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diario (4)

Debe existir un momento en el que realmente comprendes que todo ha terminado. Una hora, una fecha y un lugar en el que dejas de correr, de luchar, de implorar y en el que terminas por aceptar que todos los esfuerzos de ahora en adelante serán en vano, preciosos en su inutilidad.

Pero es tan fácil engañarse, ¿verdad? Volver a las viejas rutinas que, como en un ritual chamánico, hagan girar la ruleta de vuelta al punto inicial donde todas las posibilidades era aún reales. Fácil soñar, fácil dejarse llevar por la ilusión… todo en vano.

A la altura de esta foto ya sabía que la planta moriría, lo he visto demasiadas veces como para fingir sorpresa. Pero no importaba, seguía buscando el primer sol de la mañana para colocarla en el mejor sitio, la seguía regando, incluso hablaba con ella… intentaba hacer cualquier cosa que me permitiese esquivar la realidad que arañaba nerviosa en mi puerta.

¿Y si todas nuestras vidas no han sido más que eso?, un cúmulo de derrotas que no aceptamos. Trabajos a los que llegamos puntuales esperando que alguna vez justifiquen todos nuestros esfuerzos, relaciones en vía muerta que intentamos reanimar con viajes, con charlas intrascendentes o, el horror definitivo, engendrando nuevas criaturas indefensas que cargarán con el peso de nuestros errores, programadas para buscar y tropezar en las mismas piedras en las que sus progenitores quedaron atrapados.

Debe existir un punto en el que comprendes que todo ha terminado. Es entonces cuando de verdad estás jodido porque ya no puedes sostener el engaño. Cada vez que mires a la pared, verás el decorado, toda la tramoya que sostiene la ficción.

Lo ideal, el secreto de la felicidad, sería no darse nunca cuenta. Vivir en una obra de teatro donde todos menos tú son actores. Donde puedas creerte tu papel. No, no creerlo, donde puedas vivirlo y donde ese puñetero rosal aún siga con vida junto con el resto de posibilidades sin gastar.

6 Comments

  • Ángeles

    Tus interesantes reflexiones me llevan a pensar que sería deseable tener la dignidad de una rosa, para aceptar que nos marchitamos, sin resistirnos, sin esos esfuerzos inútiles que refieres por intentar eludir o aplazar lo inevitable. Quizá ahí también resida la clave de la felicidad y no lo sabemos.

    Un saludo.

  • galerna

    ¿Por qué en vano? Y todos los momentos antecesores a este… acaso no significan ya nada solo por pertenecer al pasado… Me niego a esa filosofía de vida que nos vuelca en el melodrama. Cada ser tiene sus tiempos y sus bellezas. Las rosas una existencia preciosa que dan belleza aunque efímera. Las personas no somos como los rosas, aunque también tengamos fechas de caducidad. Tenemos autoconciencia, joder, eso merece experimentarlo hasta con los momentos jodidos de nuestra existencia. Ya me conoces, me niego a todo lo que no salga de mi cabeza, llámame pomposa o cerrada de mollera, pero me niego a seguir las normas que no sean las de mi propia existencialidad. Por muy contradictoria que resulte a veces.
    Un abrazo.

  • Beauséant

    Jopé, **ÁNGELES**, últimamente tus comentarios son mejores que mis textos 🙂 Estoy por encomendarte la tarea… Creo que tienes razón, el problema es que muchas veces he confundido la dignidad con la resignación y eso no siempre es bueno. Pero sí, deberíamos aceptar, sobre todo en estos tiempos tan extraños, que hay cosas que no podemos cambiar por mucho que las peleemos y es mejor aceptarlas, intentar llegar a algún tipo de acuerdo con ellas.

    Es un buen sistema, **GALERNA**, quizás incluso el mejor. Me encanta, ya lo sabes, que discutas las cosas que digo… Y sí, claro, no somos rosas más que en algunas metáforas un tanto ñoñas. Tenemos auto consciencia, cierto, y por ello deberíamos ser capaces de desarrollarnos, de tener vidas que sean algo más que automatismos y, la verdad, creo que no lo logramos, o muy pocos lo logran. En cuanto nos despistamos volvemos al carril, dejamos de preguntarnos cosas para seguir la senda que nos han marcado… En fin, la conclusión de todo esto es que no tengo ni idea 🙂

  • Paloma

    Que algo termine no quiere decir que no tenga valor o que no haya servido de nada su existencia.
    Al contrario, lo apreciamos más porque sabemos que es efímero.
    Me ha gustado mucho esta serie de la evolución de la rosa. Ajada también es bella.

  • Beauséant

    A mi he sorprendido también que la pobre flor haya sabido envejecer con algo de elegancia. Siempre he pensado que envejecer era un poco eso, perder la elegancia porque tu cuerpo deja de ser tu cuerpo… Tienes razón, el saber que algo no estará ahí para siempre hace que le demos más valor, a veces se nos olvida con lo más importante, nuestras propias vidas.

  • virgi

    Hermosa en su decrepitud. Una muestra de vida que te ha servido para enhebrar una hermosa disquisición, cosa normal en ti. Un placer ver tus entradas, aunque sea de tanto en tanto. Te dejo un abrazo gordo.

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