la hora del té

la hora del té

La gitana que nos reparte ramitas de olivo a la salida de misa también lee mi futuro en los posos del té.

Ella mira con desprecio las sofisticaciones de estos tiempos tan dados a la pose y la banalidad. Para una tarea tan sencilla como adivinar el futuro no necesita tetera alguna ni, mucho menos, alguna de esas infusiones tan de moda ahora que vienen en envoltorios de diseño. Para realizar su nigromancia ella recurre a las bolsitas que compra en la sección de ofertas del supermercado.

Dice que somos la simiente esparcida al azar en un barrio obrero. Que somos obreros, hijos de obreros y que llevamos la palabra precariedad escrita en la frente. ¿De verdad crees que necesito algo más complicado que esto para conocer tu futuro?

Me acerca la caja llena de bolsitas y señalo una al azar.

Todas estas bolsitas pueden parecerte iguales, me dice mientras la pone en una taza y vierte agua hirviendo. Cada una idéntica a la anterior y a la siguiente, pero no hay dos iguales como no hay dos vidas iguales. Cada una cuenta su propia historia y no siempre es una historia bonita de contar.

Ella no habla, escupe las palabras con el odio de quién ha visto demasiadas cosas y ya pocas pueden causar sorpresa.

Remueve con vigor el contenido de la taza y doy dos sorbos que me abrasan el paladar. Ella sonríe con fiereza y arroja la bolsita contra la mesa donde chapotea aún humeante con un desagradable sonido a cosa muerta.

En su mano brilla un cuchillo y con dos precisos tajos destripa la bolsa que burbujea agónicamente sobre el mantel de plástico. Los dos juntamos nuestras cabezas sobre los restos eviscerados intentando conjurar una visión entre el humo que se eleva a las alturas en una silenciosa plegaría a los espíritus.

La gitana se ajusta las gafas y remueve con la punta del cuchillo el resultado de la autopsia. Nuestras miradas se cruzan en algún punto del ecuador sobre la mesa. La mía, llena de curiosidad, la suya pesarosa y acompañada por un movimiento de cabeza.

¿Sabes?, me recuerdas tanto a tu padre. Él también era una criatura sin cojones.

La gitana de mi barrio es el peor comunity manager del mundo.

la hora del té

13 thoughts on “la hora del té

  1. Ah! no… a mi no me dejas así.. ¡ni hablar! siento decirte que esa gitana es estrábica, sus bolsitas de te están revenidas y por no saber, no sabe ni de quien eres hijo 😉
    Es cierto, como relaciones públicas tu gitana cero patatero! aunque es mu apañada jaja
    Fantástico el relato, pero es que ya sabes, a mi esto de morir de repente se me da mal para mi …
    largo e intenso de sabor, corto de azúcar y darle muchas vueltas para que pase rapidito 😉

    Mil besos Igor 😉

  2. Me encantas dentro de tu seriedad y tu incognito
    Me gustaria saber quien esta detrás de tus bella letras

  3. Gracias, Toro Salvaje.. yo es que ya estoy acostumbrado a esas contestaciones, pero sí, me parece que tendría que mejorar sus relaciones pública un poco 😉

    No creas, María, la puñetera saber, lo que se dice saber, sabe mucho. El problema es que cuando sabes tanto te olvidas del lado humano.. Gracias por los besos, la gitana nunca los da, ni cobrando 😉

    Es complicado, Mucha porque alguien nos deja los textos bajo la puerta, escritos en unos folios enormes con una preciosa caligrafía y luego nuestros becarios salen a hacer las fotos que acompañan y yo me encargo de subir y maquetar el resultado. No es una cuestión de incógnito, como ves 😉

      1. Me gusta seguirte el juego, ya ves 😉 La curiosidad es buena, eso lo he aprendido de los gatos, se pegan muchos golpes, pero nunca se quejan y aprenden.

  4. ¡Uf, esa gitana juega con una ventaja chunga! Creo que lo hace para atarte a sus ritos. Cuídate, sí, sí.
    Besos y besos

  5. Me has hecho recordar los 20€ de contraprestación que le di a una en Sevilla, y todavía sigo pensando en si en realidad acertó.
    Me gustan más las que dicen las cosas sin delicadeza que esconda adulación,como la de tus letras.. un poco el poso de nuestro Yo.

    Un abrazo

  6. Estoy de acuerdo, Virgi, pero veo que le falla un poco el marketing 🙂

    La mía, Athenea cobra 10 euros, a veces acierta… aunque nunca tengo claro si de verdad acierta o son sus clientes que, motivos por sus palabras, acaban llegando a donde ella decía. Profecía autocumplida que lo llaman.

    Muchas gracias, Isaac

  7. Admito que me molesta la falta de tacto, no sólo de esta gitana sino de las personas en general. Pienso que hay formas y formas de decir las cosas, aunque se trate de realidades crudas. No sé si su mancia funciona o no, o si es tan acertada como dices, pero a modo personal, todo terapeuta o persona que se dedique a los oráculos, no debe juzgar la historia de nadie, por ética no se deberían verter veredictos tan severos como el que te han dado. De todas formas me gusta tu narración, pues es una escena breve, pero intensa.

    Saludos.

  8. Como me he perdido de esta maravilla. Mis experiencias con gitanas han sido terrorificas casi igual a una infusión amarga sobre todo con sus andanzas y cambios geográficos para sorprender incautos. Ya las iglesias están mas vacías y acuden a las zonas de restaurantes. no es que hayan sido muchas ocasiones pero la verdad es que son hábiles para sacar a cuento historias y si traes débil el corazón o el ánimo ni el teraflú servirá después para confortarte

  9. Hay personas a las que se les perdona casi todo, kadannek, quizás yo soy demasiado paciente, no lo sé, pero no me suelen molestar esas personas porque, al menos, las ves venir. Casi me molestan más las que son todo buenas palabras y luego, ¡zas!, te la clavan… Creo que mucha gente confunde el ser inteligente con el ser borde, y la culpa de eso la tienen algunas series y películas en las que el protagonista es un genio que desprecia a todo el mundo.. No lo sé.

    No había pensado lo de los restaurantes, pero es verdad, Jo, quizás sea una metáfora de los dioses de estos tiempos, ¿no? Es todo un arte, una mezcla entre decirte lo que quieres oír, pero dejarte con el corazón en vilo para que vuelvas a seguir escuchando….

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