el pájaro de las dudas

El depósito lleno, la hora exacta en el punto indicado y, tras una hora de espera, empieza a invadirme la certeza de que no vendrás. Ha sido algo fugaz, un pensamiento que nunca estuvo en mi cabeza hasta este instante, pero que ya no puedo hacer que desaparezca. Cuando el pájaro de las dudas se posa sobre tu cabeza y comienza a construirse el nido no hay escapatoria posible.

Pasan dos horas más y sigo anclado en el mismo sitio, no puedo moverme. El frío parece envolverlo todo con sus zarcillos porosos y me propongo, casi como un juego, conjurar de vuelta tu rostro. La última imagen que tengo de la última vez que nos vimos. Porque ahora lo sé, aquella fue la última vez que nos vimos y fui tan idiota de no retener cada detalle de aquel momento crucial. Soy incapaz de traer de vuelta el diente mellado que asoma traicionero cuando sonríes y que te apresuras a tapar avergonzada, el botón rojo que es diferente a los demás en tu vestido favorito, el gesto que haces con las manos, dos gaviotas a punto de alzar el vuelo, cuando quieres restar importancia a algo… todos esos instantes que pronto serán olvido en mi memoria.

La noche se vuelve inescrutable y regreso al coche a buscar consuelo en la calefacción que el motor escupe con cansancio por las rejillas de ventilación. Las luces de los faros apenas dibujan la carretera y concluyo que todo el inventario de cosas horribles que he imaginado: trágicos accidentes, terribles confusiones, actos violentos de todo tipo, no son más que mentiras de superviviente. Que la triste realidad que me canta el pájaro de las dudas es que no has querido venir. Así de sencillas son a veces las cosas, sólo hay que seguir el hilo hasta llegar al asesino, a la conclusión lógica: esas palabras tuyas en las que tanto creí no llegaron a convertirse en realidad cuando abandonaron el nido de tu boca.

Nos mentimos tanto, lo hicimos tan bien que no nos dimos ni cuenta. O quizás sí, quizás decidimos vivir en esas mentiras porque eran cálidas y acogedoras, porque nos dejaban un espacio vital en el que todo parecía posible, una línea recta triunfal hasta la meta.

Debería arrancar el coche, debería alejar a manotazos tu recuerdo y salir de este maldito arcén en el que estoy atrapado para no volver la vista atrás… Y, aún así… Aún así, el pájaro, el maldito pájaro de las dudas…

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