Tú a Boston, yo… al infierno…

 Me arreglo como si fuese a un funeral y, tras invocar a todos los dioses, me dirijo al juzgado. Alguien quiere que sea testigo de algo que procuré no presenciar. Inventaré, me digo, nunca se me dio mal vender bosques con unicornios, hablar sin proyecto ni trayecto, y sonreír, sobre todo sonreír, que es lo que hago cuando no queda nada más que algo de cierta buenaeducación

Pero, fíjate qué estupidez que, ante las puertas de ese edificio donde dicen, se reparte e imparte justicia, este nuevo día se me antoja el del Juicio Final, y la certeza de mi inexperiencia en el arte de la moral de situación me paraliza. Miedo tal vez??. Se me olvidan todas las mentiras que pensé para el momento y sólo me vienen a la cabeza sandeces, como que podrian haberme llamado para comparecer en el naufragio de un barquito de papel… qué se yo…. El juez pregunta. Yo respondo. Salta la banca. Recordar es peligroso. Fabular es infame.

Se divorciaron una vez. Hace muchos años. Yo recuerdo aquel día casi  a diario.

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