actos fútiles, segunda parte

El problema cuando haces fotos a las montañas es que ellas son muy grandes y tu muy pequeña, pero cuando las miras a través de la cámara pierdes toda la escala: dejan de ser enormes y amenazadoras y se convierten en bultos lejanos.

La solución obvia, decidí, es intentar hacer una panorámica.

Tenía las manos desnudas y no llevaba la mejor ropa para estar intentando cuadrar varias fotos en medio de la nieve. Era, pensé, una forma un tanto estúpida de pillar una pulmonía o, peor, de estropear una buena cámara… luego lo pensé mejor, en realidad era la mejor manera posible de pillar una pulmonía o de estropear una buena cámara.

La perspectiva mejoraba bastante al juntar varias fotos, pero la escala no terminaba de estar bien. Sólo tenía unos cuantos árboles hundidos bajo la nieve que parecían unos arbustos un tanto ridículos.

Faltaban referencias.

Una rato de espera después, casi al borde la hipotermia, logré añadir alguna persona al encuadre. Una sola persona era mi regla. Una figura solitaria ante una montaña enorme.

Y, bueno, pues eso era todo lo que quería contar. Nada de filosofías ni apocalipsis esta semana, para eso ya tenemos la inmarcesible realidad.

Pongan el telediario, si aún creen en el mundo real.

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