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periferia

Nos fuimos a vivir a la periferia, un espacio difuso donde la ciudad perdía todo su empuje y el campo, un campo feo y triste, empezaba a luchar por recuperar su territorio. Sobre nuestras cabezas cruzaban las líneas de alta tensión, siempre vibrantes, eran el corazón que alimentaba una ciudad palpitante en la lejanía.

Todas las construcciones allí eran nuevas, indistinguibles entre ellas y casi tan anónimas como los rostros que nos cruzábamos cada día. En medio de los bloques de viviendas se alzaba, como un faro que regía nuestras rutinas, un centro comercial inmenso al que acudíamos puntuales cada domingo con un fervor religioso.

Lo habíamos apostado todo a una vida que nos parecía correcta. La vida que nos habían enseñado a desear y perseguir.

Mientras pudimos creer en ella todo fue maravilloso.

Los problemas empiezan cuando tropiezas con el decorado, cuando descubres el truco de magia por primera vez porque entonces ya no puedes volver a creer en el mago. Empiezas a rascar las nubes del cielo hasta que aparece el sucio fondo de cartón y entonces todo se vuelve aterrador.

Apenas había viejos en aquel barrio, era algo extraño, quizás tengan prohibido, ellos y sus achaques, pisar por esas zonas para no estropear la tramoya entre la que vivíamos. Sufría cada vez que me tocaba visitar a mis padres, siempre a disgusto y con una excusa en la boca para irme lo más pronto posible. Me dolía verles cada vez mas viejos, enlazando ideas gastadas sin orden, repitiendo las cosas en un inútil intento de retenerlas… pero era un dolor falso el mio. No era más que una proyección de mi futuro, cuando me llegase el momento de mendigar una visita a mis hijos.

Por suerte no tuve hijos, me ahorré esa tristeza. Ahí no seguí la vida que se esperaba de mi, quizás ese fue el punto donde las cosas empezaron a estropearse.

En aquellos años teníamos todas las piezas en nuestras manos y no supimos hacer nada con ellas. Nada de lo que sentirse orgullosos, nada que dejar tras nosotros.

Acepto mi parte de culpa, no supe llegar a tiempo, todo sucedía demasiado pronto o inevitablemente tarde. A veces parece que todo se reduce a encontrar la respuesta correcta cuando el concurso ha terminado, el presentador duerme en su casa, todas las luces se han apagado y ya nadie espera nada de ti.

He vuelto a pasar por allí muchas veces y ya no queda nada de mi vida de entonces. Sólo las torres de electricidad, que siguen vibrando ajenas a nuestras vidas. Como debe ser: no somos nada, no debemos pretender ser nada. Quizás así seríamos de verdad felices.

10 Comments

  • Luz

    Qué imágenes impresionantes, qué milagro estar detrás de esa cámara y hacer que el espacio se manifieste a tu manera.

    No sé si esto se ha observado, si es un fenómeno general pero me he fijado en aquellos sitos donde hay torres de alta tensión, son como tú los describes y acorde a las fotografías. Las viviendas, como si fueran el alimento de estas, se van quedando como cáscaras de un fruto que se va secando. Algo así.

    Y aparentemente sin motivo tú te vas otra vez a la otra generación que ha ido perdiendo fuerza y donde sobresalen los grises y claroscuros pero también desde un punto de vista (el subjetivo): tú.

    De todas maneras de ti y tus fotos se pueden extraer cientos de imágenes y emociones diferentes.

  • Beauséant

    Toda una vida, **JOSÉ A. GARCÍA**, a veces me da la sensación de estar fingiendo, no tengo ni puñetera idea de lo que se supone que debo hacer… Supongo que seremos muchas personas en la misma situación 🙂

    Es verdad, **LUZ**, me llama la atención como se relacionan esas torres tan inmensas con los edificios de alrededor. Lo describes bien, parece que unos agotan la energía de los otros… Y yo me voy otra vez, y vuelvo a los viejos lugares, y miro con los ojos de la cámara y hago lo posible por intentar aprender algo de todo eso… pero al final todo parece que es dar vueltas y vueltas sin sentido.

  • Luz

    Con tus palabras me salió así de repente el famoso “no te rindas” . Imposible que contigo, tu cámara y tu sensibilidad des vueltas sin sentido. Estoy segura que siempre estás descubriendo y que debe ser así, aunque de momento parece que predominen los grises, ¿cierto? Pero nada es definitivo…

  • Toro Salvaje

    Vuelvo a veces a donde fui niño, joven y casi adulto.
    Miro la casa donde viví con mis padres y hermanos.
    A veces tengo la sensación de que todo es mentira, lo de ahora… pero no, es cierto, en aquella casa viven otras personas, los vecinos han sido diezmados por el tiempo y la vida, y mis recuerdos cada vez gozan de peor salud.

  • evavill

    Bueno, eso es lo que dice el budismo, que para alcanzar la paz o la felicidad o ambas, pues van unidas, hay que dejar de desear, de pretender…
    Me gustan esas torres vibrantes, tienen su poesía.

  • Beauséant

    Nada es definitivo, esa es una gran verdad, **LUZ**, las cosas siempre parecen tomar el rumbo que quieren por mucho que nos empeñemos en trazar rutas, ¿verdad?

    Los recuerdos son carne de las polillas de la memoria, **TORO SALVAJE**, cada vez que traemos de vuelta un recuerdo, las polillas se llevan un trozo…. con los años no tendremos nada.

    Siempre he sido más del enfado y el pataleo, **EVAVILL**, quizás sea un buen momento para probar tu sistema… A mi también me gustan esas torres, tan ancladas al suelo y tan etéreas…

  • Cabrónidas

    De todas formas, nunca olvidemos de dónde venimos, porque eso define quiénes somos. Uno, al final, se muere, pero tenemos toda una vida de ventaja para tratar de que el viaje sea placentero. La vida… casi nada.

  • Mento

    Uhmmm…desde mi cama veo a siete u ocho metros una de esas. Dicen que es malísimo para la salud estar cerca de ellas y yo casi duermo con una. Las odio… Pero verlas a través de tu cámara ha sido diferente, no me parecen tan grises, ni tan amenazadoras. A diferencia de esta que tengo delante, esas se pueden mirar con buenas sensaciones.

  • beauseant

    La importancia del camino y no de la meta perseguida, **CABRÓNIDAS**, intento tenerlo presente cada día, pero no es fácil, nada fácil. Al final parece que siempre dejaremos muchas cosas por el camino, ¿verdad?

    Con el cielo adecuado cualquier cosa puede parecer evocadora, **MENTO**, en el pueblo de mi padre también las temían mucho. Es más, el relato inicial hablaba de eso, del pueblo de mi padre y de esas torretas…

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