• leer

    El final es donde partí

    ¿Recuerdas aquellas noches después de los conciertos? Cuando la multitud aún esperaba abajo para poder tocarte y oírte, para mantener ese hilo invisible creado por las luces de neón y un puñado de canciones. Chicas, casi siempre chicas fáciles de impresionar, y copas que alguna mano amiga siempre se encargaba de rellenar. Las mismas manos convertidas más tarde en mil puños furiosos reclamando favores y deudas impagadas… De todo aquello sólo conservas un puñado de heridas sin cicatrizar, una vieja guitarra un poco más afónica y unas gastadas botas de auténtica piel de caimán. Estoy acabado, piensa mientras se pasa una mano por el rostro sudoroso y con la otra…

  • leer

    Jaime

    Tengo que dejar a Jaime. El problema viene cuando leo el futuro en los slogans de sus camisetas de viernes, o cuando, de madrugada, se desabrocha el tercer botón de la camisa. Ese es el problema. Porque, entonces, quiero apurar en sus clavículas lunas y estrellas antes de que el día las confunda… entonces busco en su cuello la respuesta aunque no tenga noción de la pregunta. Entonces su piel me habla y siento en ella la tensión muscular de un amor que quizá esté por venir… Porque es muy suyo también, sí, y no puede ser ni un poco mío… Por todo eso, por algo más, también, por algo…

  • leer,  mirar

    Mont Saint Michel

    Él hablaba con Dios. Era una voz chillona y persistente alojada en lo más profundo de su cabeza que le ordenaba cosas absurdas e imposibles. Al principió se negaba a obedecerle, pero siempre que lo hacía acababa revolcándose en el suelo con los ojos en blanco, y las sienes taladradas por agujas de fuego que le hacían desear estar muerto. Todo comenzó con cosas sencillas: no mires a esa mujer, no comas carne el día de mi cumpleaños, azótate la espalda con más ímpetu, y cosas así. Pero las apuestas fueron subiendo, y pronto le ordenó abandonar todas sus pertenencias terrenales. Mi palabra, decía la voz, es lo único que…

  • leer

    Plan B

    Nos hemos ido acostumbrando a lo irremediable con la tenue grisura de los días. Deberíamos probar a atracar un banco, a perpetrar un crimen, a robarle el bocadillo a los niños en el parque… qué sé yo… reencontrar la fascinación, el abracadabra de la chistera que nos mantenga en la perpetua ilusión, aunque sea una ilusión desencantada, amarga, escéptica, aunque ya conozcamos el truco y ni siquiera queramos esperar a recoger los caramelos a la salida… deberíamos… deberíamos deshacernos de esta elegante mezquindad antes de que la vida cuente su propia versión sobre nosotros mismos, ya sabes, según le vaya, y no haya tiempo ni para nostalgias, ni para arrepentimientos,…

  • leer

    (des)propósitos

    Porque esta noche me haya bebido contigo hasta la fibra de vidrio de las nubes… Porque haya sobrevivido a tus oleadas de trascendencia, esas que siempre resuelves tirando por el canal de mi escote hacia abajo… no te hagas ilusiones. Tú y yo sabemos que no tenemos edad ni razón para hacer heroicidades, como mucho, y ni siquiera, un curso de macramé. Así que, despierta, deja de creerte que eres el rey de Oklahoma y el dueño de todo el Oeste… Billy el Niño jamás permitiría semejante gilipollez…

  • leer

    Princesa del bulevar

    Lo cazó. Un enorme y sabroso gusano que se defiende retorciéndose entre las garras de acero. La desesperación de quien se sabe perdido. El último cartucho. La última bala. Golpea contra el mármol de la fuente la cabeza de la lombriz hasta convertirla en una masa deforme. Dos segundos. El gorrión levanta la cabeza orgulloso, y sus vidriosos ojos se cruzan con los de la mujer apoyada en el banco. KO técnico. La mujer contiene una arcada, se lleva las manos a la boca y comienza a vomitar un líquido amarillento apoyada al borde del banco. A su lado la gente pasa apresurada dejando ver en sus rostros de piedra…