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el niño fotógrafo

He vuelto al mar. Escribo esa frase al inicio de una hoja en blanco que me han prestado en la recepción del hotel y me doy cuenta de que no soy capaz de explicar todo lo que encierran esas cuatro palabras tan sencillas.

Al norte del norte, una referencia más vital que geográfica. El resumen de una buena parte de mi vida y la pira en la que arden gran parte de los “y si” que la han rodeado.

Cada vez que piso la arena de una playa lo hago por primera vez, es una sensación extraña. Nunca deberíamos intentar volver a esos lugares donde creímos ser felices porque ni los lugares ni las personas que los habitan se han quedado ahí para esperarnos.

Las viejas canciones, las películas que nos abrumaron, esas sonrisas que perdimos o las que nunca dimos no son más que un inventario de derrotas, la hoguera en la que arden nuestros sueños y de la que renacen los miedos que intentar arañarnos la piel con sus uñas amarillentas de viejo.

Vuelvo a pisar las playas y al contacto con la arena siento que me voy limpiando, que de verdad es posible alcanzar ese instante mágico en que olvidas quién eres y puedes abrazar sin miedos cualquier nueva religión que llame a la puerta de tu casa.

Cuando termino de hacer la foto descubro a un niño, moreno y flaco, con ojos enormes que parecen querer saberlo todo y que mira asombrado los objetos que he desperdigado por el suelo. La mochila abierta, el trípode, la lente con sus filtros…

Levanta la mano a modo de saludo y me sonríe. Una sonrisa franca, la sonrisa de un niño. Sería bonito, divago, que ese niño acabe siendo fotógrafo gracias a la magia del recuerdo que acabamos de crear. Que dentro de muchos años un periodista trajese de vuelta a la orilla de los recuerdos este instante y ese niño, ya adulto, diga que sí, que ese fue el momento, al verme en lo alto de las rocas enfocando al infinito, en el que decidió que la fotografía sería su vida.

Devuelvo el saludo y giro hacia él la cámara, siempre hambrienta en busca de una nueva foto. Cuando logro enfocar descubro que el niño ha salido corriendo y no ha dejado como recuerdo más que un punto en la distancia.

16 Comments

  • Toro Salvaje

    Las dos fotos son magníficas.
    Y sí… volvemos a donde fuimos y es un autoengaño terrible.
    No hay nada de lo que había.
    Y nuestros recuerdos se angustian ante la tragedia que contemplan.

    Saludos.

  • Beauséant

    Muchas gracias, **TORO SALVAJE**, este año que nos ha tocado es muy dado a intentar refugiarnos en ese tipo de sitios, pero es eso, no funcionan, sólo queda apechugar con el presente con las cartas que te han tocado.

  • Frodo

    Buenas fotos y buena historia de un posible retorno de la situación, como recuerdo. Como a veces una fotografía nos asalta y nos recuerda instantes olvidado.
    Me gustó mucho esa situación del fotógrafo, el niño y el mar

    Abrazos

  • Beauséant

    Gracias **FRODO**, no creo que el niño lo recuerde dentro de unos años, por eso quería dejarlo por escrito.

    Una bonita imagen la que has conjurado, **CARMEN TRONCOSO BAEZA**, en mi caso ese ancla pesa a veces demasiado, y eso tampoco es bueno, no debemos dejar de navegar, ¿verdad?

  • Alma

    Nunca se debería volver a los sitios donde hemos sido felices, no vaya a ser cosa que los recuerdos nos traicionen y nada sea tal y cómo lo mantenemos en la memoria. Tus fotos como siempre son fantásticas y tus textos aún más… de noche, debo escribir de noche para, al menos intentar, hacerlo así.

    Un beso.

    (PS: no subestimes los recuerdos de un niño… ¿quién sabe que tus palabras no sean proféticas?)

  • Anonymous

    Magníficas fotos. Quien sabe que impronta dejamos en quienes nos rodean, si dejamos.
    Hay instantes que quedan dentro nuestro como germen, eso es seguro. Hay veces que me encuentro pensando que dirán d emi mis nietas cuando yo ya no esté en este mundo. Cómo me recordarán.

    Y el mar, el mar. Siempre vuelvo a él, aunque está en mi.

    Un abrazo grande, Béauseant

  • Myriam

    Magníficas fotos. Quien sabe que impronta dejamos en quienes nos rodean, si dejamos.
    Hay instantes que quedan dentro nuestro como germen, eso es seguro. Hay veces que me encuentro pensando que dirán d emi mis nietas cuando yo ya no esté en este mundo. Cómo me recordarán.

    Y el mar, el mar. Siempre vuelvo a él, aunque está en mi.

    Un abrazo grande, Béauseant

  • Ángeles

    El niño y el fotógrafo acaban de crear un recuerdo, y tú, quizá sin darte cuenta, has creado muchas imágenes preciosas en este texto.

    Y no me refiero a imágenes tomadas con la cámara, que son también bellísimas, sino a imágenes creadas con las palabras: el niño “con ojos enormes que parecen querer saberlo todo”, la cámara “siempre hambrienta”; los miedos “con sus uñas amarillentas de viejo”…

    Saludos.

  • Paloma

    Me gusta la primera frase: “he vuelto al mar”.
    Me parece un relato en sí misma.
    Y también me ha gustado mucho ese niño, su sonrisa y su desaparición final.
    Las fotos maravillosas aunque ninguna imagen puede suplir la realidad de estar ahí, con el olor, el sonido, la brisa…
    Yo sí creo que se puede volver a los lugares donde fuimos felices, ¿por qué no? Claro, nada será igual pero eso no importa. La nostalgia tiene su encanto.

  • Beauséant

    Me encantaría que pasase eso, **ALMA**, ¿te imaginas leer una entrevista de alguien y que hablase de ese día? Muchas gracias por tus palabras, a mi me gustan tus palabras, las nocturnas y las diarias, que conste 😉

    En mi caso, **MYRIAM**, es poco probable que nadie me recuerde. Supongo que una de las cosas bonitas de tener hijos es eso, ¿verdad?, es complicado pensar que no dejaremos nada detrás, pero he aprendido a lidiar con ello… Muchas gracias por pasarte.

    Siempre quise tomar imágenes con las palabras, **ÁNGELES**, me alegro haber logrado construir algunas.. mi cámara siempre parece hambrienta, te lo aseguro, parece que nunca tiene suficiente de todo lo que le rodea. Quizás el niño algún día lo entienda aunque no me recuerde, eso no importaría tanto, ¿verdad?

    Pensaba haberlo dejado así, **PALOMA** 🙂 he vuelto al mar y las fotos, luego decidí contar toda la historia.. Aunque tienes razón, las fotos con toda su técnica, se me siguen quedando cortas para intentar plasmas todo lo que vi.. por eso añadí palabras, para intentar darle ese algo.. y aún así… ya sabes. Quizás si volvemos muchas veces a esos sitios acabemos por poder contarlo, por tomar la imagen que lo defina… quizás debería volver a esos sitios, pero aún no me atrevo.

  • Beauséant

    Gracias, **MUCHA**, si tienen vida seguro que acaban creciendo, siendo otra cosa… me gusta esa idea.

    MI vida ha tenido muchos de esos momentos, **ALESSANDRINIMARIAMARIA**, supongo que como todas las vidas… al final da un poco lo mismo reírse de todo que llorar por nada…

  • Anonymous

    Nunca deberíamos intentar volver a esos lugares donde creímos ser felices porque ni los lugares ni las personas que los habitan se han quedado ahí para esperarnos. …Es que podemos destruimos la sensación de felicidad que calentaba siempre nuestro corazón al recordarlo. Precioso. Un abrazo.

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