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Noches sin luna

El último recuerdo de su infancia era una puerta derribada por los hombres parapetados tras grotescas máscaras acompañados por un ruido metálico de armas y confusión, para llevarla lejos de lo que entonces pensaba era su única familia.

Desde ese día ella siempre duerme con el reloj cerca de su oído. Un reloj viejo y cansado que se arrastra por horas de un tiempo ya pasado, sin utilidad alguna en el presente. Para la niña eso no es importante, hace mucho su tiempo se detuvo, y ahora sólo busca refugio en el tictac del reloj que parece moverse  al unisono con su corazón, guiándolo a través de las noches sin luna.

El hombre gordo ha muerto sin honor en la bañera. La niña del reloj no puede saberlo, si lo supiese esta noche dormiría mucho mejor, y ya no necesitaría un reloj vencido para guiarla en las largas noches sin luna.

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