leer,  mirar

el mundo en tus manos

Extiende la mano en mi dirección con la sonrisa traviesa de un niño poseedor de un secreto que podría salvarnos. Entre las líneas de la vida de su palma palpitan tres pastillas, roja, verde y azul que lucen fluorescentes bajo la iluminación de la sala.

Tomo una y la trago sin pensar, hace ya mucho que hemos dejado atrás el tiempo de las preguntas. Él asiente satisfecho de mi decisión y se toma las otras dos. Nos disponemos a cabalgar una depresión que nunca llegaremos a domesticar.

Las pastillas han llegado salvadoras en el momento exacto en que todo se estaba volviendo demasiado real. Demasiado ruido, demasiadas conversaciones de cosas que no logro comprender.

Los rostros se mueven deprisa, eléctricos, es imposible retenerlos. Son caras de gente llena de vida, de opciones, de ideas… vidas con una brújula apuntando en alguna dirección. Una chica que tiene unas tetas diminutas hace tatuajes a estrellas del rock, otro se dedica a “montajes audiovisuales” y alguien me susurra al oído que invierte en criptomonedas, criptodivisas, me corrige enfadado la segunda vez que lo digo mal.

Todos parecen tener un plan maestro y mucha prisa por cumplirlo. Parecen tan luminosos, tan reales en todo lo que hacen que siento lágrimas de felicidad al poder compartir ese instante con ellos. Son poseedores de una sensación que nunca he conocido, la de tener el mundo girando entre las manos.

Pero en seguida esos rostros desaparecen y todo vuelve a girar rápido a mi alrededor para llevarme de regreso al pozo del que quizás no he salido en los últimos diez años. El oleaje de mi memoria deja la palabra depresión boqueando sin oxigeno en la arena, pero me niego a aceptarla, a devolverla al mar. Nunca usaremos la palabra depresión, la hemos arrancado con una cuchilla de afeitar de nuestros diccionarios. Miradnos, llenos de conceptos vacíos, de palabras huecas, de planes y diversión que nos dejan siempre en el punto de partida. Esa palabra maldita se disuelve como las pastillas en mi boca.

La música se acaba, la bebida se calienta y el final de la noche nos recibe ante la orilla del río. Todos parecemos nerviosos y nadie sabría decir cómo hemos acabado allí: alguien lo propuso, alguien dio el primer paso y el resto no encontramos las palabras adecuadas para negarme. Así se resumen todas la decisiones de mi vida.

Parecemos víctimas de un cliché en una película de adolescentes, pero ya es demasiado tarde para hacer preguntas inteligentes, sólo podemos seguir con el papel que nos han dado. Nos quitamos las ropas un poco humillados y dejamos que las aguas negras nos devoren.

Resbalo entre las piedras, aguanto la respiración y pienso en lo sencillo que sería todo si fuese capaz de dejar de luchar. Abro los ojos y compruebo aterrado las luces de la ciudad demasiado lejos, me he quedado sólo en medio de la corriente. Me vuelvo lúcido por un instante y comienzo a nadar hasta la orilla salvadora. Durante un breve instante de pánico los brazos no responden, mis piernas no son capaces de impulsarme.

Abrazamos la locura como quien se sube al último tren nocturno en un andén lleno de nieve y sin un destino definido. Y en esa locura encontramos cierta alegría, difusa y breve, que nos impulsa con suavidad hasta el día siguiente.

Porque todo se reduce a eso, a llegar vivos hasta al día siguiente.

9 Comments

  • Beauséant

    Lo peor, JOSÉ A. GARCÍA, es que muchas veces son batallas perdidas que nos empeñamos en librar como si de verdad nos fuese algo en ello… con lo sencillo que sería admitir la derrota.

    Así es, CABRÓNIDAS, nos obsesionamos tanto con los destinos y las paradas intermedias que no prestamos atención al paisaje.

    En ciertas situaciones, TORO SALVAJE, un parche ya es mucho, es lo que te ayuda a resistir para no morir…

  • evavill

    Envidio a esa gente con planes y objetivos vitales tan claros y precisos.
    No sé si he tenido alguna vez esa sensación de que el mundo gira entre mis manos. A tanto creo que no he llegado, como mucho he sentido que giraba con él.

    Un saludo, Beauseant.

  • Luz

    Me cuesta mucho comentar este post porque creo que no lo necesita.
    Ya están todos los argumentos, los porqué con o sin contestación. La lucha para no ahogarse, seguir… es curioso siempre seguir con lo fácil que resulta “quedarse”.

  • mento23

    El día 10 de septiembre en las noticias hablaron brevemente de qué era el día internacional por la prevención del suicidio. Y pensé: ostia, se acordará alguien que es mi día…
    Na, ni una sola persona, y fui mucho más consciente de mi problema, de lo sola que una está dentro de esta enfermedad (a veces pienso que en un cáncer hubiese sido mejor, por eso de que parece ser más empático) en fin. Aunque lo tiña de un poco de sarcasmo, he de decir que ahora tengo una muletilla en la que apoyarme, no solo aguantar un día, sino llegar al próximo diez de septiembre y empezar a soplar velas por año de batalla.
    La depresión, los pensamientos suicidas, conviven mano a mano en nuestro entorno, pero casi todos prefieren ignorar esa realidad.

    Por cierto la casa de mi abuela tenía un llamador como ese. De pequeña siempre quise decorarlo, pero nunca me dejaron, jejj.

    Te pediré una hora un día de estos. 😁😘

  • Ángeles

    Hay estados de la mente, o del alma, que sólo puede entender quien lo ha experimentado. Parece que un dolor o un mal funcionamiento físico lo entiende todo el mundo; como es medible y visible, no se necesita ningún esfuerzo de imaginación. Pero un mal del alma, del espíritu, eso es otra cosa. No es sólo que no se comprenda, a veces no se respeta siquiera, se considera poco menos que un capricho, un “estás así porque quieres”, porque no te esfuerzas por sobreponerte. Y eso aumenta el sufrimiento y la soledad de quien lo padece, que puede llegar a sentirse ajeno a la realidad, como si no formara parte de la vida que lo rodea.

    Un texto muy sugerente, como de costumbre.

    Saludos.

  • Beauséant

    Pues eso, EVAVILL, ya es bastante, no te creas… en general suelo desconfiar mucho de ese tipo de personas, no sé, seguro que ocultan algo o se mienten muy bien.

    La mayoría, LUZ, creo que optan por pelear, aunque digan lo contrario cuando llega el momento la mayoría pelean, sólo unos pocos “se dejan ir”.. Muchas gracias.

    Ni tan siquiera me había enterado del día, MENTO23, bien es cierto que sigo poco los telediarios, cada día estoy un poco más lejos del “mundo real”… sospecho que sí, que al final es una batalla que se libra en sociedad. En algún momento quizás encuentres algún apoyo, pero es complicado, ¿verdad? Al final parece que todos tenemos nuestras vidas y nuestros problemas. Me has hecho pensar que quizás he fallado a algunas personas por no estar donde debería. Mucho ánimo y espero verte el próximo diez de septiembre 😉

    Creo que es algo que ha ido cambiando un poco, ÁNGELES, aunque aún quede mucho camino por recorrer. Creo que la clave es lo que comentas, no es algo visible, reconocible, ni tan siquiera nos damos cuenta de lo cerca que estaos de caer en ese tipo de pozos.. y son tan incomprensibles, tan oscuros que nos aterra caer en ellos, por eso negamos su existencia, nos convencemos de que nunca caeremos en ellos… ya ves que vanidad, ¿verdad?

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