leer,  otra vida

el día en que estemos todos muertos (y no lo sepamos)

Es la hora más brillante del último día del verano y todos nos hemos congregado en la azotea para despedirlo; nos recorre una energía sucia y primitiva que eriza el cabello y nos amputa el alma. Sentimos que si no abrimos las alas, si no damos el salto definitivo, ahora, en este mismo instante, ya nunca lo haremos: estaremos atrapados aquí para siempre.

Algunos han subido con una taza de café, otros con un cigarrillo que se han olvidado de encender y todos nos movemos por la terraza mientras musitamos saludos cargados de vergüenza: nadie quería estar aquí acompañado. Es algo que queríamos guardar para nosotros mismos y la presencia impuesta de otros seres humanos nos hace sentir menos especiales, como si a todos nos hubiese tocado la lotería de repente.

Somos como un puñado de cucarachas ciegas que, a base de excavar y excavar entre montones de mierda acumuladas en capas geológicas, hemos salido cegados a la luz de un sol que nos abrasa y nos obliga a contemplar lo horribles que son nuestras vidas allá abajo, atrapados en las oficinas y rodeados de aparatos electrónicos a los que rendimos pleitesía.

Desde hoy en adelante el invierno impondrá su presencia y los días se irán volviendo cada vez más pequeños y grises hasta hacerse ceniza entre nuestras manos. Todo acabará sonando como una canción mil veces repetida y se le pegará ese aspecto sobado y aburrido de las fotografías mil veces vistas o de los cuerpos y los caminos ya recorridos.

Las polillas suicidas trazan su vida en busca de una luz que acabará por matarlas, lo saben, pero no dejan de buscarla. Quizás sea algo hermoso o algo estúpido, no depende de nosotros el juzgarlo: sólo somos cucarachas.

 

Para Ana, que odia el frío y siempre sueña con planes de huida.

6 Comments

  • virgi

    Puestos a huir de este ambiente miserable, preferiría ser una luciérnaga, las cucarachas me dan no sé qué. Pero con tus historias tampoco me importaría.
    Besitos

  • Brisa

    Yo soy una especie de hormiga de luz, siempre guardo migas de luz para el invierno y es que a mi tampoco me gusta el frío, ni las sombras, ni las cucarachas, ni sentirme atrapada, ni las azoteas abarrotadas.

    Uich mejor paro con lo que no me gusta, que me has inspirado 😉

    Besos de verano.

  • Favole

    Las personas que trazan planes de huída siempre son las mejores, así que estoy convencida de que Ana es maravillosa 🙂 Las azoteas se hicieron para soñar, así que cuanto más altas mejor…y si es en compañia mejor que mejor ¿no? Ya habrá tiempo de arrastrase por el suelo como cucarachas cuando muramos…hasta entonces alcemos el vuelo, como aves de paso 🙂
    Un fuerte abrazo!!!

  • NaDu.

    Dicen que la muerte es frío. Otros dicen que sentir el frío es sentirse vivo. Personalmente siempre añoro lo que no está, me gusta no tener frío y extrañarlo, me gusta tener frío y querer que se vaya.
    Me siento más polilla suicida que cucaracha, en fin, dicen que las cucarachas serán siempre las sobrevivientes.

    Saluti (:

  • yepi online

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