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Extraños

Viajas en trenes de alta velocidad. Rápido. Todo ocurre a 300 km/h. Sin tiempo para pensar. Sin tiempo para contestar. Sin tiempo. En las revistas de moda los invitados a la cena aparecen sin despeinar. Tú regresas a casa con la camisa fuera del pantalón y el nudo de la corbata torcido. “Welcome”, dice el felpudo en la puerta de una casa que no es la tuya. Continúan ocurriendo cosas detras de cada puerta. Miras hacia otro lado. Finges que no te importa. Pero te importa. Mucho. Casi tanto como te duele. Días a velocidad de crucero. De vuelta, anochece en esta ciudad al Este. Como cuando partiste. Como cuando atranqué puertas y ventanas con la intención de no volver a salir. Ya sabes, como todos los días  cuando regresamos a casa y ya no nos reconocemos mutuamente.

5 Comments

  • Ybris

    No hay peor compañía que la de la prisa con la comunicación.
    El proceso de abrirse debe ser lento y concienzudo.
    Por eso el aislamiento es tan a menudo irreversible.

    Un abrazo.

  • Denavegantes

    No será que en el fondo, toda esta parafernalia de filosofomentira, es solo un juguete en manos de mentes traumatizadas, que sustituyen las palabras por los hechos. No será que todo es una justificación frente a la soledad. No será que muchos de nosotros no aguantarían un cacheo frente a la cruda realidad. Filoestupidez, bionegligencia, sosteninmoralidad, necios simplemente necios. No corremos, más bien huimos.

  • virgi

    Incluso viajar en el mismo compartimento, en el mismo asiento, abrir la puerta al mismo tiempo…no quiere decir nada. Podemos estar lejísimos del que está al lado.

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