historia, memoria,  leer,  mirar

mensaje dentro de un reloj

Esta mañana, al levantarme con el sueño pegado a los ojos, he tirado al suelo un viejo reloj despertador. Un aparato de latón mellado que tengo de adorno porque hace tiempo que se quedó afónico y que ha ido pasando de generación en generación, de mesilla en mesilla, como un venerable anciano que nadie sabe dónde colocar.

Es el típico despertador de la posguerra. Una de las primeras cosas que compraban nuestros abuelos cuando se casaban y empezaban a construir sus vidas en común. Esos despertadores tenían una misión sagrada grabada en sus almas mecánicas, eran un tótem, una señal de confianza en el futuro que les aguardaba.

No falla, cuánto más pobre es la gente en España, más fe tienen el futuro.

La pobreza de la posguerra era aterradora, por eso todos soñaban con escapar de ella y esos aparatos que iban llegando a las casas poco a poco eran las baldosas amarillas sobre las que trazaban el camino de huida. Objetos mal construidos y caros, como lo han sido siempre las cosas para las clases bajas españolas, pero que les permitían tener la esperanza de que todo iría mejor, quizás ya no para ellos, sino para todos los que vendrían después.

El caso es que he tropezado con él y ahí se ha ido el pobre despertador, directo al suelo. No se ha roto, se ha quedado en el suelo mirándome con cara de susto y, de repente, ha empezado a funcionar. Un tic tac glorioso que ha inundado la casa tras décadas de silencio.

He pensado que quizás quería decirme algo. Un mensaje de todas esas manos que lo tocaron sin cariño, dieron cuerda, o hicieron callar con ojos cansados antes de empezar otra jornada en trabajos que eran como agujeros negros.

¿Qué podrían querer decirme mis antepasados?, no tengo nada en común con sus vidas. Hemos llenado las nuestras de todo tipo de objetos que lucen, que suenan y se comunican de mil maneras pero que son incapaces de hacernos soñar con un futuro prometedor. ¿Y las guerras?, las batallas de mi generación son, sobre todo psicológicas, batallas contra nosotros mismos en las que habitamos el bando de los derrotados. Perdimos la fe en nuestros padres casi al mismo tiempo que la fe en Dios y nos quedamos con un vacío inmenso que no hemos podido llenar con montones de objetos caros y mal construidos.

Aunque no entienda el mensaje de ese despertador, me gusta el sonido que hace vibrar la casa. Escribo estas líneas siguiendo el ritmo del tic tac mientras intento descifrar ese algo que es importante aunque aún no lo haya descubierto.

15 Comments

  • la chica triste de la parada de autobús

    Quizás la clave está en el último párrafo. Tal vez, y sólo tal vez, es un metrónomo que va a marcar el ritmo del resto de tu vida.
    Precioso texto, como siempre 🙂

  • Alma

    Es casi lógico diría, pero tus letras me han hecho viajar en el tiempo, a aquel en el que de niña dormía en casa de mi abuela paterna y en donde mi ‘Tata’, que se levantaba muy temprano para abrir su puesto en la feria del barrio, usaba un viejo reloj despertador, todo de metal y que yo muchas noches en el intento de dormirme, me parecía el tic-tac de una bomba… jajajajajajaja!

    También me quedo pensando en esas diferencias generacionales de las que hablas… siempre he marcado eso de que nuestros abuelos tenían poco y nada y eran ricos… ricos de ganas, de ambiciones, de esperanzas, de ideas, de propósitos; y en cambio ahora, están las generaciones que tienen todo o casi, y sin embargo nada llena el enorme vacío interior, esa mirada a la nada, desahuciada diría. Siempre me he fijado, por ejemplo, en las sonrisas de los niños… más pobre es el país al que vas, más grande es la sonrisa de ellos, juegan y se divierten con nada; y luego basta observar a nuestro alrededor, el noventa por ciento de los niños tienen celular, tablet, tv smart, pc, psp… y lo que se te ocurra, pero todos se aburren y no se divierten ni sonrien demasiado… éste es el mundo que hemos creado, y me incluyo, porque todos somos responsables seguramente.

    Y ya me he volado, como siempre con tus textos… un beso e inicia muy bien tu semana.

  • Beauséant

    Muchas gracias, **LA CHICA TRISTE DE LA PARADA DE AUTOBÚS**, me gusta esa última frase, la del metrónomo, es una buena metáfora, porque guía tu vida, pero debes darle cuerda cada día para que lo haga. Muchas gracias.

    Yo tambien volaba un poco al escribirlo, **ALMA**, no me ha ocurrido muy a menudo, por suerte, pero me ha tocado organizar y remover en los resto de algunas vidas. Los objetos, la ropa, las cosas que fueron importantes, y al hacerlo, es imposible no hacerse una idea de la vida de esa persona

    En casi todos esos objetos, siempre aparecía algún despertador. Objetos no muy buenos que, sin embargo, tenían una gran importancia para ellos. Ahora ya casi nadie usa un despertador, esa es otra de las cosas que hemos ido perdiendo, claro.

    No creo que las generaciones anteriores fuesen mejores ni que lo tuviesen más facil, pero si opino como tú, que teniendo muy poco parecían menos ansiosos, menos frustrados… A esas alturas sabemos que el acumular cosas no da ningún tipo de felicidad, pero nos cuesta asumirlo… Muchas gracias, ahora he volado yo con tu comentario 😉

  • Paloma

    Me ha gustado mucho este escrito.
    He recordado un despertador de ese estilo que tenían mis tíos en su mesilla. Hacía un tic tac estruendoso.
    Yo pensaba, ¿cómo podrán dormir con eso en los oídos? Pero al mismo tiempo el sonido o ruido tenía algo de familiar o tranquilizador.
    Me he acordado de más cosas relacionadas con los despertadores pero no me enrollaré.

    (He visto que también tienes el blog en WP, me he liado un poco pero te seguiré por ahí)

  • Vita

    Me ha gustado. Empencé a leer con poca convicción, y de manera apresurada, hasta que las palabras del texto, una a una, me fueron atrapando. Al final el tic tac se quedó dentro de mi cabeza como el sonido de aquel metrónomo que hace años usaba para marcar el ritmo de mis piernas mientras corría.

  • Toro Salvaje

    He pasado del despertador a una radio enorme que tenía mi madre en la habitación donde cosía.
    En el dial estaban los nombres de un montón de ciudades del mundo.
    A mí me parecía pura magia aquella radio.
    No sé cómo se ha producido la asociación al leer tu texto… pero ha ocurrido.
    Será que en el fondo los objetos son totems… pues igual sí.

    Saludos.

  • Beauséant

    En mi familia, **PALOMA**, siempre le hemos tenido mucho apego a los despertadores, no sé si es porque somos de clase trabajadora 🙂 Hace algunos meses intenté volver a tener uno de esos que aún funcionaba en la mesilla y tienes razón, es casi imposible dormir con ese ruido pegado a la oreja… Y sí, creo que tengo el blog dado de alta ahí, pero no tengo muy claro como funciona 😉

    Muchas gracias, **VITA**, por darle una segunda oportunidad al texto. Intento, en la medida de lo posible, que los textos sean lo más ágiles posible, incluso sacrificando otras cosas, pero es cierto que este formato no invita a textos largos. Así que lo dicho, que gracias.

    Es verdad, **TORO SALVAJE**, ¡la radio!, en el salón de mis padres había una de esas, enorme, con las letras en alemán y una lista con todas las ciudades del mundo que me entretuve en buscar en un atlas… Hace años volví a encenderla, pensaba que estaba rota porque sólo salía un zumbido de su interior y, de repente, me llego una voz como de ultratumba del altavoz… Pura magia, si, gracias por recordármelo.

    Cierto, **CABRÓNIDAS**, el último moderno que tuve murió porque las pilas se sulfataron y el pobre ya no pudo sobrevivir a eso, ya ves, que poca cosa son…

  • alessandrinimariamaria

    Es quizas un deseo que te deletrea un tiempo pasado, una conquista de aquellos seres desconocidos, siempre encontraremos objetos relacionado con el ayer, Quizas volvemos en el tiempo permanetemene. Me ha gustado mucho. Dios te ama aunque no lo creas, no te predico ya que no tengo religion, soy espiritual.
    Abrazo

  • María

    Yo ahora no utlizo despertador convencional. El despertador que utilizo es la alarma del móvil. Y además con música baiable para levantarme con energía, y no te imaginas con qué alegría se levanta una jajajajaja,

    Un placer leerte.

    Besos.

  • Mento

    Me gusta mucho cuando escribes así.
    Yo tenia un despertador de esos de martillo y de latón, tenia cuerda y si olvidabas darle, jejeje, se paraba. A mi me parecia algo tan primitivo, y especial por sus características, que me encantaba. Cuando empezaba a martillear en sus dos campanas no había sueño que se le resistiera. Desapareció en una mudanza y lo lamenté. Me acostumbré a dormir con ese ensordecedor tic tac, que a mi me servia de hipnotizador para el estrés y me dormia a su compás.
    ¿Sabes? Quizás la respuesta a ese algo que te parece importante y que tienes la sensación de no entender, esté por ser desvelada antes de lo que esperas…

  • .+**+.Kadannek.+**+.

    Tenemos más en común con nuestros antepasados de lo que creemos. Somos memoria, fragmentos de historias inconclusas prolongándose de generación en generación hasta ser concluídas. El inconsciente familiar y colectivo es cosa seria aunque tampoco hay que tomarselo muy en serio, si es que tiene sentido esta contradicción aparente. Sea como sea, las raíces pueden ser las mismas pero la forma de lidiar con las batallas y la forma que cobran esos horrores son otras.

    Es triste llenar vacíos con objetos, con marcas, con relaciones, con status, simples elementos que a la larga no solucionan algo, sólo son simbolismos de lo que carecemos.

    Me ha encantado leerte de nuevo. Aquí estoy, volviendo, no tan activa, pero aquí estoy.

    Gran reflexión, gracias por compartir.
    Por cierto, la foto es todo un espectáculo, hermosa.

  • Carmen

    Oh…es el despertador que tenía mi abuelo!
    Qué recuerdos…
    Ese ruido del tic tac parece que lo estoy oyendo.
    : )

    Siempre usé despertadores minúsculos,sencillos y sin ruido.Y un día compré uno grande que tenía encendida la hora todo el rato…así si me despertaba sabía con un vistazo qué hora era y si a los niños les tocaba el biberón…tenía radio y mil funciones.Un día me harté de tanta “sofisticación” y lo regalé.Ahora uso el móvil…q no debería tenerlo en la mesilla,pero…es que también he eliminado los terminales del teléfono fijo y me preocupa que mis padres,etc no puedan contactar conmigo durante la noche.
    Todo este rollo para decirte que tenemos demasiados gadgets inútiles.
    Y que ese viejo despertador te ha mandado una señal…

    Besos.

  • Beauséant

    No sé si todo el mundo, **ALESSANDRINIMARIAMARIA**, pero yo soy una persona que vuelve siempre sobre el tiempo. Quizás demasiado, la verdad, como si todos esos objetos tuviesen algún tipo de mensaje que entregarme y, ya ves, lo mismo no es nada de nada.

    Lo de las melodías bailables, **MARÍA**, lo he probado sin éxito 🙂 terminaba por odiar canciones que antes me gustaban… ahora pongo una melodía anodina de esas que vienen de serie y así no me enfado con nadie.

    Muchas gracias, **MENTO**, creo que sé a que te refieres con “así” porque, a veces, escribo algo y digo me ha quedado un poco asi, aunque nunca tengo claro si ese “así” es bueno o malo 😉 También tuve una época de usar un despertador de esos, con dos martillitos que golpeaban unas campanas metálicas. Me acabé acostumbrando, pero algunas noches de desvelo era un poco tortura, no me arrepentí de haberlo perdido, la verdad. Si alguna vez descubro la respuesta te lo haré saber.

    Es una reflexión muy acorde a estos tiempos, **.+**+.KADANNEK.+**+.** creo que hemos perdido parte de esa memoria colectiva, de tribu, que comentas. Nos parece algo sin importancia y, sin embargo, en esas historias, en los pequeños detalles se encuentran las explicaciones a muchas de las cosas que nos ocurren ahora y que no sabemos explicar. Por eso mismo que comentas, porque los problemas pueden ser similares, pero no lo es la forma en la que te acercas a ellos y los resuelves (o intentas resolverlos). A veces creo que todos los objetos que compramos y desechamos en una ciclo voraz son pobres sustituos de esa base. Veo a mi alrededor, en mi generación, en mi propia persona, una especie de vacío, de falta de objetivos que, a la larga, puede ser devastador. Es verdad que las generaciones anteriores lo llenaban con cosas muy sencillas que, en muchos casos, eran puras obligaciones. Vamos, que tampoco creo que ellos estuviesen mucho mejor, pero al menos parecían ir hacia alguna parte…. ¿Ves?, a mi también me haces divagar 😉 Muchas gracias por pasarte y por tus palabras.

    Es muy triste, **SES**, cuando ves esas cajitas, cuando te toca recogerlas, y comprendes que en el fondo a ti no te dicen nada. Es como si se hubiese roto un vínculo sagrado, al menos para mi. Eran sus objetos más preciados y para mi no son más que cosas inútiles que guardaré por obligación hasta olvidarme de ellas o perderlas.

    Yo me prometí no caer en eso de usar el móvil como despertador, **CARMEN*, y al morir el que tenía, uno de pilas bastante sencillo, he empezado a usar el móvil…. A veces me pasa lo que a ti, que intento simplificar, luego me canso de simplificar y me vuelvo a complicar, y así ando, sin aclararme del todo, aún no sé cuál es la opción correcta, quizás porque no exista tal cosa.

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