leer,  mirar,  otra vida

softbox

El verano del año 95 fue el verano donde descubrí que nunca sería Fotógrafo. Quizás, con mucho empeño y fuerza de voluntad, podría ser fotógrafo, pero nunca Fotógrafo, con letras de molde y una pequeña nota al pie en la página 54 de los libros de arte.

Aquella noticia no me entristeció tanto como imaginaba. Sospecho que por aquel entonces ya había dejado de lado mi histrionismo adolescente, y empezaba a intuir que la vida así, en resumen, era como esos juegos infantiles donde lanzas un montón de piezas de diferentes colores y tamaños por un plano inclinado. Las piezas bajan rodando con inconsciente alegría y pasan por huecos, a veces de su forma y tamaño, otros muy grandes o muy pequeños hasta que, a base de meneos y golpes, acabas encontrando un sitio que no es ni de lejos el soñado, pero que al menos te deja esa estúpida sensación de libertad bajo fianza.

Una libertad ficticia que nunca será tuya. Y como moraleja una conclusión inevitable: lo importante en esta vida es tener muy claro lo que no quieres ser para que cuando, en un futuro no muy lejano, lo seas, no te quede duda alguna de que has fracasado.

Casi puedo ver una sonrisa cínica pintada en tu boca pensando que nada de esto va contigo.

De acuerdo, deja de leer por un instante. Mira a la derecha, hacia la persona con quien compartes tu vida y obsérvala con los ojos del tipo que fuiste. Piensa en los hijos que llegaron, o no. El mundo que soñabas hace 20 años y el mundo que, te guste o no, has contribuido a crear.

¿Eres rico?, ¿eres famoso?
¿Eres feliz?

Efectivamente, a eso me refería.

Pero no todo fueron malas noticias ese verano. También descubrí que la iluminación en las buenas fotografías era aquella que estaba pero no aparecía por ningún lado. Mi tutor, claro, no pensaba lo mismo. Mis Evans, Avedon, Sander o Lange eran para él colosos que caminaban a hombros de gigantes, pero todos ellos polvo y olvido. Nombres muertos, me decía al mostrarme fotografías técnicamente impecables de modelos imposibles sonriendo felices mientras la luz del flash las destacaba nítidamente del fondo. Que se note o no la iluminación es lo de menos. Lo importante es que nada de lo que hagas sea hija de la casualidad, sino parte de un proceso de búsqueda para responder a todas esas preguntas que laten en tu interior y para las que no encuentras respuesta. Llámalo estilo si te apetece.

Esa era su teoría, y era complicado no estar de acuerdo con ella.

Desde entonces decidí que el flash debía estar fuera de la cámara y su luz rebotada en algún sitio. Incluso me hice con una ridícula sombrilla que funciona mejor de lo esperado para la fotografía macro.

El (pen)último intento es usar una softbox:

aft

Este invento, sin ser una maravilla, hace que las sombras pierdan su fuerza de agujeros negros, logrando que la luz decaiga con suavidad al cruzarlas. También evita muchos reflejos incómodos, y lo hace sin grandes alardes: lo justo para facilitar el procesado final.

aftaft

Verano del 95, primavera del 2011.
Sería bonito pensar que tenemos todo el tiempo del mundo, ¿verdad?. Que el tiempo es un gato jugando al sol con una madeja entre las garras y no esa fiera de ojos rasgados que nos recorta un palmo de terreno con cada día que pasa.

12 Comments

  • virgi

    Caramba, tampoco hacía falta que nos sacaras los trapos sucios que tenemos todos…en fin, te lo perdono, por lo bien que lo haces.
    Y encima te envío besos!

  • Merce (Filoabpuerto)

    Me ha gustado mucho, Beauséant tu fotografía de un “No-Fotógrafo”.

    Muchos nos quedamos bobalicones con la imagen del que aparece en la foto pero lo misterioso y excitante es la mirada del que está tomando esa imagen.

    si tuviera que hacer una foto de mi vida cuidaría mucho esas sombras:Ya que existen, al menos me complace que no aparezcan densas, hirientes, en la fotografía… buena cosa eso del softbox!

    Saluditos

    Merce

  • Beauséant

    Roba, roba Cosechadel66, si luego te haces millonario ya haremos cuentas…

    Me alegra que sepas perdonar, virgi . Supongo que todos tenemos un armario lleno de cosas que preferimos ignorar, pero es bueno, de vez en cuando airearlo un poco, ¿no?

    Si lo sería, Billy. Pero no sólo han dejado de humear, es que muchas veces escarbamos en ellas intentando ver si podemos apurar alguna. Y, al menos en mi caso, creo que no hay nada más distinto que esos dos mundos, Vanessa Quizás porque puse el listón muy alto, no lo sé.. Pero gracias, de verdad, por poner una palabra tan bonita en negrita.

    Ya sabes, Isa, en las historias siempre debes retomar la atención del lector en el medio de la página. O algo así decía uno de esos tipos de escritura creativa. Grande, grande y emotiva, la banda sonora que has elegido. No importa el tiempo que pase, lo que haga o conozca, siempre me ponen los pelos de punta.

    Resignarse, Paz no es tan malo como dicen. Es sólo rendirse a uno mismo.

    Esa era la idea, Merce Suavizar esas sombras tan densas que empastan la fotografía y son imposibles de eliminar sin estropear la foto, pero no eliminarlas del todo. El volumen, la forma de una fotografía se logra con las sombras exactas en el lugar preciso.

  • Adolfo Morales

    Hola Beauséant, estoy en parte de acuerdo, no es mi caso, pero hay verdaderos especialistas en esto de la luz y saber tratar con delicadeza los artilugios es solo parte de la clave en esto de la fotografía. Según yo lo veo, hay tres clases de fotógrafos: los técnicos sin ángel, los artistas sin técnica y los técnicos artistas. Y… la casualidad, es un camino que a veces le da la mano a la creación, una cosa conduce a otra, una inventa otra, una luz genera otra. Es complicado, pero todo responde a un estilo personal, y eso es lo que todos buscamos, cuándo vemos cualquier “trabajo”, lo que nos interesa es el alma que anida por ahí. Saludos.

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