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… just do it

He perdido el norte. Como quien pierde las llaves de casa, yo he perdido la razón. No recuerdo un motivo para reír… pero río. No tengo amigos a quienes llamar… pero marco el número de teléfono de desconocidos y les cuento que soy un cocodrilo que acecha a otros cocodrilos, que les vigilo agazapado en alguna esquina y me lanzo sobre sus cuerpos reptantes en el momento más inesperado. He perdido la cabeza y soy un pequeño saurio a la caza y captura del gran saurio. Y me estoy quedando solo. Poco a poco. Irreversiblemente solo. Rodeado de suelos y paredes forrados con piel de cocodrilo. Irremediablemente solo. Y tú lo sabes… y tanto que lo sabes. Sabes que no puede ser. Que tú y yo somos cocodrilos y que cazamos cocodrilos como deporte, que mientras tú les persigues con inexorable persistencia, yo escucho sus cuerpos reptando. Con la esperanza de que vengan tiempos mejores. O no. Y sonrío. Otra vez. Quizá eso sea lo más grave, querido, que sonrío. Quizá por, o a pesar de que somos los cocodrilos a los que temen los demás cocodrilos

 

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