leer,  mirar,  otra vida

la diosa de la sabiduría conoce mi nombre

Servicios cifrados, redes virtuales, accesos tor en cada nodo del sistema. Cualquier cosa que necesites para evitar miradas indiscretas sobre tus cosas. De quiénes sean esas miradas o lo que sean esas cosas nunca son asunto mio, ese el lema de mi negocio. Todo configurado con contraseñas aleatorias que nunca recuerdo y con parámetros que no apunto en parte alguna. Una vez que todo funciona desaparezco, ese es mi mejor truco de magia.

Siempre es dinero en negro, me lo tiran por encima de mesas grasientas en garitos de mala muerte tipos que intentan quedar bien dentro de un traje. Me miran con curiosidad felina, me analizan con un punto de desprecio. Me retan a que cuente el dinero del sobre, que les de un motivo para el enfado.

Nunca lo hago. Sopeso el sobre en mi mano, doy un par de golpes en la mesa con él y lo guardo en la mochila con mi mejor sonrisa. Esa sonrisa es lo último que reciben siempre de mi.

Soy bueno en mi trabajo, al final lo he comprendido. He cambiado de habitat y subido como un depredador por la cadena alimentaria. A mi alrededor ahora surgen tipos elegantes con bronceados tropicales en despachos de abogados del centro. Todo es lujo y glamour, pero los sobres siguen siendo idénticos. Esos tipos huelen mejor, nunca se manchan las manos y son los que más miedo me dan.

Siempre tengo miedo, constantemente. Es una sensación porosa que no deja de vibrar en el nadir de mi existencia. Eso es bueno, me digo, eso es que no confías en nadie. No lo hagas nunca.

Me gusta el dinero, es la conclusión inevitable. Nunca me pregunto lo que se oculta con ese dinero. O lo hago yo o encontrarán a otro que lo haga, esa es la excusa que pongo encima de la mesa para seguir haciéndolo.

He visto a muchos de mis clientes en la televisión, caras tapadas con una carpeta o una chaqueta a la salida del juzgado mientras un abogado con traje a medida intenta apartar los fogonazos eléctricos de los flashes. Mi sistema no deja un atisbo de debilidad, sus secretos se encuentran seguros en el fondo de las entrañas. Mis pequeños aguantan los embates de los uniformados y de los trajeados de hacienda. Los peces gordos vibran de pura lujuria al saberse impunes. Quieren llegar un poco más lejos en sus negocios, quieren un poco más de mi.

No están acostumbrados a recibir un no.

Estoy en la costa, temporada baja. En mi siguiente trabajo, el que ya he dejado de engañarme que será el último. Es un hotel a medio terminar cerca de la playa, sería un lugar bonito si hubiesen acabado de construirlo.

Siete habitaciones en la primera planta, todas cerradas con llave por fuera. Cerraduras electrónicas, puertas blindadas, más secretos, menos preguntas esperando respuesta.

Sistema de videovigilancia, también me encargo de eso. Una cámara apuntando a cada puerta, dos en los extremos del pasillo y otras dos en los huecos con visión nocturna. Todo cifrado, todo conectado y con baterías auxiliares por si los chicos malos cortan la corriente. Todo cifrado punto a punto, cada dirección IP formando una maraña de puntos alrededor de Europa. Imposible saber el origen o el destino, sólo conéctate y disfruta del espectáculo.

Mi epifanía llego al tercer día. A la salida del hotel subí por una ladera en la parte trasera, un puesto de observación privilegiado para mis prismáticos. Una hora más tarde aparece un coche negro imponente que parece deslizarse sobre el aire, un guardaspaldas se baja y sólo le falta besar los pies del tipo engominado, bajito y medio calvo que sale del coche. Memorizo la matricula.

Media hora después llega un coche de policía. Una reunión importante, guarda esa matrícula también, no te olvides de las caras. El tipo de la gomina huele a política, los uniformados apestan a corrupción. La convergencia en aquel esqueleto de hotel habla de negocios y de dinero.

Volví a mi habitación deshidratado, empapado y temblando. Me bebí el almuerzo: dos roinoles, dos cervezas y pesadillas en la cama. Debí gritar en sueños, quizás murmuré su nombre. Apareció ella dentro de un traje rojo lleno de transparencias colocadas en sitios estratégicos. Se puso a horcajadas sobre mi y murmuro mi nombre. Lo sentía todo pero estaba paralizado, sólo podía mover mis ojos pero no quería, estaban fijos en ella.

Soy la Diosa de la Sabiduría, me dijo aunque yo ya lo sabía. Después se llevo la mano derecha al tirante izquierdo del vestido y lo dejo caer. El lugar que debería ocupar su pecho estaba formado por una cicatriz que lo cruzaba de lado a lado. La herida parecía fresca, palpitante la carne rosada alrededor, la costra de un rojo vívido y poroso.

Ella tomo mi mano y la poso sobre la herida, me leyó el pensamiento. Sí, duele cada día como si fuese el primero, nunca dejará de hacerlo. Una sonrisa triste asoma a su rostro al decirlo. No puedes alcanzar la sabiduría sin entregar algo a cambio, pero eso ya lo sabías, ¿verdad?

Soltó mi mano de la suya y empezó a deslizarla con rumbo firme hasta llegar a mi entrepierna. Sonríe satisfecha al comprobar mi involuntaria erección. ¿Qué estarías dispuesto a entregar a cambio de saberlo todo?

Me despierto metido en una batidora, me duele todo el cuerpo y apenas me reconozco en el espejo. Los roinoles y la cerveza son mi ayahuasca, pero ahora toca unir los puntos del acertijo, se impone un despliegue estratégico sobre la neverita de la habitación.

Es el principio básico de la alquimia: no puedes obtener algo de la nada, debes entregar algo a cambio. Pero nunca puedes decidir lo que entregas, esa es la parte que nunca te cuentan.

Apuro hasta el fondo las botellitas de la nevera y regreso de nuevo al espejo. Veo el rostro de la diosa y me parece la imagen más triste que he visto nunca. Lentamente se lleva los dedos a los labios en el gesto universal del silencio y una lágrima solitaria cae desde su mejilla hasta caer sobre mis manos.

17 Comments

  • Ángeles

    Parece que vender el alma sigue siendo, a la larga, un mal negocio. Aunque sea a cambio de la sabiduría.

    Además, ¿por qué tiene que costar tanto la sabiduría? Y más aún, ¿por qué querer saber tanto?
    A mí me parece que el exceso de sabiduría, como de dinero, no debe dar mucha felicidad, más bien lo contrario.

    Un texto excelente, como de costumbre.

    Saludos.

  • Toro Salvaje

    Me ha encantado.
    Me ha hecho pensar en que a medida que aprendemos y sabemos más también lo pagamos con tristeza.
    Me veo de joven cuando aún creía en la bondad de la gente…. ojalá siguiera siendo tan inocente como entonces.
    Por desgracia a fuerza de años aprendes, ves aunque no quieras ver… y claro, la humanidad en general es un lodazal.
    Sí, el precio de saber es la tristeza.

    Saludos.

  • .+**+.Kadannek.+**+.

    Las fotografías y su edición me parecen genial. Se te extrañó por estos lares, pero la espera valió la pena.
    Leerte hoy fue como ver una película, una mezcla extraña entre “Hejter” (aunque sé que se desvía de tu tono, me la recordó) y algo detectivesco.
    Parece que el inconsciente siempre nos hablará en algún punto de la vida para compensar todas las cosas, aunque nos creamos cómodos. Hay precios que valen la pena y evidentemente otros no. Se me hace interesante cómo cada quien evalúa esta escala de prioridades y valores morales.
    Un abrazo.

  • Beauséant

    Muchas gracias, HÉCUBA, es de unas semanas en las que de verdad se aprecian ese tipo de palabras…

    Esa era un poco la idea central del texto, ÁNGELES, siempre pensamos que cosas como la sabiduría, o el dinero (el otro eje del texto), son tan importantes que merecen cualquier sacrificio… Luego veo a mis gatos, incapaces de aprender nada y totalmente ajenos a la realidad y tan felices… y ya no sé que pensar 😉

    Es imposible pasar por un proceso como la vida, TORO SALVAJE, y no acabar siendo un poco cínico, un poco cansado de todo.. Al final los golpes que nos dan los intentamos convertir en aprendizaje para no volvernos locos, para intentar dotar de sentido al dolor sufrido. Pero en el fondo no es aprendizaje, es lo que dices, tristeza, una tristeza que pagamos con los que vienen luego y en los que no somos capaces de volver a confiar.

    Muchas gracias, .+**+.KADANNEK.+**+.., diría que necesitaba descansar, pero en realidad es que no encontraba fuerzas para ponerme delante del teclado, no sabría explicarlo pero creo que se entiende 😉 Quería juntar algunos conceptos en el texto y por eso quedo todo un poco raro, no sé nada de filosofía, pero si voy entendiendo algo sobre las personas y sus prioridades. Como bien dices, hay esfuerzos, luchas que para ti o para mi pueden ser fútiles y otros poner todo el empeño. Me has recordado un vecino, que puso todo su empeño y sus últimos años de vida en denunciar a sus vecinos por cualquier cosa fuera de normativa.. Ya ves, los últimos años de tu vida gastados en abogados.. Tomo nota de le película, parece ideal para una tarde de lluvia de las que nos vienen encima.

  • Paloma

    Opino igual que Ángeles. Ni el exceso de sabiduría ni mucho menos el de dinero nos van a dar felicidad, ni siquiera calma, su hermana pequeña.

    También habría que matizar qué es sabiduría, podría ser conformarse con nuestras muchas limitaciones y ser un poco gatunos.

    El texto muy bueno.

  • Jo

    Saber es poder… quizá hay demasiada ambición por obtenerlo y hay que pagar un precio. Con razón he oido mucho sobre que ignorar cosas hasta paz te brinda.

  • galerna

    Dicen que el saber no ocupa lugar… eso dicen, sí. Pero a veces el saber puede dejarnos la cara (y lo que no es cara) como la imagen que abre este post. Me gusta el toque que le has dado y el nexo de unión entre poder y sabiduría, para terminar con el silencio.
    Un abrazo y feliz semana.

  • Myriam

    Excelente texto con una buena dosis amargura y de suspenso que has mantenido hasta el final.
    Que gusto volver a leerte. Me he quedado con ganas de más.
    Es cierto. las lecciones se pagan. Nada es gratis.

    Un abrazo, Beauséant

  • Alma

    Mientras más se ignora, más feliz se es… tu texto me ha hecho recordar a un dicho popular: “La experiencia es ese peine que te dan cuando ya te has quedado pelado…” …con la sabiduría es más o menos lo mismo, para ‘saber’ te tienes que ‘quemar’, y una vez que te has quemado, ¿pa’ qué te sirve saber? …así y todo, soy de las que prefiere saber, como digo siempre, como con la verdad… tú dímela, luego veo yo si duele o no.

    Un beso.

  • Beauséant

    Todo tiene un precio, así es, **JO**, por desgracia creo que nunca sabemos el precio hasta que es demasiado tarde. Bendita ignorancia, ¿verdad?

    Muchas gracias, **GALERNA**, quería hablar de esas dos cosas y me daba miedo forzar un poco el nexo. Esa cara, efectivamente, es una cara que conozco demasiado 🙂

    Es como un restaurante sin precios en la puerta, **MYRIAM**, lees la carta, entras y cruzas los dedos porque la factura no sea un exceso… muchas gracias por tus palabras.

    No sólo eso, **ALMA**, es que te el aprendizaje duele y, demasiadas veces, nos deja demasiado tocados como para poder volver a confiar… No sabría decirte, la verdad, siempre he valorado el conocimiento, pero la edad me pesa y ya no lo tengo claro…

  • Carmen Troncoso Baeza

    Querido Beauseant, tu texto me ha quitado el aliento, quizá porque este es un momento tan diferente a lo vivido. Pero nada se detiene, ni la ambición irracional, ni la mezquindad, ni el alto costo en genero por pagar. Un abrazo cariñoso (esta muy bien escrito)

  • Anonymous

    !. Porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia, y quien aumenta el conocimiento, aumenta el dolor.
    Eclesiastes.
    2. “…no puedes obtener algo de la nada, debes entregar algo a cambio…” Es la ley de la conservación de la energía , fundamental y básico tanto para el mundo material, como espiritual.
    3 “… Pero nunca puedes decidir lo que entregas, ” Pues, es del diablo que nos vigila continuamente, él lo decida. ( sonrisaaaa)
    4. Un texto perfecto.

  • Beauséant

    Estuve en ese sitio hace muchos años, **JOSÉ LUIS**, me pareció una pesadilla ahí arrojada en medio de la naturaleza. No era ese hotel en el que pensaba, pero si en esa zona, por desgracia existen demasiados sitios así por allí…

    No lo había pensado así, **MUCHA**, pero ahora que lo dices 🙂

    Muchas gracias, **CARMEN TRONCOSO BAEZA**, como bien dices, parece que ahora quedan muchas cosas en suspenso, pero en el fondo saldremos de esta siendo los mismos, o incluso un poco peores.

    Un gran resumen,**ANONYMOUS**, muchas gracias… El punto 1 es muy jodido porque es algo que he comprobado demasiadas veces en mis propias carnes, un poco de ignorancia en la vida es fundamental para ser feliz… Me apetecía escribir algo uniendo todos esos puntos y me daba miedo porque al final salió algo un poco raro, así que me alegra mucho, muchísimo, saber que te ha gustado 😉

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