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azogue

Crecí en una casa sin espejos. Mi tía y hermana de mi madre los había arrasado todos con barbitúrica precisión. En ellos vive la muerte, nos dijo a modo de explicación, escondida en las esquinas, entre esos gestos tan comunes que apenas reparamos en ellos.

Nada más decirlo recorrió cada rincón de la vieja casona tapando con trapos y sábanas cuanto reflejo salía a su paso, las habitaciones se llenaron de fantasmas y silencios. Caminábamos por ellas con miedo a despertar a los viejos espíritus y con el tiempo aprendimos a convertirnos en una más de esas presencias que vivían sin dejar rastro de su paso.

Eso no es suficiente, nos confesó aterrorizada semanas más tarde, aún puedo intuirlos bullendo bajo la superficie.

Arrancó entonces las sábanas con los que había tapado los espejos y los hizo pedazos para descubrir horrorizada que cada uno de esos fragmentos devolvía su reflejo y en cada reflejo brillaba su locura.

No se detuvo, quizás ya no podía hacerlo. Martilleó sin piedad los cristales hasta convertirlos en un polvillo opresivo que hacía crujir nuestros pasos y se colaba en la ropa, las estanterías y hasta en la comida. Era imposible caminar, posar las manos sobre cualquier superficie o abrir un libro y no sentir esa arenilla que era la representación física de su locura regresando a nosotras para recordarnos que no había escapatoria.

Mi tía se ahogaba en aquellos mares de azogue. No poseía mapas ni brújulas que mostrasen el camino de vuelta hacia Ítaca. A una Ítaca que quizás sólo existiese en su memoria de los días felices cuando aquella casa, ahora vencida, vibraba con las carreras y las risas de los niños, cuando las ventanas no estaban comidas por las hiedras y podían abrirse a un mundo exterior en el que aún era posible vislumbrar alguna esperanza.

No pudimos entenderla y al sufrir nuestras miradas cargadas de incomprensión supo que luchaba en soledad. Estaba atrapada entre nosotras y aquellos fantasmas que hacían burlas y muecas. Cada mañana los veo apoderarse de mi rostro, me explicaba una vez más, esperan pacientes a tenerte enfrente, a que te pongas los pendientes o te pintes los labios para entonces, justo entonces, componer una mueca. Te sacan la lengua, te deforman el rostro o te miran con desprecio.

A veces era peor, mucho peor. Te mostraban lo que de verdad tenías en la cabeza, pero no los pensamientos amables que siempre tenemos a mano, las reflexiones sencillas que anidan en la superficie. No, te mostraban lo oculto, lo que habías escondido y creías, por fin, olvidado. Todos tus errores, las decisiones que se quedaron a un paso de ser reales, la gente que ya no estaba y te miraba con un mudo reproche eran proyectadas sobre el cristal en un bucle de reproches y mentiras… todas las cosas que había perdido en una vida que sólo había consistido en eso, en perder cosas sin descanso hasta cobrarse el último aliento de cordura.

Mi tía sólo perdonaba los espejos de los hoteles, con ellos nunca tuvo problemas. Esos no te conocen, decía, no saben cómo hacerte daño.

15 Comments

  • Alma

    La locura…un tema que me pone mal, que me angustia por demás y que no puedo, nunca he aprendido a manejar…
    Me queda esa frase final haciendo eco, no te puede dañar quien no te conoce…me voy de aquí pensando, como siempre.

    Un beso.

  • Paloma

    Pero todas las vidas consisten en perder y perder y perder hasta que nos perdemos a nosotros mismos.

    Lo malo, lo que puede llevar a la locura, es resistirse.

    El relato es muy bueno, esa descripción del polvillo de espejo machacado que se colaba por todas partes me ha gustado mucho.

    Y la foto…¡otra vez esos liosos espejos! Voy a hacer como la tía, jajaja.

  • Myriam Goldenberg

    ¡Qué bien escribes! Leerte fue una delicia y esa tia ¿loca?, un amor. Te cuento, por si no lo superas, que en la religión judía se tapan los espejos cuando alguien muere, creo que para que su alma no extravíe el camino a la Luz.
    Besos y gracias por tus felicitaciones en mi blog

  • Carmen

    “se ahogaba en aquellos mares de azogue” qué imagen tan potente!
    Qué tendrán los espejos que son protagonistas de tantas historias,o locuras o…?

    Besos.

  • Beauséant

    Estoy de acuerdo, ALMA, he tenido suerte de no tener mucha experiencia en ese mundo, pero lo poco que he visto no he sabido manejarlo bien. Y sí, en el fondo sólo los que te conocen pueden hacerte daño, es tentador que no te conozcan, ¿verdad?, pero tampoco se puede vivir así…

    Ese es el trasfondo, TORO SALVAJE, que era verdad, al menos para ella lo era.. la locura o la cordura muchas veces es una cuestión de mayorías. Cordura es lo que todos digan que es estar cuerdo.

    Quizás sea mejor dejarse llevar, PALOMA, no buscar explicaciones, aceptarlo todo como venga… no lo sé.
    La foto, esta vez, es muy sencilla, sólo necesitas uno de los espejos de que había en aquella casa (el de la foto es el único que quedo vivo), y cuanto tiene algo de confianza contigo comienza a putearte 😉

    Muchas gracias, MYRIAM GOLDENBERG, no conocía lo de la religión judía, es muy, muy bueno, si lo llego a saber lo hubiese incluido de alguna forma.. además tiene todo el sentido del mundo, ¿verdad? Los espejos siempre confunden.

    A mi los espejos siempre me han dado sensaciones extrañas, CARMEN, cuando paso a su lado siempre miro por encima del hombro…. Muchas gracias !!!!

  • alessandrinimariamaria

    La vida es un ir y venir, un cambio constante y corriente, nunca sabremos con seguridad que nos depara un paso más allá, quizás tu tía entendía que esos espejos fueron en realidad su reflejo, que solo existía en su interior, excelente.
    Abrazo

  • Mento

    ¿Sabes? Esto es un poco como lo Spiderman en casa de ya sabes quien… jejeje. Leyendo he recordado lo que mi psiquiatra me dijo una vez: “mientras veas los demonios mirando desde el espejo es señal de que aún no te has vuelto loca… al menos del todo”.
    La foto, qué te digo, que me encanta… mismo gato, misma postura, misma personalidad, naaaa… lo normal. ¿Quién puede marcar con plena razón los límites de los reflejos?

    Saludos y buen finde 😉

  • Beauséant

    Podría ser, ALESSANDRINIMARIAMARIA, podría ser, con los espejos todo es posible. A veces tenemos demasiadas cosas en el interior y necesitamos algún mecanismo para que salgan al exterior.

    Una psiquiatra inteligente MENTO, ella no te lo dirá nunca, pero en el fondo todos estamos un poco locos.. en el fondo estar un poco loco es la única forma de estar un poco cuerdo… Vale, no tiene mucho sentido eso que he dicho 🙂 La foto me hizo gracia, a veces pienso que los gatos ven cosas distintas en los espejos.

    Es complicado saberlo, LA MUJER DE NEGRO, el poder distinguir la verdad no siempre es sencillo. Depende, como dices, de la conciencia, del momento, de las necesidades de cada momento…

    De nada, ANNA, un placer, ya lo sabes.

    Muchas gracias, MANUELA FERNÁNDEZ, es complicado intentar condensar muchas cosas en poco sitio, siempre se corre el riesgo de no ser preciso.

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