3-0

No se puede cambiar el resultado de un partido que terminó hace demasiado tiempo.

Esa frase fue la que me curó de una enfermedad a edad temprana. Eso y que mi familia cambiase de playa, porque yo me enamoré hasta las vísceras, como si esa persona siempre hubiese sido mía y llevase mil veces escrito su nombre en mis genes.

Se llamaba Paco y en sus ojos se contenía la inmensidad del mar.

Pero fue escuchar esa frase y remitieron las nauseas y los mareos… no se puede cambiar el resultado de un partido que tenía vencedor desde antes de comenzar… Y dejé de deambular por las calles con aspecto de tísica y unas ojeras que me hacían parecer el guerrero del antifaz en versión enclenque.

Me llevaron al médico, me analizó la sangre y me auscultó el corazón. Si aquel señor se hubiese llamado Rubén, quizás hubiese escrito en el informe “la princesa está triste, qué tendrá la princesa“; pero era médico, no más, y me diagnosticó “nervios en el estómago

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