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    La puerta de atrás

    Los dioses y las hadas han huido y ya no podrán mitigar la frialdad de este amanecer. He conseguido contarte mi vida en unas horas, como si de una road movie se tratara. La lluvia, la noche, este bonito hotel en el centro de Berlín, la cotidianeidad, el miedo, el horror, o la muerte, simplemente, como colofón del relato. Ya me puedo ir, ya puedo salir de esta habitación para uno y olvidar con la certeza de que el olvido es la sustancia de la vida. Te lego mis falsas memorias de hechos verdaderos… Ya ves, a veces uno habla demasiado, o habla como vive, un poco por costumbre, un…

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    Motel Berlín

    Siempre nos encontrábamos en moteles de segunda anclados en territorios perdidos y con los exóticos nombres de aquellos lugares que nunca visitaríamos. El motel Berlín o el aérea Paradyso eran ya parte de nuestra particular geografía de encuentros furtivos, quizás huyendo de nosotros mismos. Nos bebimos hasta el alma con la desesperación que se intuye al dar el último trago, el que te da la vida, unas veces y otras esa muerte en la que nos negábamos a creer, conjurándonos tras las falsas promesas de amor eterno susurradas en la penumbra de habitaciones sucias y días idénticos atrapados en la rutina del calendario. La última vez te recuerdo recortado en…

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    Telegrama

    Las mañanas de esta primavera están siendo demasiado claras y demasiado frías. StOp. La mesa de mi despacho está a punto de sucumbir a una invasión de libros sin leer. StOp. En la plaza de allí abajo, un muchacho vende cd’s de Milli Vanilli en su particular top manta. StOp. Tu autoestima sigue intacta pese a follar, siempre que puedes, con calcetines hasta la rodilla. StOp. La vida es sorprendente. StOp. Dormiré hasta que Berlín vuelva a ser lo que fue. Corto y cierro.

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    ia rzds

    Cada vez que siento entre los dedos el olor a química y plástico de los preservativos, vuelven a mi memoria fragmentos inconexos de aquellos veranos adolescentes en el pueblo de mi padre, en donde aprendí, con más empeño que habilidad, a follarme a mis primeras novias. Aunque entonces, claro, no follaba, hacía el amor. Sería el tiempo siempre vigilante quien me sacaría pronto de mi error. Para hacer el amor se necesitan años de convivencia, de silencios compartidos, pequeñas derrotas y victorias un poco más grandes. Algo para lo que, ahora lo comprendo, nunca tuve paciencia y que, de alguna forma, explica el estar aquí sentado, entre las sabanas sudorosas…

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    Vds cuaa

    Con cada cliente apresurado que se subía la bragueta y se marchaba de la habitación sin mirarle a los ojos, ella intentaba demorar unos minutos sobre el colchón cansado. Cada vez lo hacía menos, pero aún soñaba con esa vida anhelada en la que cada desconocido se convertía en un amante cariñoso, saliendo al trabajo después de un cálido despertar. Esa vida que hace siglos parecía un destino seguro, y que ahora sólo logra deslizar entre sus dedos cuando se acurruca entre las sucias sábanas. Es difícil saber porque las cosas se tuercen y se deforman hasta convertirse en justo lo contrario de lo que se desea, si son nuestras…

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    El chico de la polaroid

    Algunos piensan que estas letras son compañeras de aquellas otras guardadas como “llenita de color“, pero eso es algo que sólo ellas pueden saber… Me falta peso y me sobran ojeras… Tantos días legitimando los argumentos del insomnio dan derecho a quebrar la máscara de la cordura… Aquellos cócteles de efedrina, cafeína y aspirina que antes ponían día a mi oscuridad se han convertido en un mejunje vomitivo útil para eso.. para vomitar y consumirme un poco más en la desesperanza de saber que esta vez no, esta vez no vas a volver. Puedo contarme las costillas de la misma manera que puedo contar los días que han pasado desde…

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    De compras

    Las fotografías de lo que en su día fui. Un boli con tinta verde para escribir frases esperanzadoras. Una barra de labios roja chanel nº 206. El quitamanchas infalible para el alma. El barniz que hace brillar las ideas (las buenas y las malas). Un dolor pequeño, pequeño. Una mentira en que creer (tamaño mediano). Un cuadro del mar para que tu piel sepa a sal todas las mañanas. La sonrisa de tus labios. Un libro de reclamaciones con tu nombre y tu teléfono. Un corazón de mimbre. Algo que el dinero no pueda comprar. Un billete a cualquier lugar (sólo ida). Una taza con posos de café que siempre…

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    Regresos

    No sé porqué he vuelto. Es mi metódica intrusión de cada verano. Por la ventanilla del taxi asoma una ciudad blanca y azul, y algo me dice que sea cual sea el camino que tomemos, mi taxista acabará aparcando en Itaca, donde seré informado de que Ulises regresó para descubrir, como yo, que Penélope se la pegaba con otro… Hay cosas que nunca cambian.  La cuestión es que he vuelto… quizá porque estoy herido de ruidos y de frases hechas, quizá porque no puede ir peor, ya no… o tal vez porque antes de precipitarme por el ojo del puente más cercano, antes de que acabe el verano, y las…

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    Llenita de color

    Las grandes tiendas del centro siempre me hacen sentir un extraño en ese mundo mágico de decoraciones imposibles y princesas con la sonrisa grabada a fuego en sus rostros perfectos. Siempre me obligo a caminar con la cabeza baja, repitiendo mentalmente lo que he ido a buscar, para no desviarme del camino cegado por las falsas promesas de felicidad ocultas tras cada estante. Mientras rebuscaba en mis bolsillos el dinero que me permitiese acceder a un pedazo de ese mundo, he visto venir hacia mi al rostro que me gustaría volver a ver justo un segundo antes de morir. – Tú estuviste aquí hace unos días. ¿verdad?, y sin esperar…