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D.A

La clase de derecho autonómico me pone triste. Entro, me siento en la mitad del aulario, y espero unos segundos. Sigilosamente va posándose en mis entrañas, en mis ojos, en las comisuras de mis labios, en los poros de mi piel. Lenta y segura se instala. La tristeza. Un chico me sonríe dos filas más allá. Principio de inclusión. Artículo 46 del Estatuto de autonomía. No es una tristeza traducida en llanto. Es algo más sereno y permanente. Régimen de incompatibilidades. Artículo 52. Tras hora y media, dejo el pupitre con sensación de resaca, de abandono, de desesperanza. Y no hay vacuna para la tristeza de las clases de derecho autonómico.

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