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hay lluvia en mi zapatos

A la salida de la estación llovía a gritos y la gente desplegaba un ejercito de paraguas para intentar conjurar el diluvio. Todos corrían sin dirección y todos eran jirones de un gris sucio recortado contra los neones de los escaparates.

En la parada de taxis salió a recibirme una paloma estampada contra el pavimento y no me hizo falta ni un vistazo a mis bolsillos para saber que había perdido el papel con la dirección.

Miré a la paloma en busca de respuestas, pero era inútil. Estaba muy ocupada con medio cuerpo fundido con el hormigón y las patitas ondeando hacia el cielo intentando en vano volver a despegar. No te esfuerces, le dije, esta ciudad es el peor lugar del mundo para esperar milagros.

Estaba claro que nadie acudiría en nuestro auxilio y a mi alrededor todo empezaba a tener ese aire gastado de premonición, de página ya leída y doblada mil veces en el gran libro del universo.

La lluvia, el tráfico, la muerte en cada esquina como una presencia palpable. Las cosas parecían estar igual que las recordaba en aquella ciudad a la que sólo vuelvo en mis pesadillas más recurrentes.

El discurso del funeral estaba en manos de un chico muy alto y triste con un traje demasiado grande que le hacía parecer torpe y derrotado. Dijeron que era tu hermano, que nos habíamos conocido hace muchos años, que fuimos grandes amigos, los tres. ¿Te lo puedes creer?

Se agolparon todos a mi alrededor para quitarme el aire y no dejaban de repetirme que no habías sufrido nada, que todo había sido un suspiro. Al principio del mismo estabas vivo y al final, ya no. Así de sencillo. Era tanto su empeño, tan fingidas sus toses apresuradas y sus miradas esquivas que no me quedo ninguna duda que era mentira.

Se me escaparía tu muerte casi tanto como se me había escapado tu vida.

Tu te quedaste, yo me fui. Yo vivo, tu mueres. Me gustaría saber hacer algo con todo eso, un puzzle o un origami, un avión de papel o un libro de instrucciones. Algo asible, que tenga sentido, alguna lógica que sirva para algo, que pueda colocar en una estantería y volver a mirarlo cuando ya lo haya olvidado.

Veo a toda esa gente que has reunido aquí, siento su dolor y su estupefacción y comprendo que de verdad lograste crear algo en este lugar. Algo grande y hermoso que no debería haber muerto contigo.

Y ahora ninguno sabemos como dar un portazo a todo eso, a como enterrarte, a como olvidarte.

Me gustaría saber hacer algo útil con todo este dolor.

hay lluvia en mi zapatos

14 Comments

  • Stand by

    No puedes hacer absolutamente nada con todo eso. Dejar que pase. Confiar en que no deje demasiada cicatriz y, si es mucha, que al menos la sepas llevar con cierta elegancia.

  • Beauséant

    Las palabras siempre vuelven, Athe.. la lluvia es opcional, aunque en esta casa nuestra parece bastante habitual, lo sé.

    Sospecho que es verdad, Alfred, hay muchos libros empeñados en enseñarnos valiosas lecciones de todo, pero hay cosas de las que simplemente no se aprende nada. Como dice Stand By, cruzar los dedos para al menos salir de pie y saber llevarlo con algo de dignidad o elegancia.

    LLevaba mucho tiempo con esas letras guardadas, Toro Salvaje, y al final han decidido salir. Siento tu perdida.

  • kadannek

    Sabes? al contrario de lo que dicen, yo pienso distinto. Pienso que se puede canalizar un sufrimiento y hacer algo productivo o al menos con significado personal. Hay actos simbólicos que sanan, hay lecciones que sólo se aprenden en momentos radicales e intensos, pero sólo si tienes la sapiencia interior o un criterio atento para poder verlo.
    He estado en la situación que describes, no en el mismo contexto, pero crecí mucho y aprendí mucho. Sólo hay que tener algo de altura de mira y flexibilidad mental. Aunque puede que no tenga lógica.

  • Anonymous

    Todo es difícil al principio, de un todo, luego el tiempo que no existe ronda recuerdos como antes, como el estar juntos sin el tiempo, ni la muerte.

    Abrazo

  • Beauseant

    Puede, y ojala sea así, kadannek que tengas toda la razón.. yo siempre he sido incapaz de hacer algo útil con las cosas que no entiendo, con las que me sobrepasan.

    A veces pienso Anonymous que los recuerdos muchas veces nos los inventamos para intentar buscar el lado amable de ciertas cosas. No me parece mal, es un mecanismo de defensa contra esas cosas que no podemos explicar de las que hablaba con kadannek

  • castigadora

    Nada es más torpe que intentar paliar el dolor con palabras. El dolor está y permanece, hasta que lentamente se queda dormido dentro esperando para despertar de nuevo.
    Un texto brillante.

  • Esther

    Muy bonito y triste.

    Odio ir a funerales. La tristeza en cada persona también y el que no puedes hacer nada para cambiar todo eso, pero hay que mentalizarse y seguir, con los que aún quedan y contigo mismo, pues aunque suene a cliché, todo pasa y los que se fueron (personas, mascotas…), siempre vivirán mientras estén en nuestros recuerdos, además de que a ellos no les gustaría vernos tristes.

    Un saludo y encantada, siempre encantada, cuando me paso por aquí 🙂

  • Beauséant

    Gracias, castigadora, las personas nos vemos obligados muchas veces a meter palabras porque nos aterra el silencio, pero es cierto, las palabras muchas veces no dicen nada.

    En realidad, Esther, los funerales son para los vivos. Es decir, para que te vean sufrir y no piensen lo contrario. En el fondo me gusta más el dolor íntimo que el público y, como dices, intentar en la medida de lo posible mantenerlos vivos en nuestros recuerdos y nuestro día a día… Muchas gracias, el placer es mutuo 😉

  • Beauséant

    Sería bonito que eso sea cierto, Isaac, que del dolor se pueda sacar verdaderamente útil, aún si saberlo… el tiempo me ha ido enseñando que eso rara vez ocurre, pero a veces, a veces ocurre, es verdad.

  • Jo

    perdona que me entrometa en este maravilloso escrito. pero parece que la lluvia tiene culpa siempre de las melancolias, de la saudade que no se quiere ir o secar.. yo que sé
    cuando murió mi padre recuerdo que el dia del entierro cuando todo acabó y lo dejamos en el cementerio rompí a llorar como cántaro justo porque en ese momento que ya queria mas ganas de dormirme a pesar de ser las 3 de la tarde toda la ciudad se inhundo y la lluvia no paró hasta el siguiente dia y creo que hasta llovía con mucha furia
    y entre mas llovia… yo lloraba mas

    ..

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