trenes a los que nunca subimos

trenes a los que nunca subimos

Todos nuestros sueños eran pequeños y manejables. Como si ya entonces nos diese miedo pedir demasiado a una vida que, incluso desde nuestra recién terminada adolescencia, era fácil sospechar que no sería gran cosa. Como casi todas las vidas, cierto, pero eso es algo que lleva mucho tiempo admitir. Toda una vida en concreto.

Y esa vida se nos fue llenado de trenes a los que nunca subimos. Los vimos pasar desde el andén y les dijimos adiós con el pañuelo mientras no dejábamos de soñar en cómo habría sido estar en ellos. Vendrían otros trenes, nos decíamos para darnos ánimos, para no tener que pensar, para… Qué huecas y tristes me suenan ahora esas palabras.

Algo de sexo los fines de semana, con cariño pero sin demasiados fuegos de artificio. Un trabajo de sentarse a ver pasar números tras la pantalla y poco más… aquellas vacaciones en Costa Rica, el pequeño deportivo de tracción trasera. Cosas nimias, manejables, con etiquetas bien colocadas indicando su contenido. No agitar, no volcar, no olvidéis las fechas de caducidad.

Ya entonces nos comportábamos como una pareja que llevaba demasiado tiempo atascada en vía muerta. Una vida sin preguntas complicadas, un dulce dejarse llevar que quizás sea la consecuencia inevitable de todas las vidas felices si logras acostumbrarte. Empiezo a sospechar que ese es el truco a la vez que la condena, lo que te ahoga mientras te salva… acostumbrarse.

Y así se nos fue el tiempo, el poco tiempo que en verdad teníamos, viajando en trenes a los que nunca subimos.

16 Replies to “trenes a los que nunca subimos”

  1. A veces es mejor quedarse en vía muerta que subirse a cualquier tren. Lo deseable sería subirse a todos los trenes, pero la vida está hecha de opciones.

  2. La emoción de subirse a trenes desconocidos es que te reta a responder, para bien o para mal y de súbito reparas, te das cuenta que lo bueno y lo malo, no esta en dudar, esta en no hacer nada y dejar pasar el tiempo, como si pudiéramos devolvernos, pero no hay vuelta, solo pasaje de ida. Nunca es tarde para aventurar!

  3. Qué profundo tu escrito… y que cierto, así se nos fue el tiempo…

    Y si no los hubiéramos dejado pasar? Quizá una vida bastante complicada, pero llena de emociones…

    Creo que es peor dejar pasar los trenes, porque siempre nos quedará el pesar de no haber hecho todo lo que hemos podido hacer.

    Muchos besos, un placer leerte.

  4. Me ha gustado mucho el texto, haces observaciones muy interesantes.
    Creo que cuando nos decantamos por algo -salvo que sean decisiones que nos vienen impuestas por las circunstancias- es porque en ese momento pensamos que es lo que conviene hacer. Por eso yo no lamento los trenes que dejé pasar: esos viajes, en esos momentos, no eran realmente para mí.
    También creo que , a veces, acostumbrarse, o mejor, adaptarse a lo que hay si no está en nuestra manos cambiarlo, es una actitud sensata, de pura superviviencia psicológica.
    Un saludo.

  5. Así es, doctorvitamorte, pero es tan humano y tan comprensible desear siempre las cosas que no se hicieron… Por eso, muchas veces, subimos sin hacernos preguntas, Carmen Troncoso Baeza, cerramos los ojos y nos subimos a lo primero que pase en, como dices, lo que no deja de ser un viaje sólo de ida.

    Tomar los trenes cuando sólo conoces el destino es una actitud muy sabia, MUCHA, el problema, creo, es que el servicio de trenes no suele informar muy bien. Pasan trenes y no puedes preguntar a nadie por el destino, los horarios son un desastre y al final, bueno, al final o no subes a ninguno o simplemente confías en un desconocido que te promete, te asegura que ese tren es el bueno y que verás cosas maravillosas.

    Creo que esa es la clave, Toro Salvaje, la persona que toma las decisiones, una vez tomadas, ya no es la misma persona. Intentar volver atrás es imposible por muchos motivos, pero sobre todo porque lo harían dos personas distintas. La de inicio y la del final.

    Muchas gracias, sakkarah, lo decían en la película de Blade runner, creo, la luz que brilla con el doble de intensidad lo hace la mitad de tiempo. Las vidas vividas deprisa suelen ser vidas cortas, dejan una llamarada de gran intensidad tras de sí, pero pronto se acaba. La mayoría optamos por vidas más tranquilas, apostamos a la duración en vez de al brillo… Nadie nos puede asegurar que una cosa sea mejor que la otra.

    Gracia, Ángeles, a veces los textos salen así, de amontonar muchas cosas unas encima de otras. Aunque ahí reniego de eso, del acostumbrarse, sí estoy de acuerdo contigo en que es un mecanismo de supervivencia eficaz. Siempre que se haga en su justa medida, a veces conviene buscar cosas que no existen o se encuentran fuera de nuestro alcance sólo por eso, porque nos impulsan, nos hacen movernos.

  6. Creo que casi todos tenemos un tren al que no subimos en su momento…pero la vida es ir tomando opciones…
    A veces arriesgamos y nos sale bien y otras mal,lo que está claro es que el tiempo pasa y nosotros vamos evolucionando y no somos los mismos que estaban en aquellos andenes.

  7. A veces vi pasar ante mi muchos trends y junto con ellos miradas de lástima o advertencias sobre todo de gente mayor o “experimentada” pero supongo que uno se deja llevar mas por conviccion o untuición. Quizá no sea lo mas sabio o lo menos conveniente.
    Dwspués de pasados muchos años creo que uno se arriesga mas
    Es quizá mejor no tener nada que perder al final que quedarse connlas ganas pero eso lo decides tu

  8. Suenan en mi cabeza “El tren que nunca cogimos” de M-Clan (bueno, de Lapido, escrita para ellos ;-)) y “Nowhere Fast” de The Smiths.
    Me ha encantado. Ya sé que lo digo mucho, casi siempre, pero este texto me ha tocado fibras, supongo. Aunque a veces pienso que nos creemos que la vida debería ser mucho más de lo que es y en realidad la felicidad está en las pequeñas cosas, en las costumbres, en lo que nos parece falto de glamour pero en el fondo nos vale. Supongo que en mis días más grises pienso que la vida va de no ser infeliz, que eso basta, que eso ya es mucho.
    Desvarío.
    Un texto precioso, como siempre. Felicidades.

  9. No sé.. aquí, entre tú y yo… me resulta cansina la gente que se lamenta a menudo de los trenes que no cogió (casi prefiero a tus protagonistas, que probablemente ni siquiera son conscientes de que están pasando trenes)
    Todos nos arrepentimos de no haber hecho determinadas cosas en la vida (o de haberlas hecho mal) pero, joder, al final, entre los trenes que no cogemos y el tiempo que pasamos después lamentando no haberlo hecho… se nos va la vida sin estar presentes ni un solo segundo en lo que ocurre aquí y ahora.

    Y en otro orden de cosas… qué bien escribe, oiga. O mejor dicho, qué bien transmite 😉

  10. Esa es la clave, Carmen, las decisiones nos cambian, nos aportan una información que no tuvimos en su momento. La persona que no toma el tren no es la misma que lo que lo tomo, de nada sirve lamentarse por ello. Esa es la postura racional, pero claro, ¿quién es siempre racional?

    La gente “experimentada”, Jo, siempre me parece un poco sospechosa. Nunca me queda claro si de verdad saben algo o creen que saben o se inventan las cosas. Sí, mejor fallar o acertar por uno mismo.

    Muchas gracias, La chica triste de la parada de autobús, sabía que había una canción sobre trenes sonando en mi cabeza al escribir el texto, y no acababa de dar con la tecla 🙂 Y sí, era esa, la tengo ahora mismo de fondo mientras escribo esto, gracias por la referencia, me encanta. Mi teoría es que en esta vida debemos tener claro lo que no queremos más que lo que queremos. A partir de ahí te vas “trabajando”, construyendo, si lo prefieres. No quiero grandes victorias, a veces me sirve con un empate.

    Sabía perfectamente, Stand By, cuál sería tu opinión sobre este tema, y sabría que lo dirías con sinceridad (como siempre) . ¿La verdad?, no lo tengo claro, he pasado por muchas fases en mi vida, la de las lamentaciones por las cosas no hechas, la de culpar a cualquiera de mis problemas, a cualquiera que no fuese yo, faltaría más.. Supongo que ahora mismo estoy en la fase de deja de quejarte y muévete o cállate… Pero, no sé, me apetecía construir ese texto, a veces, eso no he podido arreglarlo, me dejo llevar por la nostalgia y la libreta es el rincón perfecto para darle su espacio… Muchas gracias por estar ahí, siempre.

  11. Me alegró retroceder y ver esta entrada.

    Ese es el precio de la zona de confort. Es seguro, es predecible, es estable y sin complicaciones; “manejable”, pero sin motivación ni incentivos reales. Algo se pierde en la costumbre, en esa rutina que no quieres dejar ir, pues los riesgos y lo nuevo, son demasiada energía invertida… Algunos son felices así y otros se vacían. Es cosa de perspectiva, de escuchar los deseos individuales y de la dinámica que tenga la pareja. Es cosa de amoldarse, de tener altura de mira y ser honestos con lo que se quiere en verdad.

    La estabilidad está bien, enamorarse cada día de la misma persona, pero dándole la bienvenida a vientos aventureros, que traigan de nuevo la magia.

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