el niño fotógrafo

He vuelto al mar. Escribo esa frase al inicio de una hoja en blanco que me han prestado en la recepción del hotel y me doy cuenta de que no soy capaz de explicar todo lo que encierran esas cuatro palabras tan sencillas.

Al norte del norte, una referencia más vital que geográfica. El resumen de una buena parte de mi vida y la pira en la que arden gran parte de los “y si” que la han rodeado.

Cada vez que piso la arena de una playa lo hago por primera vez, es una sensación extraña. Nunca deberíamos intentar volver a esos lugares donde creímos ser felices porque ni los lugares ni las personas que los habitan se han quedado ahí para esperarnos.

Las viejas canciones, las películas que nos abrumaron, esas sonrisas que perdimos o las que nunca dimos no son más que un inventario de derrotas, la hoguera en la que arden nuestros sueños y de la que renacen los miedos que intentar arañarnos la piel con sus uñas amarillentas de viejo.

Vuelvo a pisar las playas y al contacto con la arena siento que me voy limpiando, que de verdad es posible alcanzar ese instante mágico en que olvidas quién eres y puedes abrazar sin miedos cualquier nueva religión que llame a la puerta de tu casa.

Cuando termino de hacer la foto descubro a un niño, moreno y flaco, con ojos enormes que parecen querer saberlo todo y que mira asombrado los objetos que he desperdigado por el suelo. La mochila abierta, el trípode, la lente con sus filtros…

Levanta la mano a modo de saludo y me sonríe. Una sonrisa franca, la sonrisa de un niño. Sería bonito, divago, que ese niño acabe siendo fotógrafo gracias a la magia del recuerdo que acabamos de crear. Que dentro de muchos años un periodista trajese de vuelta a la orilla de los recuerdos este instante y ese niño, ya adulto, diga que sí, que ese fue el momento, al verme en lo alto de las rocas enfocando al infinito, en el que decidió que la fotografía sería su vida.

Devuelvo el saludo y giro hacia él la cámara, siempre hambrienta en busca de una nueva foto. Cuando logro enfocar descubro que el niño ha salido corriendo y no ha dejado como recuerdo más que un punto en la distancia.

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