simple supervivencia

Me demoro un rato en abrir la puerta atrapado en la danza de pasar las bolsas entre una mano y la contraria mientras rastreo los bolsillos en busca de las llaves de casa.

Ella, fiel a su papel, no me abre la puerta y espera tumbada en el sofá. Aburrida como un gato al sol de la mañana y con un libro en el regazo que dejo de ser interesante hace ya muchas horas.

Al escuchar la puerta cerrarse a mis espaldas levanta la cabeza y me lanza una sonrisa enorme y brillante. Por un momento olvido el reproche que estaba componiendo por no haberme ayudado con las puñeteras bolsas y todo el trajín de buscar las llaves en medio de la oscuridad de la escalera.

Voy dejando las cosas en la cocina. He traído verduras, fruta y un par de recipientes con comida. Cualquier cosa que sustituya su dieta habitual de bollos, café y aire.

No nos decimos nada. Ella sigue en el sofá mirando el techo y yo espero que ella empiece la conversación. Es mi pequeña y mezquina venganza por lo de la puerta, sé que a ella no le gusta usar palabras, que siempre se queda un paso por detrás en las conversaciones ajenas, observando y juzgando desde una cómoda distancia los gestos de los otros. Lo mira todo desde lejos, a veces paseando alrededor curiosa y divertida, pero nunca deja que nada vaya más allá de lo superficial.

Pero también sé que, si espero un poco ella acabará por decir algo porque si existe algo que le guste menos que hablar eso son los silencios que aletean incómodos entre dos personas.

Ayer hablé con mi ex, termina por decirme desde el otro lado de la pared de la cocina.

Me detengo con un paquete de zanahorias ante la puerta de la nevera mientras intento recordar alguno de los tipos que he visto pasar por su vida en los últimos años. No han sido muchos, esa es la verdad, pero todos parecían estar de paso hacia algún otro lado. Ninguno parecía tener un rostro o un nombre digno de ser recordado.

¿Cuál de ellos?, le digo a la pared y me siento estúpido. Las preguntas y las respuestas tardan en llegar, víctimas de su propia latencia. Lanzo palabras contra una pared de azulejos, rebotan por la toda la casa y no puedo saber si llegan a su destino. Parezco el centro de control enviando preguntas a un astronauta fuera de órbita atrapado en su diminuta cápsula espacial.

En una existencia humana sólo hay sitio para un ex, tonto. Me contesta desde el otro lado. Todo lo que estaba antes de esa persona, todo lo que vino después, no es más que simple supervivencia. ¿Aún no lo has comprendido?

Cuando salgo de la cocina para intentar mantener algo parecido conversación, ella se ha quitado la parte de arriba de la ropa y sus pezones ronronean y se desperezan al contacto con el sol. Sus pequeños pechos parecen unidos por una constelación de puntos grabados en morse sobre la piel erizada.

Nos miramos desde nuestras esquinas del cuadrilátero, desconozco cuál debe ser mi próximo paso y me quedo como un estúpido animal atrapado ante los faros del coche que le pasará por encima. Ella, aún sin decir nada, se quita y lanza hacia mi posición sus pantalones que quedan arrugados a mis pies como un signo de interrogación.

Me lanza una última mirada y pone rumbo el dormitorio sin necesidad de saber cual será mi siguiente movimiento.

simple supervivencia

15 thoughts on “simple supervivencia

  1. Yo no sé que decir…
    Me he quedado absolutamente pasmada jaja
    En fin, no te entretengo, ve con ella… aunque me parece bastante más recomendable tu gata.
    Si tardas en volver, descuida, te enviamos ayuda, tu …. silba. Esta vez nada de besos ni abrazos…
    ¡Un flotador! y pase lo que pase no te sueltes !! ; )

  2. Contra la pared lanzas las palabras y siento ese rebotar.

    Me parece increíble tu texto, te felicito por él.

    Ha sido un placer leerte e imaginar las escenas.

    Un beso.

  3. Gracias, Castigadora, pongo todo el empeño del mundo en mantener el ritmo, no siempre lo logro, claro…

    Esta vez, Toro Salvaje, sospecho que tienes razón, mucha razón…

    Lo tendré en cuenta, María, lo del flotador digo, creo que hará falta para escapar… Lo bueno de las gatas es que nunca esperas nada de ellas y, muchas veces, te sorprenden con algún gesto o una mirada de infinita comprensión. Digamos que están cuando deben estar 😉

    Me halagas y te lo agradezco, Maria Perlada, los escritores que me gusta, no digo que sean los mejores, son los que mantienen el ritmo y no se pierden en descripciones eternas. Al final los textos que aparecen por aquí son un proceso de poda en el que se queda la mitad…

    Qué de Marías tenemos por aquí, María del Rosario 🙂 gracias por tus palabras, de momento la poesía la dejamos de tu lado y seguiremos pegándonos con la prosa que parece más sencilla.

    —-

    Un abrazo.

  4. Al principio pensé que hablabas de un gato, ahora parece un gato reencarnado en mujer. Como sea, encantadora en su indiferencia, cautivadora en esa libertad y estado volátil con el que se desenvuelve. De esas personas que sin buscarlo, quizás, son aterradoras y hermosas, te destruyen con dulzura. Un par de personajes atractivos.

  5. También pensé que escribías sobre un gato.
    Me pareció una historia de vida común.
    Es curioso como lograste que ella no caiga bien. Los efectos del escribir bien.
    Coincido con Toro

  6. Acao de leer una respuesta que me das en una publicación de hace algún tiempo.
    En ella me decís que no sabés si tenés un estilo. Te doy mi parecer al pie de este post, porque no se si te llegaría desde el lugar original.
    Creo que tenés un estilo muy definido.
    So dueño de un ritmo remolón para contar, que carga de sensualidad tu prosa.
    Me recordás al un escritor del que leí varios libros en mi adolescencia: Mika Waltari. En aquella época en que devoraba realismo mágico, me asombraba , que un nórdico se demorara en las frases y marcara ese compás que dejaba al lector expectante.
    No sé de que nacionalidad seas, pero tu ritmo tiene algo del trópico y mucho gatuno. Hay cierta molicie deliciosa hasta en tus pasajes más desgarradores.
    Y a veces, yo siento, que te quema una historia y la entregás sin darle más vueltas. Entonces me hacés pensar que sos un citadino y se evaporan las palmeras y el océano.
    Como siempre es un placer leerte.

  7. Lo has descrito muy bien, kadannek, ella es un magnifico felino atrapado en el cuerpo de una mujer.. Pasa por la vida como pasa un gato por las nuestras, con indiferencia, pero de una manera extraña, encantadoras.. Lo destruyen todo con dulzura, sí, es eso…

    Tampoco quería que cayese mal, Umma1, es verdad que al final force un poco las cosas 😉 Lo del estilo es complicado, la verdad, cuando llevas tiempo escribiendo vas adaptando la forma de escribir. Al principio era más farragoso, todo era más largo, más descriptivo, luego comprendes que lo bonito es quitar cosas, insinuarlas.. todo depende de lo que hayas leído, claro, que autores te han marcado por algo.
    Me gusta mucho la palabra molicie, quizás es algo que aplico en mi vida 🙂 no soy una persona de decisiones rápidas, me gustan las vueltas y los y si .. a veces creo que siempre estoy soñando con estar en otra parte, da igual dónde me encuentre en ese momento, siempre quiero estar en otra parte… un aburrimiento, eso seguro 🙂
    Acabo de hacer una nota con el nombre, Mika Waltari, no lo conocía, pero por lo que comentas tienen pinta de pasar a la lista de autores que copiaré 😉

    Muchas gracias… un abrazo

  8. Beauseant, me ha encantado todo, desde el titulo. Hay algo desesperado y salvaje en ambos, en ella es natural, en el es miedo al presente? Un abrazo!

  9. Sensual.
    Me encanta porque como dice Sabines, las mejores palabras de amor están entre dos seres que no se dicen nada.

  10. a veces quisiera tener estampas amorosas por decirlo de alguna manera como éstas
    en que con madurez, quizá con soltura y menos recato pueso sostener silencios o conversaciones cotidianas con alguien sin que se situe entre nosotros mal rollo.

  11. Quizás, Carmen Troncoso, sea de esas personas con miedo a todo, al presente, al pasado y al futuro… personas que se preocupan antes, después y durante… Existen, te aseguro que existen ese tipo de personas 😉

    La verdad, A, que no me acaban de convencer esas personas que tienen que llenarlo todo con palabras, que en cuanto ven un hueco, un instante, tienen que decir algo para ocultarlo. Me gustan los silencios, a veces no es necesario nada más… Aceptar eso, Jo supongo que tiene un poco que ver con la madurez, sí.. pero no te fíes, esa estampa es simple literatura 😉

  12. Me ha parecido genial. Tiene un ritmo y una profundidad fantástica. Y la foto felina le va como anillo al dedo, espero que ninguno saque las uñas demasiado pronto.
    Besos besos

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