leer

La gran obra

Existe la creencia de un Dios todopoderoso, creador del universo en siete días, una creencia construida sobre un puñado de mentiras escritas por los vencedores, y de un puñado de estúpidos creyentes incapaces de saber lo que es una obra de ingeniería de esas proporciones.

Cuando Dios creó el mundo, lo hizo repartiendo el trabajo sucio entre un montón de personas y seres extraños. Uno de ellos fue el diablo, encargado de dar los últimos retoques. Una decisión que puede parecer un poco estúpida, pero que se entiende perfectamente si tenemos en cuenta que el diablo por aquel entonces no era El Diablo, sino un tipo normal subcontratado para acabar La gran obra

Tan orgulloso estaba el Diablo de su trabajo, que decidió quedarse a vivir aquí, entre nosotros, tan estúpidos y orgullosos que eramos el objetivo ideal para sus siniestros planes. Muy pocos de nosotros podemos llegar a verle, pero el si, nos conoce tan bien que cuando nos cruzamos con él sentimos nuestro corazón latir palpitando entre sus garras, como algo que ya no nos pertenece.

Dios tardo mucho en comprender su error, justo cuando las cosas ya habían escapado a su control. Ni diluvios ni apocalipsis lograron enderezar el rumbo que tomaron las cosas, y lo único que pudo hacer fue crear un detector del Diablo, así, pensaba El, los hombres podrán huir a tiempo de sus malignas obras. Ese detector tenía que ser un fiel amigo del hombre, inteligente y valiente como un verdadero creyente.

En este punto la historia se complica, y es difícil encontrar un narrador fiable. Bien por oscuras artes, bien por traición, el Diablo logró, poco antes de su alumbramiento, llenar de sombras el cerebro de tan extraordinaria criatura.

Por eso ningún humano puede saber cuando un perro ladra en medio de la noche, si lo hace al sentir el Diablo cruzarse en su camino, o si sus aullidos tratan de espantar a algún viejo fantasma qué cruza el erial desolado de su confundida cabeza.

3 Comments

Leave a Reply to aroa Cancel reply

Your email address will not be published.