leer,  mirar,  otra vida

una fe inquebrantable

El pequeño ratón, bigote enhiesto y hocico rosado, no sabe nada en absoluto del laberinto. Las paredes de cartón cambian su configuración cada día y él sólo intuye un orden superior que guía su vida hasta el ansiado premio final, un trozo de queso grasiento y un poco sobado que reposa sobre un atril de metacrilato.

El laberinto es su vida, todo lo que necesita conocer, y el queso todo lo que ansía conseguir en su corta y frustrante existencia. Si en algún momento fuese elevado a las alturas del laboratorio por alguno de los tipos de batas blancas para enseñarle la realidad se negaría a creer lo que ve. Concluiría que esa visión, el laberinto, los ordenadores, las mesas llenas de objetos, son fruto de la locura. Su vida entera es el laberinto, eso es todo lo que tiene y nadie deja de creer en algo si la alternativa es un vacío aterrador.

Cuando era muy pequeño creía en Dios y en muchas otras cosas que he ido relegando a olvidados cajones. Crecí en un lugar era todo en blanco y negro del que sólo recuerdo ver pasar a la altura de mis ojos tobillos regordetes embutidos en medias de color carne y botines gastados que relucían de tanto uso.

De vez en cuando era tomado en brazos y contemplaba rostros que olían a tabaco, lejía y miseria. Era el mundo de los adultos, me lo enseñaban llenos de orgullo y yo lloraba desesperado, así es como salgo en casi todas las fotos de aquellos años. No era capaz de expresarlo con palabras, pero me sentía como el ratoncito de ahí arriba ansiando volver a la seguridad de su laberinto.

Me costo muchos años descubrir que todos esos adultos a los que había entregado mi vida chapoteaban en el mismo caos y la misma tristeza que yo, todos igual de perdidos y asustados ante lo que nos rodeaba. Fingiendo crispados que todo era normal, que la vida era exactamente eso porque, ¿qué otra cosa podía ser?

Una parte muy importante de mi vida se vino abajo al sentir ese vacío, la nada ante mi ojos. Aún así logré construir algo parecido a una existencia aferrándome al Dios de los adultos y al que rezaba, pedía ayuda y suplicaba perdón para casi todo. Me masturbaba y le pedía perdón, golpeaba a otros niños y rogaba su piedad. Todo era sometido a su escrutinio y su moral… era agotador.

La vida, ajena a mis problemas, siguió su curso. Me hice un adulto prematuro y decidí buscar otros Dioses más acordes con la persona moderna e inteligente que me creía. Leí todo lo que encontré en la mísera biblioteca del barrio hasta decidir que éramos una simulación informática, un programa ejecutándose en las entrañas de algún súper ordenador cósmico. Los parpadeos de mis ojos cansados de tanto leer eran tasas de refresco, el dormir operaciones de mantenimiento.

El adulto prematuro de entonces es ahora un viejo cansado que ha dejado de creer y lo lamenta. Me gustaría recuperar la fe inquebrantable de ese ratoncito en su laberinto de cartón. Volver a convertirme en un niño que encuentra consuelo y seguridad en el mundo de los adultos y en la búsqueda incansable de ese trocito de queso que otorgará algo de sentido a todo este lío enorme de vivir.

Para Manuel, si logras escapar no olvides volver para contarnos la realidad.

14 Comments

  • Alma

    Cuántas y cuántas veces he deseado poseer esa fe. Volver a ser niña, ver el mundo con aquellos ojos… pero cada día me resulta más difícil. Abres el periódico; escuchas las noticias en la tv; cómo se comporta la gente en la calle; qué hacen aquellos que (se supone) te quieren…y (me) es inevitable preguntar: ¿dónde estuvo la falla? ¿cuál fue el instante en que todo comenzó a romperse?

    Como siempre que vengo aquí, me quedo pensando… gracias. Un beso.

  • Paloma

    Pues sí, esa fe infantil es un gran consuelo. El que la conserva tiene más fácil la vida.
    Los que no creemos tenemos que aprender a vivir sin certezas.
    Seguimos siendo un poco ratoncitos, ratoncitos a ratos valientes y otros asustados. En realidad, no sabemos nada, excepto que estamos aquí y un día dejaremos de estar.

  • Amapola Azzul

    Necesitamos algún tipo de fe, sino la vida se hace extremádamente dura, algo en lo que creer , algo que de sentido a la existencia, un abrazo.

    Bonito relato, me gustó mucho.

    Tal vez necesitamos algo por lo cual luchar, y que nos haga buscar la,salida al laberinto, en el cual cada uno más o menos nos vemos, se ve inmerso , uno a veces.

    Parecíeramos un experimento divino, y al final buscamos algo más allá, más allá de las paredes y el queso.

  • Toro Salvaje

    Me parece un texto magnífico.
    La biblia de los que no se han dejado engañar.
    No indica camino, ni salida, pero al menos destripa las mentiras y muestra el caos.
    Magnífico, lo reitero.

    Saludos.

  • Beauséant

    Pensamos juntos, *ALMA*, escribir ciertas cosas es una forma de dotarlas de cierto orden que, en realidad, no sirve para mucho, pero al menos sirve para “sacarlo fuera”. Se pierde la fe como se pierde todo en esta vida, sin darse cuenta.

    Es un buen (y triste) resumen, *PALOMA*, un día estamos y al siguiente nada de nada. Sería bueno conservar la fe, aunque algunos lo que hacen es refugiarse en una especie de pensamiento mágico que encima les impide intentar moverse o, al menos protestar. Como bien dice *AMAPOLA AZZUL*, necesitamos algo en lo que creer, pero algo que nos haga luchar, patear las cosas en busca de un sentido y no quedarnos sentados esperando a que todo tenga un sentido..

    Por una de esas casualidades, *ÁNGELES*, he empezado esta mañana con él, aunque he tenido que bajar mi ritmo de lectura porque no es un libro, es una jungla en la que toca abrirse paso a machetazos 🙂 De momento no ha salido ningún ratón, pero seguro que aparece alguno, gigante, una especie de Dios que atrapa a los humanos en un laberinto al que llaman vida (me apunto eso para otra entrada) Gracias por la recomendación 😉

    Muchas gracias, *TORO SALVAJE*, me ayudan mucho tus palabras, en serio. Hace tiempo que he renunciado a buscar respuestas o dar soluciones, ahora enuncio cosas, las pongo por escrito y veo si existe alguna forma de afrontarlas. Lo que tengo claro es que no pienso aceptar nada en silencio y sin protestar, al menos que no nos quiten eso, ¿verdad?

  • Jo

    Hace tiempo tuve el impulso de tener un poco mas de libertad sin atarme a dogmas sobrr todo y costumbres heredadas de mis papás. No es renegar de ello solo una búsqueda
    Y si encontré algo sl menos siento con mss coherencia sin ataduras, homilias y horarios seculares
    No lo se de cierto quizá de tan arraigado que a veces seguro blasfemo si te digo que cua do camino por la noche sola hacia casa hablo con mi papá que yo pienso está en el cielo y me escucha
    Y ppr la mañana solo digo un mantra para agradecer que siento el solecito en la cara y que sigo viva.

  • Beauséant

    La fe es necesaria, *MUCHA*, eso es verdad, al final cada uno debe buscar la suya. Encontrar algo que te de esas alas de mariposa de las que hablabas hace tiempo … Gracias

    Esa necesidad de escapar, *JO*, no es, efectivamente, una forma de renegar, es sólo eso, buscar tu propio espacio, equivocarte por ti mismo. Es verdad que una vez recorrido ese camino a veces acabamos regresando al punto de origen y esto tampoco es una derrota. Necesitamos encontrar nuestro hueco, nada más.

  • Mucha

    Contestando a tu respuesta
    Creo que tener fe ayuda en la vida
    Fé sin iglesias ni confesionarios
    creyendo en vos primero ante todo
    y seguir amando….
    Amando la vida porque estamos vivos
    amando lo que sentimos porque estamos completos
    dando lo mejor que tenemos eso es saber vivir mi querido

  • Mento

    ¿Por qué la alternativa ha de ser un vacío aterrador? ¿Quién lo puede afirmar? ¿En qué basaría su afirmación? ¿En hechos…? Lo quiero comprobar, que me lo demuestren.
    😉😚

  • Beauséant

    Fe sin iglesias ni confesionarios, así es *MUCHA*, para algunas cosas no hacen falta intermediarios que jueguen con nuestra culpabilidad , efectivamente es la mejor forma de sentirse completo…

    Lo afirmo * MENTO * culpable me declaro 🙂 Creo que muy pocos son capaces de abandonar su sistema de creencias, aunque esas creencias ni tan siquiera sean nuestras sino heredadas. ¿Recuerdas la película de matrix?, en la vida real creo que todos habríamos elegido la pastilla azul, seguir con nuestras vidas, cerrar los ojos como si el monstruo de debajo de la cama no existiese… ¿Hechos?, pues con mirar a nuestro alrededor creo que valdría, ¿no?

  • Mento

    A mi no me vale. Yo necesito razones aisladas de la mayoría. Datos concretos, razonables, comprobables por si y en si mismos. Generalizar es algo que las personas hemos aprendido a hacer cuando la razón necesita ser cuestionada y llegar al Fondo. La fe solo es inquebrantable cuando es garantía, y la garantía es lo que confirma que un hecho se puede verificar.
    😉 y no, yo no la hubiera elegido, porque soy de las personas que aunque me cague de miedo por las patas abajo, me bajo de la cama y trato de echar al ocupa de abajo.

  • Beauséant

    No lo dudo, *MENTO*, no lo dudo, le preguntaré al ratoncito la próxima vez que lo vea. La última vez ahí seguía, dando vueltas al laberinto, me dijo que estaba bien, quizás un poco cansado, que se sentía un poco cansado, como si le faltase algo en la vida. No quise decirle la verdad, claro, quién soy yo para hacerlo, me dije. Para la siguiente si quieres vamos los dos y se lo contamos 😉

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