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    un millón de muertos

    Madrid es una ciudad de más de un millón de muertos, según las últimas estadísticas. Pero la muerte poco puede hacer contra una de las muchas inevitabilidades que han hecho de este Madrid su hogar: la burocracia. Todos esos muertos han fallecido pero aún no lo saben. Nadie les ha comunicado su deceso debido a un sempiterno problema en los sistemas informáticos y así, esos millones de cadáveres que alimentan las estadísticas día a día, continúan sus tristes vidas ya acabadas como si nada hubiese ocurrido. Cumplen a la perfección sus papeles. Acuden puntuales a trabajos que odian, tienen multitud de amigos que no conocen en las redes sociales y se…

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    highway 61

    Dios llegaba tarde, si tal adverbio puede aplicarse a un ser que vive ajeno por completo al tiempo y al espacio. Seamos pues sinceros, Dios había decidido llegar tarde porque le gusta hacer sufrir a los mortales. Esas creaciones tan llenas de miedos y dudas, tan frágiles y tan estúpidas. Cuando eres omnipotente acabas despreciando todo lo que has creado, es inevitable. Un día desaparece el orgullo y sólo deseas aplastarlos con el dedo, disfrutar viendo como corren aterrados en círculos mientras con ojos llorosos no dejan de preguntarse,  ¿qué hemos hecho mal, oh gran Señor?, ¿acaso te has ofendido por ese estúpido becerro de oro, por esa pequeña infidelidad?…

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    cuando dejas de creer en ellos

    A veces parecen sorprendidos cuando me ven hacer cosas que para ellos son perfectamente normales. Pequeños actos como conservar un mismo trabajo durante años, pagar facturas de manera puntual o mantener escondidos a los fantasmas que siempre aparecen cuando menos los esperas. Los puñeteros fantasmas que siempre surgen cuando crees que ya has conseguido todo lo que querías en la vida y sólo queda sentarte a esperar. A esperar, ¿el qué? Eso es lo que nunca logran responderme. Es una palabra que nunca uso a la ligera, pero ellos son mis amigos, lo sé aún sin llegar a entenderlo. Sonríen sinceros y me dan palmadas en las espalda, os lo…

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    schiehallion

    He vuelto a ver al rey de la montaña, me esperaba, como todos los amaneceres, al salir de la tienda de campaña. Ha posado sobre mi sus pequeños y bovinos ojos cargados de odio y después se ha dado la vuelta rumiando el desprecio que siente hacia los estúpidos humanos que mancillamos su territorio. No deberíamos estar aquí, insistía mi amigo. Era el único de nosotros que había nacido en aquella zona y tenía el cerebro agujereado por todas las historias que contaban sus abuelas al calor de los fuegos. Cuentos sobre los espíritus de nobles guerreros reencarnados en aquellos carneros estúpidos que vagaban por las cumbres llenas de niebla……

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    Septiembre

    Mi apartamento huele a café. Desde aquí, puedo oír a alguien tocando la flauta. Una melodía entrecortada que sobrevuela los tejados hasta llegar a mi casa y convertirse en la curiosa banda sonora de una tarde de domingo de finales de septiembre. Siempre me ha parecido que el único comienzo posible del año ha de ocurrir en septiembre. No hay otra. Septiembre. Si algo ha de comenzar otra vez, que sea después del dilatado letargo estival. Algo así como una nueva oportunidad. Una vuelta a la casilla de salida. Un “venga, chaval, inténtalo otra vez”. Mudar la piel, literalmente, y empezar algo nuevo. Tal vez incluso bello. Suena bien. Y…

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    pequeños tristes milagros

    El destino la tiene amarrada a una silla de ruedas desde hace años y no quiere liberarla. Quizás no sea el destino, quizás sea mala suerte. Hay vidas que parecen una deuda pendiente que nunca se termina de pagar. Apenas parece un ser vivo cuando la mujer dominicana que se encarga de ella tres días por semana empuja por la acera el artefacto metálico. Casi no se mueve, y cuando lo hace se diría que lo hace mecida por el propio viento porque no parece quedar un soplo de vida en sus pulmones ni una gota de sangre en los labios blancos y llenos de heridas. Pero no siempre es…

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    las paredes en Glasgow

    Glasgow, como toda ciudad moderna y orgullosa de serlo, pone a disposición del viajero un buen número de callejones sórdidos y oscuros donde el turista despistado puede ser apuñalado con saña con el único fin de robarle su preciado equipo fotográfico. Vas caminando por la calle principal, Buchanan Street o alguna de nombre parecido, con sus japoneses, sus ruidos llenos de olores y sus escaparates de sueños imposibles y, casi sin remedio, no puedes evitar reparar en un estrecho callejón lleno de porquería, suciedad y turbias miradas que lo mismo acaban con tus huesos en la cama de algún hostal de mala muerte que en la de un hospital donde…

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    trenes a los que nunca subimos

    Todos nuestros sueños eran pequeños y manejables. Como si ya entonces nos diese miedo pedir demasiado a una vida que, incluso desde nuestra recién terminada adolescencia, era fácil sospechar que no sería gran cosa. Como casi todas las vidas, cierto, pero eso es algo que lleva mucho tiempo admitir. Toda una vida en concreto. Y esa vida se nos fue llenado de trenes a los que nunca subimos. Los vimos pasar desde el andén y les dijimos adiós con el pañuelo mientras no dejábamos de soñar en cómo habría sido estar en ellos. Vendrían otros trenes, nos decíamos para darnos ánimos, para no tener que pensar, para… Qué huecas y…