el gato Octavio

Desde aquel día todos los gatos machos de mi familia se llamaron Octavio.

Octavio era el nombre de mi abuelo, que murió como se moría la gente entonces: en la casa en donde le nacieron y rodeado de los suyos. Todos los suyos, incluidos los niños a los que nadie quería proteger de una muerte que formaba parte indisoluble de la vida. La muerte sería el final de todo, era el mensaje que nos querían transmitir, pero los finales sólo tienen sentido cuando eres consciente de su existencia.

Mi abuelo se había metido en la cama una semana atrás, llevaba un día sin comer y ya ni siquiera probaba el agua. Mi hermana y yo veíamos entrar y salir gente circunspecta de aquella habitación, escuchábamos palabras de lástima y a veces nos daban cogotazos cariñosos en la cabeza. Nosotros corríamos y jugábamos, entendiéndolo todo sin entender nada.

Al día siguiente de su marcha, eso era lo que nos decían, se ha marchado, nos ha dejado, un gato negro y enorme me esperaba parado en el dintel, justo donde mi abuelo dejaba las botas antes de entrar en casa. Nos cruzamos las miradas en silencio. Yo intrigada y él sin miedo, como si hubiésemos sido convocados en esa hora y ese lugar y no fuese posible ninguna alternativa.

No tuve tiempo para más, sin apenas espacio entre la pausa y la velocidad el gato se metió entre mis piernas pasillo adelante sin dudar ni un sólo instante. Recuerdo que ya entonces pensé que parecía saber perfectamente su destino. Ignoró la puerta de la cocina, la del baño o las tentadoras escaleras de subida al piso superior, para irse directo a la habitación del fondo y enroscarse en el butacón rojo favorito de mi abuelo.

Mi abuela contempló la escena, se hizo cruces, aspavientos y enseguida congregó de urgencia al cónclave femenino de la familia alrededor de aquel minino que nos miraba divertido, sin atisbo de miedo en sus ojos ambarinos. La conclusión lógica fue llamar al cura del pueblo, guía y faro moral de la familia.

El párroco negaba con la cabeza ante la insistencia de mi abuela: la reencarnación no salía en parte alguna del libro sagrado, aseguraba con aire docto y al borde del enfado elevando el libro de bordes dorados sobre nuestras cabezas. Mi abuela señalaba al gato que ya se había hecho dueño de la casa y el cura, dispuesto a no ceder ni un milímetro en sus prerrogativas, amenazó con excomuniones y el fuego del infierno para todos nosotros, minino incluido. El dios de su libro no daba segundas oportunidades en la tierra.

Desde entonces todos los gatos machos de mi familia se llamaron Octavio.

Cuando murió mi abuela, pasé dos días esperando junto a la puerta de casa. Mi abuela no apareció: había muerto en una residencia, lejos de todo lo que alguna vez había tenido algún significado para ella y no pudo encontrar el camino de vuelta al hogar.

 

el gato Octavio
El abuelo Octavio, en su sexta reencarnación, vestido para celebrar las festividades de San Lorenzo, patrón del pueblo.
Para O.G que tiene un poco de Octavio y un mucho de cronopio.

11 thoughts on “el gato Octavio

  1. Como me pasa en ocasiones, y es algo que me inquieta, no sé si esta historia está basada en hechos reales o es ficción. No obstante, no necesito esa respuesta ahora. Yo sí creo en la reencarnación, aunque soy escéptica de casos como éstos. A veces suenan a puro autoengaño para consolarse por dentro, para convencerse de que hay una razón para continuar, para verter todo el amor que nos faltó dar en esa “nueva manifestación” del ser que amamos una vez y que seguiremos amando. Las personas a veces no entienden que el amor realmente rompe fronteras y barreras de cualquier tipo; no importa la distancia, el horario, ni si quiera el plano dimensional en el que nos encontramos, pues podemos seguir amando.
    Más bien yo diría que el gato, como mucho pedir, es un mensajero o un animal muy intuitivo, le interesó las vibraciones del ambiente y sintió curiosidad por su interior y las personas dentro de él. Pero podría ser mágico también ¿por qué no?

    Interesante texto.
    Saludos.

  2. Solo somos energía con envoltorio de humanos, podríamos ser cualquier otra cosa, incluso nada… de ahí el valor de ser quiene somos, lo que no sé es si salimos de un cuerpo para meternos en otro jaja si tu historia fue tal cual cuentas, no me extraña la seguridad de tu abuela jaja El texto es buenísimo BEAU, tanto como triste el final de la abuela… es lo tremendo de tu historia. Antes, es cierto, la gente se iba como vivía, rodeada de los suyos. Ahora, la gente muere sola en frías residencias, hospitales e incluso en la calle sin que a nadie le importe lo más mínimo. Terrible.

    Meeencanta el nombre de OCTAVIO para un gato… suena aristocrático, no te digo nada si le sumas AUGUSTO ; )
    La foto jaja deliciosa, aunque con esa lazada y esa carita de susto a mi me tiene cara de… no sé… SERAFÍN ?

    Muchos besos BEAU!

  3. Es el nombre de alguien destinado a grandes cosas, María del Rosario, muchas gracias.

    Digamos, kadannek, que lo que aparece por aquí es una realidad ficcionada, si es que tal cosa existe. Estamos de acuerdo, a veces queremos creer en algo y no paramos hasta adaptar la realidad a lo que soñamos. En otros casos, como en el relato, creo que es una forma de mantener vivo el recuerdo de alguien. Sabes que lo has perdido, que nada puede hacer por recuperar su presencia, pero al menos te queda un ser vivo que sirve de memoria.

    Si de verdad existiese la reencarnación, sería en gatos, eso estoy seguro. Tienen ese algo especial que te hace sospechar lo que pasa por su cabeza.

    Ya te veo esta noche bajando al portal de la casa con una linterna y llamando a todos los mininos del barrio por el nombre de los familiares perdido, Toro Salvaje. Existen formas peores de locura, eso seguro 😉

    No te fíes, María, de esa cara, es la que pone cuando sabe que lo estoy inmortalizando para la posteridad, el resto del tiempo es una mezcla de diablo y pólvora 🙂

    Creo que en general hemos evolucionado, de verdad pienso que es mucho mejor nuestra época que las anteriores que vemos en blanco y negro, pero algunas cosas si las hemos estropeado. Algo tan etéreo como eso que se llaman valores un saber estar en el mundo con algo más de sentido que todo este vacío y ruido que nos rodea.

  4. Te entiendo, mucha, pueden ser un encanto (cuando quieren), pero convivir con ellos es estar todo el día en un mar de pelos de gatos 🙂

    Parece cosa de romanos, Jo, tienes todo la razón 🙂

  5. Aqui, siento algo de realismo mágico.
    Pero qué común es que un gato se meta a la casa, se convirta en íntimo y un día continúe su marcha. Hay gatos andariegos, otros como Octavio, que aprovechan la oportuniad y se acomodan en el lugar más cómodo de la casa.
    Una buena historia.

  6. Me has pillado, Umma1, tenía en mente a Macondo cuando estaba en medio de la escritura, la primera versión no tenía reencarnaciones .. Siempre he pensado que hay gatos que no quiere seguir en la calle, que decide unirse a tu vida y quedarse ahí, y a esos ojos, a esos ojos no se les puede decir que no..

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