leer,  mirar

el alma de los relojes

Ella es poseedora de una fe inquebrantable, he podido comprobarlo en demasiadas ocasiones. Respuestas sencillas para problemas complejos, un “Dios proveerá” como respuesta ante cada encrucijada del camino.

Es la sumisión de las ovejas camino del matadero. Que no preguntan, que no cuestionan, sólo esperan su destino.

Lleva tres días abrazada al viejo crucifijo de su abuela para no terminar de ahogarse. Lo arrastra a todas partes, largo y pesado como una condena que amenaza con devolverla de vuelta al pozo. A veces escucho sus rezos, peticiones sencillas casi al borde de las lágrimas, pero nunca una respuesta ni un acuse de recibo al otro lado de sus plegarias.

Toda su fe me suena a rollo vudú, a magia absurda. Si das tres vueltas sobre ti misma antes de salir de casa, si evitas pisar descalza los azulejos fríos antes de beber agua por la noche, todo irá bien, ¿verdad, mamá? Dime que sí, es lo único que quiero escuchar, que todo saldrá bien. Que las niñas buenas siempre encuentran el camino de vuelta a casa y al príncipe esperando con los pies ante la chimenea del hogar.

Un puñado de tradiciones y de creencias sin sentido con las que creció desde niña. Viejos rituales que vienen y van, que intentan evitar los males. Demorar un futuro ya escrito y sellado, detener un tiempo para el que somos ajenos.

Pero los relojes no tienen alma, mamá, vienen y van indiferentes a nuestros rezos. Te dan la misma hora a ti y tus crucifijos que a Satanás. Esa es la pura verdad, mamá. No podemos detener el tiempo ni podemos dejar de ser lo que somos.

La muerte vive en los relojes, pero ellos no lo saben, qué van a saber. Giran y giran sus manecillas y en cada vuelta que dan nos arrancan un trozo de nuestras vidas.

Sólo cumplimos con nuestro trabajo, nos dirían, ajenos por completo a vuestras desdichas. Y es verdad, no es culpa suya, son nuestras manos quienes los ponen en hora y dan cuerda cuando se encuentran a punto de desfallecer.

Los árboles genealógicos crecen hacia abajo. No son ramas lo que representan, son raíces hundiéndose en la tierra de los muertos. Las raíces más largas nunca llegarán a ver la luz del sol, se encuentran condenadas a vagar en la oscuridad por la tierra de las almas perdidas y de la magia. En ese terreno donde nacen la locura y los rituales que nunca te llevan de vuelta a la luz.

Todos queremos ser salvados pero a los relojes eso no les importa, no puedes suplicar clemencia a un reloj. Esa es la pura verdad.

11 Comments

  • Luz

    Uf qué fuerte…

    En la fotografía, en donde están todos los elementos, has colocado una calavera ¿es así? ¿Es con el significado que se le suele dar? Donde el aspecto místico se mezcla con el duelo, con algo que ha terminado, está presente y no lo está, querer recuperar lo anterior que ha cambiado.

    Al ir leyendo me preguntaba quién es esa mujer, evidentemente representa la madre del protagonista a la que se dirige como con un tono desesperado, como sacudiéndola para traerla al presente

    Una madre muy mayor anclada en el rosario de posguerra, esas mujeres que aún quedan llenas de santos en santuarios caseros con candelas y flores.

    Ahí entra el tiempo con un reloj que va a su aire y el que se fue quedando anclado en una hora. La 0 y las 12. Empezar y terminar. Las flores asociadas a la temporalidad y el carácter pasajero de la belleza y la vida y cubriendo espacios las semillas de diente león que vuelan y se soplan.

    Y por último, recalcando el dramatismo cuando el protagonista pronuncia “madre”.

    Qué puedo decir… Es impresionante lo que has elaborado, muy duro.

  • Cabrónidas

    A medida que envejecemos empezamos a mirar el reloj muchas más veces. Por otro lado, creencias… la fe… Dios… Satán… La religión ha causado un daño irreparable y el laicismo lleva muerto ni se sabe. De hecho, nunca estuvo vivo.

  • Beauséant

    Como de costumbre, LUZ, has explicado mejor el texto que el propio texto 🙂 Muchas gracias por el esfuerzo. Según montaba la fotografía para el texto (en esta ocasión foto y texto salieron casi juntos), iba pensando en esos elementos que has descrito. La fragilidad de las flores, la permanencia de la muerte y el reloj, con los números medio borrados como una presencia que dirige todo lo demás. En algunas partes creo que el relato ha sido un poco ambiguo, son retales de cosas, de historias vividas y sentidas, así que muchas gracias por adentrarte en él.

    Empiezo a sospechar, CABRÓNIDAS, que no existe el laicismo. Si me hubieses preguntado hace años lo habría negado, te habría dicho que era inevitable, esa es la palabra exacta que habría usado. Pero ahora no, empiezo a comprender que todo el mundo necesita creer en algo, los que se sienten más modernos no lo llaman Dios, pero en el fondo son el mismo tipo de creencias ante diferentes tipos de altares.

  • Toro Salvaje

    Qué bueno.
    Me encanta.
    Me gusta hasta el título.
    Creo que cuando la vida aprieta hasta los ateos rezan a escondidas.
    El instinto de supervivencia cuando se ve en peligro se encomienda a personajes imaginarios.
    A veces encuentro a faltar esa sumisión.
    Creo que viviría más conforme.

    Saludos.

  • Gabiliante

    El tiempo es inevitable. La culpa es de las neuronas, que se van muriendo a su paso. Si no esas señoras seguirían rezando sin mayor problema. Tienen un punto en que fijarse, cierto o falso, hay que tener un punto en que fijarse, aunque sea sin desplazarse hacia a él, sin evolucionar. O una persona, o un objetivo. La mayoría no valen el esfuerzo que les dedicamos, pero los necesitamos. Cuando no lo hay, estamos (en primera de PLURAL) perdidos, la ansiedad nos devora, (había un refrán del diablo del tiempo libre para pensar, pero ahora no me sale
    Saludoss

  • Beauséant

    Tienes mucha razón, ALESSANDRINIMARIA, la única forma de alcanzar algo parecido a la felicidad es olvidarnos de los relojes, el problema es que ellos siguen girando, haciendo esos ruiditos tan difíciles de ignorar.

    Muchas gracias, TORO SALVAJE, así es, cuando nos encontramos perdidos nos vale cualquier cosa que prometa ayudarnos a salir del agujero. Seres imaginarios, medicinas milagrosas, en seguida nos viene la fe… y sí, se vive mejor, con más tranquilidad, cuando dejas tus decisiones de mierda en manos de seres omnipresentes.

    No lo había pensado, GABILIANTE, pero sí, todas las brújulas necesitan un norte, real o imaginario al que dirigirse. Es importante tomar una decisión, la que sea, e intentar cumplirla. Luego, cuando vemos que es imposible, ya nos buscamos las excusas o lo que sea y nos buscamos otra para seguir avanzado… El refrán, no sé, me viene a la cabeza lo de Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo espanta a las moscas, ¿es ese?

    Legalidades aparte, JOSÉ A. GARCÍA, es una manera estupenda de resolver problemas eso seguro… Incluso, aunque no arregles nada, te quedas a gusto, eso seguro 🙂

  • Frodo

    Excelente texto. Me encantó la frase “Los árboles genealógicos crecen hacia abajo”. Como los árboles genealógicos se miden en años, generaciones, siglos, me agarró desprevenido en este relato sobre relojes. Pero es que de cualquier manera el tiempo es inexorable.

    ¿Has leído el relato corto de Cortázar llamado “Instrucciones para darle cuerda a un reloj”? Si la respuesta es no, te lo recomiendo

    Abrazos

  • krudo

    siempre cuando te leo me encuentro con muchas sorpresas, en esta ocasión no fue diferente, al parecer le tenemos odio al tic tac, pero yo creo que no nos damos cuenta que no es culpa de la maquinaria que nos ayuda a contar al tiempo, mas bien es que nosotros no estamos aprovechando de la forma en que quisieramos, pero siempre existirá una tercera opinión, por ejemplo si digo que soy soltero de 32 años sin hijos y sin haber vivido ni siquiera en unión libre, algunos dirán que es un error, otros dirán que es una bendición…

    te dejó un abrazo de esos que hacen tic tac, tic tac, tic tac…

  • Beauséant

    Al escribirlo me pareció que tenía sentido mezclar los árboles genealógicos con los relojes, FRODO, lo mismo me ha quedado algo forzado, en mi cabeza las cosas suenan siempre muy bien 🙂 Cortázar es uno de mis autores favoritos, aunque muchos digan que no ha envejecido bien, para mi siempre estará entre los primeros. Sus relatos con instrucciones eran maravillosos, la moraleja del relato sobre el reloj era que el reloj no era un regalo para ti, tú eras el regalo para el reloj porque tenía que acordarte de darle cuerda, cuidarlo…

    Esa es la clave, KRUDO, la cantidad de opciones , de ramificaciones posibles que generan todas y cada una de nuestras decisiones, hasta las más pequeñas. Debemos aprender a vivir con las decisiones tomadas, no tener dudas ni odios ni preguntas, pero a veces eso es complicado, ¿verdad? parece que siempre algunas de las opciones que dejamos atrás ahora, vistas en perspectiva, parecía más luminosas, más apetecibles… Lo aterrador es que nunca lo sabremos, no existe forma de saberlo.

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