cien dragones ciegos

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Las flores de loto crecen en ignotos paisajes y cada una de ellas es cuidada por cien dragones, o quizás sean doscientos o, quién sabe, quizás sólo sea uno un poco viejo y desdentado. No hay forma de saberlo: los pocos que logran regresar de ese viaje se convierten en el centro de atención de todas las conversaciones y tienden siempre a la exageración.

Si prestas atención a sus delirios y dejas caer una moneda de cobre en la barra para que puedan tomar otra pinta de cerveza, todos te contarán cosas parecidas: los dragones, el frío, los compañeros muertos al cruzar el paso donde aúllan las tormentas…

Muchos de ellos dicen que el premio ansiado en esa búsqueda era alcanzar la felicidad, pero una felicidad tramposa y vieja como los dragones que la otorgan porque, dicen, esa felicidad sólo te será entregada un instante antes de morir.

Tanta es la sugestión de sus palabras y tan numerosos los peligros de la vuelta que muchos deciden poner allí mismo, nada más arrancada la flor, fin a sus días dejando a sus espaldas un camino plagado de miles de cadáveres con una sonrisa estúpida grabada en el rostro. Dichosos, felices y cadavéricos, abrazados en deliciosos sueños que otorgaron algo de sentido al camino recorrido.

Dicen que si logras volver con una, si consigues ignorar el canto de los dragones y regresas a casa con una de esas flores, la riegas con tinta y la arrullas con palabras insomnes, entonces podrás verla crecer tan grande y tan hermosa como grandes y hermosas hayan sido tus palabras.

Desde ese día la flor de loto formará parte de tu vida, ella alimentará tus sueños y danzará en todas tus pesadillas. Las flores de loto nos acaban conociendo mejor que nosotros mismos porque respiran nuestras ideas y beben de nuestros anhelos más profundos. Aquellos que nunca confesaríamos al extraño que comparte nuestra almohada.

En el mercadillo a la salida de misa he visto que venden cientos de estas flores. Ejemplares tristes y prefabricados que han sido regados con tinta de periódicos reciclados e interminables cintas de Bach. Nunca las veréis crecer, nunca habitarán vuestros sueños y, en realidad, nunca serán vuestras, pero la gente se las lleva por docenas y asombran a amigos y familiares en las fiestas de sociedad.

Somos la civilización de las soluciones rápidas para los problemas complejos, y apenas hemos dejado sitio para la lírica en medio de tanta estadística y tanta cifra.

Algún día habremos dejado de soñar y, lo peor, nadie se habrá dado cuenta.

11 thoughts on “cien dragones ciegos

  1. Tristemente ese día, el del fin de los sueños, no está tan lejano. Sin embargo, siempre hay quien cultiva con amor y esmero una flor de loto… he ahí la esperanza.

  2. Mientras te leía pensaba en la Ítaca de Kaváfis, para luego ver en Parecidos (no muy) razonables aquella entrada de Regresando a Ítaca. Y ahí se hablaba de Lisboa; sinónimo de “saudade” y fados que me han recordado a Mísia que también canta tangos y canciones napolitanas… que escuché por primera vez en boca de Roberto Murolo.
    El que sonaba mientras leía el año pasado a Kaváfis.
    El que ha vuelto a llenarme la habitación estos días en los que todavía soñamos.

  3. A mi tristancio también me gusta pensar que hay cosas inherentes al ser humano, que por mal que se pongan las cosas y olvidemos todo lo que no deberíamos olvidar, siempre habrá alguien que haga algo por el simple placer de hacerlo. Sin esperar premios ni recompensas..

    Para seguir soñando, virgi, aunque el vecino de arriba se empeñe en poner la alarma del despertador en la madrugada.

    Se ha dado usted un paseo envidiable, GGM. En cuanto le dejas un metro la imaginación monta unos castillos increíbles, ¿verdad?

  4. Mientras haya alguien con una flor de loto auténtica, habrá esperanza de soñar.
    Yo no quiero que llegue el día q deje de soñar sin darme cuenta, ojalá alguien me avise antes de que ocurra.
    Besoss

  5. Creo que tu profecía llega tarde o a medio camino, es tanta la virulencia que tenemos dentro, que estamos llenos de ofuscación y carentes de un norte limpio y solidario realmente. Los imaginarios son gente en situación crítica, ahora solo vale la reposición de viejas ideas, sembrar dudas, repasar a los clásicos una y otra vez, todo menos regeneración y oportunidad. Me ha parecido muy bien traída tu entrada. Saludos.

  6. Yo creo que mientras queden textos como este, que nos recuerden leyendas tan bellas, no dejaremos de soñar. Claro que no lo haremos 🙂

    Un saludo.

    Oski

  7. Siempre me vi como una soñadora, siempre me permití soñar sin ningún tipo de barreras, sin control…pero la vida a veces te enseña a que es mejor andar con los pies en la tierra, que los sueños, al fin y al cabo, sueños son.

  8. Nadie avisa, Vanessa, eso te lo aseguro, hay que leer las señales que, por suerte, son muchas. Incluso, como dice Adolfo hasta mis palabras son tardías, porque ya hemos entrado en la rueda del reciclaje de las viejas ideas, de volver sobre los mismos pasos que otros muchos mejores dieron antes que nosotros, sólo de vez en cuando, alguien como T&T te recuerda que hay que seguir intentándolo, aunque sean los mismos errores o los mismos pasos, en algún punto es posible salirse..

    Una frase terrible esa, Ohdiosa, por toda la verdad que encierra. Llega un momento en que nos toca pagar las deudas, de cualquier tipo, y entonces nos toca arremangarnos y dejar de soñar…

  9. Vivir de sueños, cuando hay tanta gente viviendo de jodérselos a otros, me parece una actitud ejemplar,Marvel Girl, no la dejes 🙂

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