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las vacaciones

La Muerte se ha tomado los días de vacaciones que le quedaban del año anterior, más dos concedidos por sus jefes en atención a su rendimiento excepcional.

Mientras tanto, para el resto de los mortales, se ha abierto una tregua inesperada. Es tiempo de probar lo que siempre hemos aplazado: el vértigo de caer de un octavo piso, la sensación de pasear desnudos por la jaula de los leones. Todas esas pequeñas emociones que nuestro sentido común siempre anda ahogando en la bañera de la racionalidad.

Volverá pronto. Adora su trabajo y el mundo de los vivos ya no le pertenece. Lo ha comprobado al emplear sus vacaciones en regresar a los lugares de su infancia, sólo para descubrir que allí no queda nada para ella.

El puerto donde paseaba con su padre no es el que recordaba. El museo ya no dice nada, esculturas huecas, pinturas mudas. El parque de atracciones sigue en pie para su sorpresa, pero despojado de toda magia: edificios tristes y vencidos, olor a aceite, sudor y comida caducada.

En la cola de las atracciones escucha a los niños gritar, excitados de azúcar, y a los padres agotados, con la mirada rendida. De manera inconsciente aprieta la mano donde suele llevar su fiel guadaña y hoy sólo encuentra la cuerda de un globo rojo.

A la salida se lo entrega a una niña de ojos dorados que la observa con espanto, sólo los niños parecen capaces de ver su verdadero rostro. El globo tira hacia el cielo. La niña lo sujeta con fuerza antes de subir al coche. Los padres parecen estar ya en otro lado, pensando en sus vidas de adulto, en la comida sin hacer, en la casa sin recoger, en las facturas sin pagar.

Esos ojos color trigo de la niña, la Muerte no puede dejar de pensar en ellos mientras ve partir el vehículo. Despiertan un recuerdo, una interferencia incómoda que dibuja imágenes en su cabeza: un vestido rojo, una niña que ríe mientras señala y corre hacía un punto indefinido del horizonte. ¿De dónde habrán salido esos restos de humanidad?

La Muerte mueve la cabeza tratando de alejar esos pensamientos que no llevan a ningún lado.

Observa cómo el vehículo se aleja. Nadie se ha puesto el cinturón de seguridad.

Sonríe.

Ya tenía ganas de volver al trabajo.


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