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el lugar de la tragedia

Puedes pasarte toda una vida aventando remolinos o deshojando margaritas, pero al final nada sirve para nada. Una vida entera huyendo de la tragedia y toda esa carrera era sólo para caer de bruces entre sus brazos. La tragedia se decide en un lugar y una hora que no admite retraso alguno, no importa lo que estuvieses haciendo al ser convocado ante ella.

Los dos guardamos silencio ante su cadáver, yo arrodillado y él de pie alternando nervioso su peso, ora sobre una pierna ora sobre la otra. Ambos lo miramos en silencio como si hubiese algo que estuviese en nuestra mano para que el muerto fuese algo menos real; intentamos no romper ese instante en el que cualquier palabra que digamos nos obligará a reconocer su muerte.

El lugar elegido para la tragedia permanece ajeno a ella; es una constelación azul y verde salpicada por una miríada de dientes de león recién florecidos. Parece que su cuerpo, ya cansado de vivir, eligió este lugar sabiendo que en condiciones normales jamás nos habríamos detenido un instante para admirarlo.

En sus delirios había visto el futuro y había vuelto para decirnos que no quedaba esperanza alguna para nosotros. Después de eso ya apenas dijo nada hasta que murió con la mirada febril fija en nosotros mientras nos ordenaba parar y se tumbaba bocarriba. Eso es lo último que nos dijo, que quería mirar el cielo y beberse a bocanadas el aire del atardecer cargado de olores a pino y romero.

Me da un golpe en la espalda, casi un gesto de cariño, y me dice que debemos movernos. En dirección a un norte que señala de forma imprecisa con la mano apuntando a algún punto del horizonte. Dice que conoce gente, que estaremos bien, pero el muerto nos sigue mirando con un mudo reproche y nos hace dudar de nuestra huida.

Coloco sus manos sobre el pecho e intento buscar alguna oración que le guie en el camino que acaba de emprender, pero soy incapaz de recordar si creía en algo. En realidad es difícil saber si alguno de nosotros, alguna vez, logro creer en algo. Te echaré de menos, es lo único que digo antes de levantarme.

Su cuerpo comienza a llenarse de bichos e insectos que reclaman su posesión de lo que ahora son sus dominios. Su rostro ajado, la ropa que cuelga sin gracia, todo empieza a tener ese aspecto de cosa amorfa y sin vida. Pronto todo aquello que fue y aquello que pudo haber sido sólo será un recuerdo en la memoria de los vivos.

Ahora somos los guardianes de sus recuerdos, los responsables de que su muerte no haya sido en vano.

 

el lugar de la tragedia

3 Comments

  • GGM

    Me pillas en medio de un poema:

    ‘Recuerdo … reconstruyo la fracción de tiempo olvidada,
    la tumba de piedra multiplica lo que le han confiado a
    ella … o a no importa qué otras tumbas,
    los cadáveres se levantan … las heridas se
    curan … las vendas se desprenden.’

    W. Whitman.

  • virgi

    Ocurre lo que tiene que ocurrir. Por más planes que hagamos, la miríada (¡qué palabra delicada y preciosa!) de flores espera a que lleguemos, justo hasta posarnos encima.
    Besos besos

  • Beauséant

    Si supiese escribir, GGM, creo que haría poesía, puedes decir las mismas cosas en la mitad de sitio y con más ritmo 😉

    Es una de mis palabras favoritas, virgi, por desgracia no puedo usarla siempre que quiero…

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