la abeja más triste del mundo

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La abeja más triste del mundo lleva media hora revoloteando entre las flores de plástico del hotel y comienza a ponerse nerviosa. Lo noto en sus zumbidos enfadados y en las trayectorias erráticas que dibuja sobre nuestras cabezas.

Su pequeño cerebro sospecha que algo no funciona bien con aquellas flores, pero el instinto, ese algo pequeño e inasible, empuja incansable para seguir intentando sacar algo de polen de unas flores yermas.

Nadie hace caso al cerebro cuando el corazón se sitúa tras el volante. Golpeamos una y otra vez las mismas puertas que siempre permanecen cerradas esperando ese instante de magia que nunca acaba de llegar. Nunca dejamos de llamar, una vez más, la última, porque esta vez sí, esta vez todo saldrá bien. Seguro.

A veces jugamos a sentirnos dioses… diluyo un poco de azúcar con agua en una de las cucharillas que he robado al trajeado de mi derecha y lo aproximo a la abeja que, tras un buen número de maniobras fallidas de aproximación, logra posarse sobre el charquito sin apenas inmutar el cristal pulido de su superficie. Parece feliz ahora que su pequeña existencia tiene un propósito definido.

Al levantar la cabeza veo a una de las chicas de sistemas que ha seguido todas mis maniobras y me lanza una cálida sonrisa. Bajo la cabeza avergonzado, he olvidado que estamos en un congreso con todos los jefazos de la planta noble y yo llevo quince minutos metido en el pequeño mundo de mi nueva amiga. He quedado expuesto a la vista de todo el mundo en el peor sitio posible para hacerlo.

Ella insiste en su sonrisa y la empuja un poco más en mi dirección al tiempo que levanta las manos en señal de paz. Estoy de tu lado, parece querer decirme, pero eso no me hace sentir más cómodo.

A mi izquierda oigo un gritito ahogado emitido por una mujer demasiado grande para un sonido tan miserable. La mujer señala a la pobre abeja que, sorprendida a traición, emprende la huida en un despegue caótico y demasiado lento. Observo sin poder hacer nada como el trajeado que tengo por estribor, un macho alfa con un precioso traje gris, estampa a la infeliz abeja con el informe anual de ventas emitiendo un golpazo que hace que todos vuelvan sus cabezas intrigados.

El trajeado contempla los restos irreconocibles del insecto, me mira lleno de orgullo y lanza sobre la mesa el informe de ventas manchado de sangre y vísceras. Al fondo de esa mirada viven muchas más cosas de las que puedo comprender y ninguna de ellas me gusta.

La pobre abeja debió sospecharlo justo al final de su existencia. La vida a veces no tiene explicación y debes tomarla como viene.

Un juego sin reglas ni árbitros donde lo raro es seguir vivo. Un lugar en el que lo extraño es no sentirse fuera de lugar.

7 thoughts on “la abeja más triste del mundo

  1. Una diferencia literaria, no real (…). La táctica es el conjunto de pequeños pasos que das para llegar a algún sitio. La estrategia son los pasos que das cuando ya no hay ningún lugar al que ir.

  2. Y despues de leer te queda la sensación de hartazco y la certeza de todo es siempre así. Pero como dice … Nadie hace caso al cerebro cuando el corazón se sitúa tras el volante.

  3. Sospecho, Mucha, que entonces mi vida tiene mucho más de estrategia que de táctica, lo mio es dar palos de ciego hasta que sale algo parecido a una melodía 🙂

    Avisados, sí Toro Salvaje, pero tampoco es que eso nos sirva de mucho, me temo…

    Quizás sea mejor así, A, seguir al corazón, aunque no lleve a sitio alguno, es mejor que aplicar la razón y los números a todo porque entonces no haríamos, ni viviríamos, las cosas que han merecido la pena..

  4. Siempre hay algo en medio de lo ordinario y cotidiano que puede hacer que pongamos atención , para los otros quizá sea algo nimio e insignificante pero siempre tendrá mayor significado por el hecho de que los otros no sabe. Observar a veces la magia o la naturaleza que hay a su alrededor

    Pasan de largo
    O seguro prefieren aplastarla

  5. El fin de la abeja puede ser un fin sin importancia, pero lo es, todo ser vivo debe tener la oportunidad de seguir vivo, en nuestra sociedad la vida no vale un penique, lamentable. Muy tierno tu mensaje, gracias.

  6. Así es Jo, nos cuesta fijarnos en las pequeñas cosas, y es una pena porque la vida esta llena de ellas, de detalles que pasan desapercibidos en medio de todo el lío de la supervivencia y que, si nos fijamos, nos pueden cambiar la forma de ver el mundo.. Pero sí, a veces preferimos aplastarlos…

    Quizás me haya quedado un poco ñoño, Anonymous :), así que gracias… No me considero una persona utópica, sé que la muerte forma parte de la vida, que el ser humano debe someter a parte de la naturaleza porque esta pone todo su empeño en destruirnos. Lo que no entiendo, lo que me supera, son esas muertes innecesarias, sólo para demostrar.. demostrar, ¿qué? No puedo con ello.

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