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Abril

Siempre te ha gustado ejercer de pirotécnico. Manejar las cajas de fuegos artificiales. Hacerlos explotar a tu antojo, en el momento más inesperado. El factor sorpresa, lo llamabas tú. Toda la vida jugando a lo mismo, viviendo en un eterno abril con rachas de viento colándose por los ventanales, desordenando los guiones de nuestras vidas de tal manera que conseguían que desde el minuto uno nuestra actuación fuera pura improvisación. A salto de mata. Cajas de cohetes que explotan sin control al calor de tu cuerpo. Y es abril todavía. Abril como siempre. Y estamos dispuestos a firmar una falsa tregua hasta que a uno de los dos se nos ocurra un plan b ( y cruzo los dedos… cruzo los dedos mil veces porque se me ocurra a mi) para salir por pies de esta habitación en pleno vórtice del huracán, de este cuchitril donde en cada rincón retumban ensordecedoramente los ecos de nuestros historia. Y no volver a tropezar. Y nunca más tropezar.

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