leer,  mirar,  otra vida

fail again, fail better (1)

Cuando todo lo que parecía importante se desvanecía en el aire, y yo hacía como si no me importase… Pero me importaba. Fue en noviembre. Terrible noviembre. Aquel otoño terminó la guerra. El fin de las hostilidades. El comienzo de un precario equilibrio del que nuestros abogados dieron fe. Tú y yo refrendamos un tratado de paz que supuraba odio en cada punto, ¿te acuerdas? Después hubo una pausa larguísima en mi vida. Todo parecía una pausa. Ayer y mañana parecían estar articulando la certeza de un ahora que no era más que otra maldita pausa. Nada. Ahora.

Acabó llegando mayo. Y los días volvieron a entrar casi a traición, y se llevaron los recuerdos, y lo que es peor, las inquietudes. Y a mi no me importó. Había empezado, supongo, a ver las cosas con la lógica de mis mayores, y todo era relativo. Jugaba al escondite con la vejez pero, en el fondo, me importaba poco que los relojes prosiguiesen su carrera.

O no tan poco. Podía ser tan yo que no sabía muy bien qué hacer conmigo. Tenía miedo. El miedo te paraliza. Te atenaza. Y, cuando por fin consigues liberarte de él, percibes tanto espacio a tu alrededor, tantas posibilidades que, ni siquiera sabes cómo manejarlas, qué coño hacer con tanta “libertad”. El miedo era un lugar seguro. Por paradójico que parezca, el miedo era mi zona de confort. No lo hacía porque tenía miedo. No lo decía porque me daba miedo. No lo sentía, no lo siento porque… miedo. Yo tenía miedo. Y le miraba a él a los ojos y era aún más terrible porque él se había liberado. Y lo percibía incluso en sus hombros, como si se hubiese liberado, literalmente, de una carga pesada que hubiese llevado a la espalda mucho tiempo. Creo que hasta le vi más alto. Él había crecido y yo era la persona más asustada del mundo. La más pequeña. La más vulnerable. La más insignificante. Yo era todo eso y estaba allí, sentada al otro lado de la mesa, escoltada por un abogado, fingiendo que nunca había sentido todo aquello que estaba sintiendo. Como si nunca se me hubiese secado la boca nada más cruzar el umbral. Como si nunca se me hubiese desbocado el corazón cuando oía la llave en la cerradura. Como si no hubiese estado mirando todo el tiempo de reojo. Como si todo esto nunca me hubiese pasado a mi. Yo era la persona con más miedo del mundo, aunque mi traje sastre en tono gris perla y mis stiletos de diez centímetros firmasen un acuerdo de divorcio afirmando lo contrario.



22 Comments

  • Alma

    Es un texto de una rotundidad que me deja sin palabras. Y por paradójico que parezca, para much@s el miedo es una zona de confort… el abismo asusta y saltar más. La libertad, las posibilidades… parece mejor quedarse en lo que se conoce, aunque no sea bueno.
    Yo soy de las que salta, aún muriéndome de miedo… si me tengo que romper, que al menos sea intentándolo.

    Un beso.

  • .+**+.Kadannek.+**+.

    Me suscribo al comentario de Alma, estar en la zona de confort es tan terrible como cómodo muchas veces. Me impresiona todo lo que podemos resistir sufriendo allí, pero nos aterra más reconocer la libertad que nos aguarda y no saber qué hacer con ella, como si no fuésemos merecedores ni de sus dones y ni de sus gracias.
    Pero también me impresiona que podamos, como simples mortales, movernos con todo ese temor, y nos pongamos las mejores máscaras o en su defecto, las más patéticas, que lo evidencian todo, y aún así, continuamos, con esa vergüenza a cuestas…
    Supongo que es parte de la vida seguir adelante, con nuestros pesares, miedos, vergüenzas, remordimientos, culpas y odios, así como con nuestras expectativas y esperanza de algo nuevo y mejor. Tal vez todo se trata de encontrar el balance -jugar o batallar con él- al tiempo que cargamos con ese mundo interno tan vasto y complejo, intentando vivir lo mejor que podamos.

    Gran texto.

  • alessandrinimariamaria

    Bello texto, y muy interesante, la vida nos guía dentro de ese núcleo y el miedo fluye, y nos mantiene quietos como acorralados en una gran tormenta que solo nosotros vemos o sentimos en la piel, salir no es fácil. Tu texto es magnífico y contundente.
    Abrazo

  • Beauséant

    Cuando cada paso que das, Alma, cuando cada movimiento duele, la opción de no moverse es demasiado tentadora. En eso consiste el miedo, cierto, en quedarse en lo malo por temor a empeorar.

    Nos aferramos a lo conocido, .+**+.KADANNEK.+**+., así funcionamos la mayoría. A mi también me sorprende cómo podemos aferrarnos a cosa que nos hacen daño, a situaciones que no llevan a parte alguna sólo por ese miedo… porque en el fondo la zona de confort no deja de ser el territorio, la frontera de nuestros miedos… me ha gustado mucho tu último párrafo porque lo resume a la perfección… gracias a ti.

    Gracias, ALESSANDRINIMARIAMARIA, y sí, salir no es fácil y, lo peor, no siempre es lo mejor… eso es lo complicado que es fácil pensar que uno debe dar ciertos pasos romper con ciertas cosas, pero no siempre es así… debemos tomar esa decisión sin ayuda de nadie y sin saber los resultados.

    Muchas gracias, AMAPOLA AZZUL, un placer verte por aquí…

  • Toro Salvaje

    Me gusta venir aquí porque siempre encuentro algo diferente a la mayoría de blogs que visito.
    Miras diferente y lo escribes muy bien.
    Aquí siempre aprendo.
    Yo no sé si el miedo es mi zona de confort, yo diría que no, mi zona de confort creo que ya no existe, yo diría que se pegó un tiro hace tiempo… aburrida de mí decidió acabar con todo.
    Y otra cosa que has escrito y me ha hecho pensar es que nos están esclavizando cada vez más… y no sé si sobreviviríamos en un estado de libertad absoluta… nos han convertido en dependientes absolutos…

    Saludos.

    • Mento

      El final de la historia me deja en situación de… ¿pausa?… no sé, como si necesitase algún dato más para entender. Soy una persona con bastante empatía y me consigo poner con normalidad en la situación del otro aunque no comparta la experiencia de sus emociones. El miedo es una emoción que no permito jamás que acampe en mis estados, no tiene lugar entre mis emociones, quizás por eso me cueste más entender el texto. Yo en el momento que veo las orejas al miedo atravesando mi límite, cojo la escopeta, y lo último que me paro a pensar es si es un animal protegido. Y no es que yo sea fuerte. Es que soy demasiado débil como para dejarlo pasar. La vida ya de por si misma se pone complicada en más ocasiones de las que nos gusta, como para encima tener que vivirla con miedo… No gracias. Así salga el sol por Antequera con mi actuación sobre él.
      Saludos.

  • Paloma

    Me ha dado mucha pena.
    Creo que es frecuente no saber ser libre cuando se ha estado prisionero mucho tiempo. Y temer.
    Hasta a algunos presos, presos de verdad, de los que están en la cárcel, no quieren salir cuando se acaba su condena.

    Tan duro como bueno el texto.

  • Ángeles

    Una de las cosas que más me han interesado del texto es el contraste entre los dos personajes, ella acobardada y empequeñecida, y él, liberado, “crecido”.
    Quizá esa diferencia hace que ella sienta aún más miedo, por comparación. Pero fingiendo lo contrario. Debe estar agotada.

  • Beauséant

    Muchas gracias, Toro Salvaje, viniendo de ti eso es todo un piropo. Nos han convertido o nos hemos convertido, yo tampoco lo sé. Quizás es que muchas de las cosas básicas las damos por sentadas y ahora nos preocupamos por cosas que, en el fondo, no deberían ser tan importantes. Hemos interiorizado tanto el discurso de que tenemos derecho a ser felices que ya no aceptamos nada que nos pueda contrariar en lo más mínimo.

    Creo que es comprensible, Paloma, cuando pasa el tiempo pierdes la conciencia de que estabas en un cárcel y acabas aceptando que, en el fondo, ese es el mejor lugar porque no tienes que tomar decisiones ni, lo más complicado, aceptar las consecuencias de las mismas.

    Me ha gustado mucho que hayas notado eso, Ángeles, la semana que viene, con suerte, estará por aquí la siguiente parte de la historia que es, precisamente, la versión de la otra parte… A veces, cuando escuchamos sólo la mitad de la historia llegamos a conclusiones diferentes 😉

    • Beauséant

      Ha salido bien, Mento, pero lo has puesto como respuesta a un comentario de Toro Salvaje 😉

      Creo que el miedo, en su justa medida, es un elemento de protección que nos permite, muchas veces, evitar meternos en ciertas situaciones. El problema es, como dices, que muchas veces le dejamos tomar los mandos de nuestra vida… Vivir con miedo, quedarte paralizado porque sabes que cualquier opción es peor, es una sensación horrible.. y, sobre todo, es horrible porque te acabas acostumbrando. De repente, un día, alguien te dice, estás viviendo con miedo y no te lo crees, tardas en analizarlo y comprender que es cierto, que vivías con miedo…

      Me alegro que te encuentres lejos de esa situación…. Voy aprendiendo 😉

      • Mento

        Beauséant es como dejaste dicho: si sabes lo que no quieres, ya tienes la mitad del trabajo hecho. He pasado en demasiadas ocasiones miedo como para saber que no lo quiero ni “regalao”. Prefiero quedar como una prepotente o una persona violenta, que también me lo han llamado, que ser víctima más tiempo del necesario de la incapacidad que el miedo provoca en nosotros.
        Justo esa frase que mencionabas es la que me sirve de plataforma para lanzarme siempre a la conquista de todas mis inseguridades. Al fin de cuentas el miedo se alimenta de ellas, de la incapacidad que genera consciente e inconscientemente, en el segundo caso es aún peor.
        Saludos.

  • Anonymous

    Dicen que el miedo es el último estado del hombre porque te paraliza y te impide razonar, precisamente lo que nos diferencia de las demás especies (o eso dicen) , hay quien permanece en ese estado por no ir a peor y hay quien porque al menos sentir miedo les hace sentirse vivos.
    SAludos.

  • Beauséant

    Supongo, Mento, que cuando tienes las ideas muy claras mucha gente puede acusarte de eso, de prepotencia pero, sí, mejor eso que tener que ser lo que no eres.

    a mi me parece que la dosis justa de miedo, MANUELA FERNÁNDEZ, no es mala. El problema, cómo dices, es cuando ese miedo ocupa demasiado y no deja espacio para nada más y acabas paralizado, bloqueado, una situación que se termina por volver habitual y hasta confortable.

    • Myriam Goldenberg

      Lo bueno de llegar tarde, es que leí ambas partes (primero esta y luego la otra, como debe ser). Me gusta el conjunto que da una visión más completa, porque para apladir se necesitan dos manos.

      Es cierto que el miedo atenaza y uno puede quedar dentro en ka zona de confort pdro en una relación muy mals, o destructiva. También puede que al haber soportado malos tratos durante mucho tiempo, y no necesariamente físicos, uno quede paralizado e. Un estado de indefensión adquirida, que es más que miedo y lo bloquea a uno. En estos casos se sale, pero con ayuda experta.

      Me encantó este texto, B. Paso a la siguiente parte a comentarte la otra voz. Besotes

  • Carmen

    El miedo y la zona de confort muchas veces impiden disfrutar de un rato de felicidad o de muchos…pero es lo conocido y cuesta salir…
    Por mucho que una se vista con traje imponente y zapatos con taconazo…

    Me ha gustado mucho.

    Besos.

  • Beauséant

    Muchas gracias, MYRIAM GOLDENBERG, soy yo el que llega tarde ahora 🙂 me gusta responder todos los comentarios, pero algunos se me escapan. Reconozco que no me creía eso de la indefesión aprendida, me parecía una excusa para disimular la cobardía o la incapacidad de tomar decisiones. Con el tiempo he visto mi error, en algunos casos hasta lo he visto de manera muy cercana y creo que es verdad, que cuando todas las puertas se cierran te olvidas hasta de como son.

    Así es, CARMEN, la pequeña burbuja es un lugar cálido y confortable.. fuera llueve, existen sitios chulos, claro, pero llueve, llueve mucho… Para dar ese paso, como dice ALESSANDRINIMARIAMARIA, no se da en un día, hace falta mucha fuerza, mucha decisión y no todos somos capaces.

  • Beauséant

    Muchas gracias, ALESSANDRINIMARIAMARIA, vivimos con miedo demasiado a menudo lo acabamos convirtiendo en parte de nuestras vidas. Lo peor es que, muchas veces, esos mismos miedos los hemos creado nosotros. Si fuésemos capaces de enfrentarnos a ellos, de mirarlos a los ojos, nos daríamos cuenta, como dices, de lo falsos que son.

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