historia, memoria,  leer,  mirar

los lobos

La avenida de los héroes comenzaba al inicio de la ciudad, un lugar donde sólo crecían descampados aderezados con esqueletos de casas y terminaba ante las enormes columnas del Parlamento, la cuna de la Patria según rezaba una placa de cobre en las escaleras.

Cada pocos metros, a lo largo de los siglos, se habían agrupado por todo su recorrido estatuas en honor de aquellos que lo dieron todo por una causa mayor y que terminaron dando nombre a la avenida: los héroes de la patria, lo único que aquel país parecía producir en cantidades desorbitadas.

Ni los más ancianos lograban recordar un instante de paz en sus vidas. Siempre habían estado en guerra contra enemigos poderosos cuyo único fin parecía ser aniquilarlos por motivos que nadie parecía recordar. Batallas que sólo parecían servir para engendrar una nueva hornada de héroes y villanos que deberían recorrer la tortuosa avenida entre los vítores o los insultos de la gente reunida allí para verlos. Al final de ese camino aguardaba impasible el Parlamento, el lugar donde recibirían su justa recompensa, los héroes, o el merecido castigo, los villanos.

Aunque la proporción entre héroes y villanos era similar casi nadie parecía recordar a los últimos que quedaban sumidos en una plomiza amnesia colectiva. Así, sus vidas eran borradas y sus actos olvidados gracias a un pequeño ejército de burócratas que rastreaba inmarcesible los archivos en busca de cualquier dato del defenestrado para hacerlo desaparecer sin ceremonias. Los documentos eran tachados con rabia, las fotos raspadas con cuidado… foto a foto, documento a documento hasta que su viuda se convertía en la viuda de nadie y los hijos en hijos de un fantasma.


Cuando le propusieron erigir una nueva estatua en aquella avenida el artista no lo dudo un instante. A los pocos días presentó detallados bocetos y maquetas de la que, estaba seguro, sería su mejor creación.

En recuerdo de todos los héroes que alguna vez tuvieron miedo, explicaba una placa al pie del conjunto que mostraba en el centro geométrico a un puñado de hombres y mujeres con las armas en ristre y los rostros desencajados de puro terror. A su alrededor, cerrando un círculo perfecto, un bosque de bayonetas en manos de figuras sin rostro, borrones grises ocultos bajo uniformes y máscaras antigás. Al pie de todos ellos estaban los lobos. Lobos grises y fieros que lanzaban dentelladas al grupo asediado y que arrastraban los cuerpos caídos hacia el exterior del círculo, a la oscuridad donde eran devorados.

Esto es un insulto, le escupieron. Nuestros héroes nunca han tenido miedo, recordaron. Ni tan siquiera se ve la bandera, grazno el ministro del interior. Los héroes reciben la muerte con serenidad y orgullo, lo pone en las ordenanzas, se escuchó una voz anónima al fondo de la sala.

Con cada andanada el artista se iba volviendo más y más pequeño, encogido en una diminuta crisálida hasta que acabó sin poder levantar la vista por encima de la enorme mesa de nogal.

No dijo nada antes de salir, las palabras, como tantas otras veces, no acudieron en su auxilio. Ahora comprendía su error: ninguno de aquellos tipos de la sala había visto nunca a un héroe excepto en las estatuas de la avenida. Él sí, su padre aparecía en una de aquellos monumentos del bulevar: una figura hierática y rostro pétreo que sujetaba un mapa detrás de alguno de los protagonistas.. un coronel, un general… nunca los distinguía.


Un verdadero héroe, aseguraron a su madre el día que lo trajeron del hospital. La mirada ida, la cabeza rapada y cruzada de cicatrices, el pecho lleno de medallas. Un héroe.

Necesita reposar, dijeron con autoridad los hombres de batas blancas a los que había llegado a odiar casi tanto como a los uniformados, todos al servicio de la misma mentira. Pronto estará bien, hemos recogido todos los pedazos que quedaron desperdigados y hemos logrado armar a tu padre de nuevo. ¿Por qué no agradeces nuestros esfuerzos?

Por más que miraba aquella figura y buscaba a su padre no lo encontraba, allí no quedaba nada, era una carcasa, un cuerpo vacío. Su padre lo había olvidado todo, oculto bajo una niebla espesa que a veces se despejaba y hacía volver los recuerdos en oleadas de puro pánico. Entonces recorría la casa gritando y abrazado a su viejo fusil que habían inutilizado antes de devolvérselo con gran ceremonia. Tropezaba con los muebles, caía llorando y farfullaba cosas sin sentido.

Su madre llegó a conocer el inicio de esos ataques y los llevaba corriendo hasta la habitación que cerraba con llave. Desde allí, abrazados, aguardaban los momentos de silencio antes del amanecer cuando la maldición se rompía y volvía ser el pelele sin voluntad que podían mover sin problema con la silla de ruedas.

Un día lo decidió, bajo a enfrentarse a su padre, ahora eres el hombre de la casa, se dijo cómo si eso tuviese algún significado. Aprovechando que su madre y hermanas dormían se deslizó hasta el salón donde aguardaba entre las sombras su padre. El fusil entre las manos como garras, los ojos ahogados y un miasma rancio a sudor y miedo que parecía querer ahogarlo todo.

Son los lobos, susurro su padre mirando por la ventana aterrado. Me han seguido el rastro hasta aquí desde aquel bosque, el bosque donde murieron todos… el bosque donde debí morir yo… Donde quizás ya he muerto… Lo sé, puedo sentirlos, los oigo, te juro que los oigo, arañando, gruñendo… los lobos añadió en un grito ahogado, no me dejarán marchar. Ellos son como nosotros, ¿no lo ves?, no conocen la piedad. Rompió a llorar y se dejo caer al suelo con las manos frotando las cicatrices del cráneo desnudo.

Entonces lo supo, supo lo que debía hacer, lo único que podía hacer. Venciendo toda su repugnancia abrazó aquel cuerpo hundido y besó sus horribles cicatrices. Después lo tumbo con cuidado en el suelo y arrebató el fusil de las manos.

Vaya a descansar, soldado, dijo con la voz ronca del adulto en que se acababa de convertir. Yo vigilaré la posición. Ahora es mi turno.

17 Comments

  • Toro Salvaje

    Los héroes de un país suelen ser considerados criminales en otros países.
    Todo depende del punto de vista de las víctimas.
    Incluso en su propio país los héroes, tras ser manipulados, suelen acabar convertidos en lamentables payasos al servicio del poder.
    Estatuas, pechos plagados de medallas , sólo les falta que les pongan medallas en la espalda… en fin, toda una farsa para consumo del pueblo tarado.

    Saludos.

  • Beauséant

    No era la idea, JOSÉ LUIS, pero es verdad que según avanzaba la historia más lo parecía, es verdad.

    Muchas gracias, MARÍA DORADA, en el original no había lobos y, claro, no tenía final. Fue encontrar a los lobos y poder cuadrarlo todo. A veces las cosas encajan sin casi proponerlo.

    Lo has resumido con preclara lucidez, TORO SALVAJE, con tanta lucidez que, en el fondo, no sirve de nada lo que has dicho. No aprenderemos, no haremos nada por cambiar las cosas. A veces pienso que todas las cosas malas que tanto criticamos, no sé, que lo mismo somos un poco, o un mucho, masoquistas.

    Ya sabes, PALOMA, la guerra es ese negocio donde jóvenes pobres matan a jóvenes pobres para que cuenten su ganancias viejos ricos. Todo al servicio de una mentira, así es.

  • José Luis

    Leí hace un par de años “Voces de Chernóbil”, y vi luego las fotografías. Me impresionaron mucho las dos cosas.

    Un abrazo

  • Beauséant

    No conocía el libro, la verdad, pero lo apunto… fotografías sí, he visto muchas, las más conocidas son las del después, con la naturaleza recuperando el terreno perdido ante la humanidad, pero también las otras, los recuerdos, las historias de los vivos que dejaron todo atrás.

    Supongo que habrás visto la serie de HBO, ¿verdad? Muy bien contada y con una gran fotografía…

  • Mento

    Desde siempre he tenido la idea de dos tipos de héroes en mi cabeza. El primer tipo son los que nacen ya siéndolo, llevan en su ADN la lucha por el bien propio y el ajeno a partes iguales. Y tienen la capacidad de dar la vida por el otro. El segundo tipo es el de los héroes por huevos. Personas pequeñas llenas de miedos e inseguridades que cuando tienen que echar el resto a la situación son capaces de grandes heroicidades.
    Me ha encantado el texto, pese a que en pequeños detalles difiero😌😉.
    Saludos y buena semana.

  • Beauséant

    Las guerras siempre tienen otros fines, ALESSANDRINIMARIAMARIA, no conozco ninguna que de verdad haya sido por los motivos que aparecen luego, escritos por los vencedores, en los libros de historia. Es normal, al final todos necesitamos un relato, un manual de instrucciones que nos diga, estos eran los buenos y aquellos los malos.

    Supongo, AMAPOLA AZZUL, que la conciencia de la propia mortalidad, del propio miedo, es algo muy humano. A veces nos cuesta reconocerlo, pero el miedo esta ahí.

    Yo, MENTO, añadiría el tercer tipo, los que no querían estar ahí y sólo querían sobrevivir, pero sus muertes o sus historias servían muy bien para el relato que se quería contar, yo los llamaría héroes por accidente.. creo que había una película con ese titulo 🙂 .. Me gusta, me gusta que difieras, no te cortes y comparte, faltaría más…

  • Ángeles

    Dicen que los verdaderos valientes no son los que no tienen miedo sino los que a pesar del miedo, hacen lo que tienen que hacer, y estoy convencida de que es verdad. Lo que no sé es cuántos soldados hacen lo que les mandan hacer, no sólo con miedo sino además sin entender por qué.

    Tu relato tiene una atmósfera cenicienta y lóbrega que me ha encantado.

  • Beauséant

    Cada vez que leo o veo algo sobre alguna masacre siempre acabo encontrando a algún soldado que “hizo lo que le ordenaron”, hasta han creado aquello de la obediencia debida para justificarlo. Supongo que con son de esas cosas que, con suerte, nunca llegaremos a comprender…

  • Mento

    Bueno pues compartiré… Un soldado siempre hace lo que se le ordena. No cuestiona. Si la orden es equivoca la culpa es del oficial al mando. Y es difícil de entender con un pensamiento civil. Incluso dentro del cuerpo hay quienes no lo entienden porque eligieron la carrera militar sin verdadera vocación. No es una justificación, es la naturaleza de un verdadero soldado. Y es dura, servir sin cuestionar no siempre es plato de buen gusto. Pero se tiende a hablar juzgando a los cuerpos militares en más ocasiones, que se recuerdan las misiones de ayudas humanitarias y el servicio que hacen por la paz. Eso no quita que los hombres con poder y ambición la jodan haciéndose la guerra unos a otros… y siempre terminan por ser los tontos babas los sin rangos. Pero hay un honor, valor, y capacidad de bien en cada soldado de vocación, sin la cuál la historia sería aún más miserable.
    Creo que no debería existir el servicio militar obligatorio en ningún país. Menos la imposición de éste a menores. De esos soldados siento compasión. La libertad de objeción militar debería ser un derecho en todos los países. Y que nadie contra su voluntad de servicio tuviera que combatir sólo por imposición. De ese modo se evitarían soldados de ese tercer grupo. Y el mundo sería algo más justo. Pero el ser humano es injusto hasta al obrar consigo mismo, qué podemos esperar entonces de acciones colectivas…

  • Beauséant

    Gracias por compartir , como siempre

    Efectivamente, es algo muy complicado de entender para los que no hemos vivido nada de ese mundo. Parece ir en contra del comportamiento humano, por lo que, en mi opinión, deja el ejercito voluntario para gente que de alguna forma se mueve en ciertos márgenes. Gente que o bien no tiene problema en plantearse las acciones que realiza mientras se las hagan llegar como ordenes, o bien gente sin ningún tipo de escrúpulos.

    No, no soy una persona ingenua, tengo claro que en el mundo actual no es factible que no existan los uniformes, lo hemos construido prácticamente a su alrededor, para necesitarlos y usarlos, porque al final eso es lo que se hace con los soldados, se los usa y cuando dejan de ser necesarios, cuando se rompen, simplemente los tiramos a la basura. Si han tenido suerte y han hecho algo muy llamativo, con alguna medallita y envueltos en una bandera.

    Y sí, siempre que surgen estos temas salen las misiones de paz, las guerras justas, los malos y los buenos. Luego me acuerdo de como las misiones de los cascos azules en muchos países de África se usaron para redes de prostitución infantil y, bueno, que al final he aprendido a desconfiar de cualquier uniforme. Aunque a veces los necesite, supongo que es como tener un perro peligroso en casa, sabes que puede venirte bien en algún momento, pero en el fondo me gustaría no tenerlo 😉

    Es una opinión, claro, hace mucho que deje de ver el mundo en blanco y negro, ahora es todo una variada gama de grises 😉

  • Carmem

    El relato conmueve.La imagen de los lobos está muy bien enlazada.

    No puedo imaginarme cómo debe ser que te manden a una guerra con un fusil al hombro y un día te den la orden de matar al enemigo.
    Yo tendría pánico…

    Besos.

  • Beauséant

    Creo que tenemos suerte, por más que algunos parezcan deseosos de meternos en una, de no saberlo… espero que nuestros hijos, y todos los que vendrán después, tengan la misma suerte.. Muchas gracias.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *