el adversario

El mueve las piezas sobre el tablero en una danza a medio camino entre el ajedrez y la esgrima.Yo, acorralado, reviso mis apuntes y paso frenético las páginas de un libro de estrategias intentando encontrar un patrón entre los movimientos de mi adversario.

Me encuentro acorralado en una pequeña esquina del tablero y no hago otra cosa que intentar proteger las piezas que me parecen más valiosas mientras dejo un reguero de cadáveres en cada casilla. Es una batalla perdida pero no pienso en la rendición. Ni hablar de dejar caer la reina y aceptar una derrota anticipada. Él no me lo perdonaría, la cacería sólo termina cuando lo has intentado todo y todo ha sido en vano. Cualquier otra cosa es cobardía y conformismo, las dos peores formas de morir.

Mi adversario pelea al ajedrez, yo muevo las piezas siguiendo un orden. Una diferencia fundamental que hace que nos asomemos a este tablero desde dos prismas distintos, dos formas diferentes de plantear la vida y asumir la muerte.

Toda mi vida se ha limitado a seguir las reglas y aceptar unos movimientos que apenas he logrado entender. Desde el colegio, antes incluso, he jugado a la defensiva, pactando un sucio empate con una vida que ya entonces parecía venirse encima demasiado deprisa.

Un sonrisa lobuna al otro lado del tablero me advierte que he vuelto a moverme falso. Sostiene la pieza fatídica en alto y me deja unos instantes para comprender mi error antes de asestar el golpe definitivo.

Todos esos médicos de impolutas batas blancas y los otros, los trajeados del seguro, me aseguran que tiene demencia senil. Que es una simple cuestión de tiempo que todo su mundo se desvanezca con un portazo que no dejará ningún recuerdo al que agarrarse. Pero cuando aferra una de las piezas del tablero todo su cuerpo se transforma y es pura electricidad. No queda nada de sus ojos glaucos ni de su cuerpo dolorido y doblado como una alcayata. Todo eso desaparece, se convierte en una pieza del tablero. Quizás una torre observando mi torpeza desde un lugar privilegiado.

Él no juega, él combate porque así es como entiende la vida. Siempre contra algo, sin dar tregua ni pedir cuartel porque cuando las cartas vienen mal dadas sólo nos queda marcharnos con algo de dignidad.

Se abalanza sobre otra de las piezas con sus manos llenas de manchas y la empuja con júbilo contra la brecha abierta entre mis filas. Sonríe sin piedad, con el rostro afilado y los pelillos blancos de la barba mal afeitada erizados de puro gusto.

Comprendo que tuvo que ser un adversario terrible en esa otra vida que ahora se le escapa a puñados y de la que apenas quedan jirones en forma de fotografías en blanco y negro que guarda en lo cajones. Preciosos instantes atrapados en papel de cuando la vida no se empeñaba en recordarnos lo poquita cosa que éramos.

el adversario

12 thoughts on “el adversario

  1. Un texto complejo….
    Te prefiero espontáneo simple, cariñoso…

    Un saludo desde un dia espléndido de humedad y sol

  2. Me encantó tu texto, una gran metáfora de la propia vida
    un tablero
    partidas muchas
    y siempre jugando con o sin estrategia
    supervivientes , ganadores unas veces y otras tantas perdedores
    lo que al final cuenta es poner brío, garra y lo que haga falta
    ( bueno … mejor lo dejo en casi … )
    Me has recordado una serie , que aunque no padezco demencia senil ahora mismo no me viene a la mente, a ver si sacudo las neuronas y vuelvo 🙂 aunque no sea importante , ahora la que turra contra las lagunas mentales es la menda

    Un beso 🙂

  3. A veces , Mucha, los textos salen solos y otras dan más vueltas hasta que logran salir. Hay ideas sencillas de poner encima de la mesa y otras necesitan un poco de aderezo. Gracias por seguirlas siempre 😉

    Es verdad, MaRía, es una metáfora muy utilizada, pero describe muy bien las vidas, ¿verdad? Un simple movimiento que se hubiese dado de otra forma, un segundo más para pensar el movimiento y todo habría sido distinto. No necesariamente mejor como nos empeñamos en pensar, simplemente distinto. Sólo queda eso, pelearlas…
    Espero que recuerdes la serie, ahora tengo curiosidad 🙂

  4. Las combinaciones del ajedrez son inabarcables.
    Las de la vida también.
    Qué hubiera sido si hace x años hubiéramos hecho eso en vez de lo otro…
    Ahora bien… el final siempre es el mismo.
    La derrota.

  5. Un texto impactante, una batalla digna, mortal y sin tregua, como debería ser toda contienda que aspire a la supremacia y dominación del contrincante, porque esas son las jugadas más ardientes y emocionantes en una guerra.
    Me encantó este trabajo, las descripciones dibujan con claridad las imágenes, movimientos y pausas en la mente del lector, hasta puedo ver esos instantes cruentos en cámara lenta.

  6. Los juegos tienen sus reglas, la misma vida también tiene sus normas, hemos de regirnos por ellas, nos guste o no nos guste, amigo Beauseant, lo que no podemos hacer es lo que nos de la real gana.

    A mí me ha gustado mucho la manera de enfocar el tema, te felicito.

    Besos y feliz tarde.

  7. Así es Toro Salvaje, a veces creo que si me diesen otra oportunidad de hacer y deshacer cosas, de volver a empezar, volvería a fallar en los mismos sitios o en otros peores. Sospecho que en el fondo no somos capaces de aprender ni de nuestros propios errores. Pero nos queda eso, Kadannek, la pelea, la batalla, el haberlo hecho todo de la mejor manera posible con lo que teníamos a mano entonces.. gracias por lo que comentas del texto, quería ir intercalando la partida con las ideas y que tuviese algo de ritmo, gracias por apreciarlo 🙂

    Muchos días Mucha, no me entiendo ni yo.. aunque creo que tenemos algo en común, tampoco queremos que nos entiendan del todo, ¿no? 😉

    Lo has dicho con mucha crudeza, María Perlada, pero al final se trata de eso 🙂 el problema es saber qué cosas son reglas y que otras cosas son autoimpuestas.. es fácil confundirse, al menos lo es para mi. Pasas la vida creyendo que ciertas cosas simplemente son inmutables y con el tiempo vas comprendiendo que muchas de esas grandes lecciones podían dinamitarse para dejar sitio a cosas mejores.. Muchas gracias .. Un abrazo.

  8. Yo no sé de estrategias quizá estar a la defensiva siempre y sinceramente a veces sin un fin ni sentido …

    Quizá es que a veces eso no permitió el disfrute y la libertad pero tal vez quizá hubiera sido adecuado poseer esa paciencia o sabiduría para lograr moverse a tiempo

    o no…

    Tal vez, quizá

    Necesito leerte muy pausadamente puedo compararte como el ajedrez 🙂

  9. Es un gran relato, jugadas que en la vida nos toca pasar logrando no se ejecutados, igual el tiempo es quien no pone en ese tablero o cuadrilátero para probar nuestra capacidad de supervivencia.
    Abrazo

  10. Supongo, Jo, que uno no decide eso, ¿no? A veces, sin saberlo, juegas a la defensiva y ni tan siquiera sabes el motivo, simplemente la vida te va colocando en un sitio u otro… Y sí, a veces salen texto un poco complicados 🙂

    Al final, MARÍA, es eso, sobrevivir. Cada uno lo hace como puede más que como quiere, son pequeñas decisiones las que deciden por nosotros.

    Cierto, María Perlada, estamos un poco flojos con las publicaciones, pero ahora mismo lo arreglo 😉

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