que recibe con dignidad y sin dejar de mirarme.

En el salón, mi madre me espera. Con el dramatismo de la actriz que nunca fue, deja caer la cafetera sobre la mesa con un golpe seco. Su mirada es feroz, siempre tuvieron un carácter terribles las mujeres de mi familia. Coloca una sola taza junto a la cafetera italiana para dejar claro que no piensa acompañarme en nuestro viejo ritual del café compartido.
Sigue enfadada conmigo, ¿cómo culparla? Me he convertido en el mensajero de las malas noticias en una vida donde ya no hay lugar para la alegría. Se sienta en el sofá, muy digna, como le enseñaron en el colegio de monjas, y nos observamos como dos adversarios desde las esquinas opuestas de un ring.
A sus espaldas, la estantería casi desnuda es testigo del combate silencioso. Unas cajas con destino incierto guardan ya su contenido: un puñado de fotos, facturas, discos, llaves que ya no abren puertas… El rastro de nuestros días, un jeroglífico íntimo que nadie se molestará en descifrar.

Cuando vuelvo a sacar el tema del viaje, frunce el ceño y se alisa la falda con un gesto automático. Todavía no puedo irme, no me he despedido de los míos, dice inamovible. Pero, mamá, ¿despedirte de quién?, aquí ya no queda nadie , insisto, con una suavidad que no siento. Lo que queda de nuestra familia se encuentra en el cementerio. Añado sin pensarlo, aunque me arrepiento nada más convertir en sonido el pensamiento.
Ella levanta la vista del suelo y me mira por primera vez sin ferocidad, casi con lástima. A los que se van se les dice adiós. A los que se quedan, se les hace compañía.

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19 Comments
Kansas
Las fotos de manos son una debilidad, en cine también siempre me llaman la atención los planos de las manos. Revelan mucho o todo. Y por otra parte, esta ha sido iuna entrada tuya especialmente conmovedora, muy universal y es fácil identificarse. Estupenda
t&e
Y poco a poco así se van quedando esos pueblitos vacíos. Solo se puede ver, pero eso sí fugazmente algo de lo que fue hace un tiempo reflejado en esas pupilas, pero como digo, una milésima de segundo. Luego ya, el vacío más absoluto y la soledad más imponente.
BDEB
Nuestros mayores se aferran a seguir ahí, en esos lugares que tanto les dieron, su vida para ellos sigue allí y es curioso porque incluso cuando se trasladaron a las ciudades para vivir allí, de mayores quieren volver a esos pueblos.
Hoy emocionas con esas palabras querido Beauseant, no sabes cuanto y las imágenes… si tengo que elegir una, me quedo con esas manos.
Maravillosa entrada, un fuerte abrazo.
Maria
Es triste volver a los pueblos que visitábamos de niños. Yo solía ir al pueblo de mis abuelos, a pasar los veranos, y recuerdo la alegría y vida que había en ellos, me pasaba el día jugando en la calle con mis amigas, y cuando llegaba la siesta, me ponía a jugar en el corral hasta la hora de salir otra vez a la calle. Eran otros tiempos, en los que los pueblos tenían mucha vida, la gente dejaba las puertas abiertas, y no había malicia. Las vecinas se sentaban a la puerta a charlar. Y ahora al volver a ellos da una angustia terrible, las calles vacías, las casas desahitadas y cayéndose, es desolador, ver cómo han ido desapareciendo los mayores, y los jóvenes se han ido de los pueblos. Cuando te iba leyendo me has trasladado a ese pueblo que tanto me gustaba ir de niña, y ahora… ahora me produce tanta tristeza volver a pisar allí que no he vuelto a ir. Gracias por esta entrada tan entrañable que toca el corazón con preciosas imágenes.
Un abrazo.
carlos
Demoledor, amigo, me llegó hondo, seguramente por alguna identificación… Es lo que nos hace el tiempo. Termina poniéndonos en nuestro lugar. Queramos o no.
Abrazo sin sombrero!!
Miquel Cartisano
Me ha gustado mucho. En las narraciones no hace falta poner excesivos detalles, con pocos uno ya se hace a la idea. Como en las casa japonesas, minimalistas.
las manos lo demuestran todo. Son de persona muy trabajadora y ya llevan sus años a las espaldas.
La frase final es demoledora: A los que se van se les dice adiós. A los que se quedan, se les hace compañía.
Salut
Beauséant
Muchas gracias por tus siempre amables palabras, Kansas, las manos son la mejor forma de hacer un retrato a una persona, ¿no te parece? No saben mentir, las de la foto iban por libre, nada que ver con su dueña.
Es descorazonador, t&e, son pueblos, muchas veces, cerca de ciudades grandes, pero no queda nada en ellos. Lo máximo que pueden aspirar a que alguien haga un montón de edificios enormes en medio de la nada para servir de barriada.
Muchas gracias, BDEB, me alegra mucho tocar un tema tan universal y encontrar personas que han pasado, o pensado, lo mismo. He visto muchas personas mayores gastar pequeñas fortunas en mantener o levantar casas en medio de todas las ruinas de lo que fue un pueblo. Buscan aferrarse a esos momentos que, quizás, sólo existen en su imaginación. Los que nacimos en una ciudad, ¿dónde iremos?, hay algún lugar por el que sintamos arraigo?.. Es extraño lo que hacen las ciudades con lo que somos, nos deshumanizan, al menos es la sensación que me dan.
Lo recuero, Maria, casi parece que todos los pueblos conservaban eso, ¿verdad? La puerta siempre abierta, estabas en cualquier lado y alguien daba dos golpes y pasaba sin preguntar.. a veces hasta pasaba el burro del vecino, un burro de verdad, el pobre vecino era un santo. El animal pasaba a saludar, recibir alguna caricia, formaba parte de aquello… parece ya casi ciencia ficción que eso existiese.
El tiempo nos pone en algún lugar, carlos, eso seguro, a veces me siento como una figurita china que el tiempo no tiene claro donde ponerme, por eso me siento fuera de lugar tan a menudo. Pero, no pasa nada, el tiempo me encontrará un lugar, eso seguro. Un abrazo.
No siempre lo logro, Miquel Cartisano, pero, para mi, escribir y hacer fotografías, es más un trabajo de quitar que de poner. Casi todo lo que escribo era, en su origen, algo más extenso. Más descripciones, más lugares, luego hago limpieza, no hace falta describir, un golpe en la mesa con la cafetera y una taza solitaria ya lo dicen todo… Me alegra que lo veas así… un abrazo
Citu
Es un triste relato es duro cuando la familia se queda cada vez más corta y la soledad se hace más grande. Te mando un beso.
Mento
Lo malo es que ya, casi nadie cuida de nadie…
Toro Salvaje
En apenas unas pocas décadas pueblos vibrantes que conocí se han convertido en pueblos fantasmas.
Quedan los que se resisten a abandonar lo que fue sus vidas… yo los comprendo.
A dónde vas a cierta edad?
Mi abuelo al final fue repartido cada tres meses entre sus hijos… casa nueva cada trimestre… cuando empezaba a habituarse, nuevo cambio…
Eso es una tortura para alguien que brilló en su vida, que decidía, que mandaba…
Qué mal todo…
Gabi C S
Walla… vaya frase… esta es tu madre, no? La que era de contraespionaje, no?
Lo ha confesado?
A los viejos se les hace muy vuelta arriba los cambios. En su casa hace lo que quiere. En la tuya tendrá que pedir permiso.
Abrazooo
PD. Ahora te has puesto a escribir entrasemana?
Etienne
Han cambiado las personas, sus ideas y sus acciones y por ende, los lugares que transitan y habitan y lo que hacen en ellos. La gente de más edad acostumbrada a otra velocidad, se aferra más a ciertas cosas que las nuevas generaciones que viven velozmente. Los pueblos de a poco se irán apagando en lenta agonía y quedarán tachonados de historias y sombras.
Por lo mismo, es muy difícil que coordinen, que haya sincronía y empatía entre la forma de pensar de una y otra generación.
Beauséant
Un gran resumen, Citu, la familia cada vez más corta, y la soledad cada vez más grande.. familia, amigos, todo se hace más pequeño con el tiempo.
Es algo aterrado, Mento, el aumento del individualismo feroz. No somos conscientes de lo poquita cosa que somos, nos creemos que estamos ahí arriba, comiendo en la mesa de los poderosos y no nos unimos, ni somos capaces de ayudarnos.
No hay una solución buena, Toro Salvaje, los que se quedan, están mal de salud, no tienen coche ni forma de ir a parte alguna, dependen casi de la caridad de los vecinos. Los que se marchan a una residencia, se van a un almacén de ancianos, y los que van de casa en casa rompen las familias y se rompen a sí mismos. Un amigo mio le tocaba dormir tres meses en el sofá del comer porque “venía el abuelo” que, encima, tenía demencia. Un piso pequeño, otra hermana… ¿te imaginas?
Mi madre puede confesarte una cosa y la contraria, Gabi C S, así es como las enseñan, ni mienten ni dicen la verdad 😉 Es una historia genérica, en realidad, una historia que he visto muchas veces. Me hubiese gustado hacer más fotos de ese pueblo, pero hace años que no quiero volver, da pena ver como todo se hunde.
Sigo fiel a escribir los domingos, pero cuando acumulo muchas cosas en borradores, les voy dando salida los miércoles, hay semanas que el cuerpo pide escribir más.
Falta de sincronización, así es, Etienne y, sobre todo, de empatia. Creo que nos cuesta aceptar ciertas cosas y el ritmo de nuestras vidas tampoco ayuda, ¿verdad? Sospecho que los pueblos sólo pueden aspirar a desaparecer, convertirse en barriadas de alguna ciudad, o ser ciudades muertas a la espera del verano.
ConejoOdiaGuordpres
Me llegó la entrada, sobre todo no teniendo familia, sólo 3 huespedes de hostal, no hay recuerdos, no hay pasado y no sé lo que digo, estoy medio adormilado.
Angeles
Toda mi familia es urbana, y echo de menos ese pueblo que nunca he tenido. Parece que me falta algo que los demás sí tienen.
El texto es excelente, y las fotos, preciosas.
Saludos.
Fackel
Magnífico corolario ha puesto tu madre (Me ha gustado mucho el texto)
MJ
¡Qué tristeza que los pueblos desaparezcan! Tienen tantas cosas que contar, me resisto a creer que perderemos esa memoria, esas historias. No somos conscientes de cuánto las necesitamos.
Hay un refrán que dice “Pueblo chico, infierno grande” y se refiere a esa clase de cotilleos que corrían por los pueblos y que hacían daño y que podían destruir a una persona.
De las dos versiones de pueblo: el que tiene tantas historias y sabiduría que nadie quiere escuchar y el de destruir las reputaciones, por supuesto, me quedo con el primero.
Me da mucha pena esa historia tantas veces repetida de los pueblos que se quedan vacíos, de los ancianos a los que nadie escucha, de los que intentan resistir y mantener su casa en buenas condiciones. No deberíamos permitir que todo eso se perdiera.
Los que vivimos en zonas turísticas queremos algo de esa tranquilidad, pero sin edificios en ruinas y sin soledad de la mala. A nosotros, cuando nos quejamos de la masificación, del precio la vivienda… nuestro alcalde nos manda a que nos vayamos a vivir a un pueblo y dejemos la ciudad para los turistas… ¿A dónde vamos los que no tenemos pueblo al que regresar y nos quieren echar de nuestra ciudad para convertirla en parque temático?
Estupendo texto y fotografías. Te toca el corazón.
MJ
Beauséant
Pues, te he entendido muy bien, ConejoOdiaGuordpres, una parte de mi familia tuvo un hotel, nunca tuvieron mucho arraigo quizás porque los hoteles sea siempre algo temporal.
Tener un pueblo, de alguna manera, Angeles, te ancla, te da un punto de retorno, como si hubieses salvado la partida. Es una tontería, claro, porque en el fondo nunca vas a volver a ese pueblo, pero tienes la posibilidad, y eso ya es mucho. Muchas gracias.
Algunas madres, Fackel, hablan poco, pero cuando hablan, clavan las palabras con tornillo 😉
Incluso, MJ, teniendo un pueblo, ¿a dónde regresar? Si los pueblos los han convertido en nada, si algunos no tienen ni bar. No hablemos ya de oportunidades de trabajo o de poner algún tipo de comercio. Nos amontonamos en la periferia de las grandes ciudades, convertidas como dices, en parques temáticos. Seremos como los trabajadores de Disney, van a trabajar por la mañana para los turistas y por la noche regresan a ciudades anónimas, sin vida ni alma.
Los pueblos no son ideales, claro, no hace mucho hablaba de esa otra vertiente: https://www.elartistadelalambre.net/flores-negras/ Pueden ser lugares opresivos. Amigos homosexuales tuvieron que salir corriendo, mujeres que no soportaban su matrimonio.. el pueblo es opresivo a veces, no conviene idealizarlos, cierto.
Gracias por tus amables palabras.
gregg hawes
Hola ,
Veo su sitio web https://www.elartistadelalambre.net y es increíble. Me pregunto si las opciones de publicidad como publicación de invitados o contenido de anuncios están disponibles en su sitio.
¿Cuál es el precio si queremos anunciarnos en su sitio?
Nota: el artículo no debe tener ninguna marca como patrocinado o publicitario.
Salud
gregg hawes