cartas marcadas

Mi jefe tiene una amante y, aunque hace todo lo posible por ocultarlo, todos en la oficina lo sabemos y nos alegramos mucho por él. En especial nos alegramos los miércoles, cuando desaparece a media mañana y no vuelve hasta bien entrada la tarde.

Y es tanta nuestra alegría que nada más ver desaparecer su coche del aparcamiento, nos lanzamos como un único ente sobre las puertas del edificio para invadir como una plaga bíblica el bar de la esquina. Allí acumulamos cadáveres de cervezas, platos de raciones y montañas de conversaciones sin sentido.

El momento del reencuentro en la oficina es algo mágico: nuestro jefe felizmente follado y nosotros envueltos en una beatifica nube alcohólica. Esos días la productividad se dispara y hacemos promesas de lealtad eterna mientras salimos de allí repartiendo abrazos.

En mi caso, en una clara traición al sprit de corps de mis compañeros, me escapo un poco antes para acercarme hasta la enorme valla de un colegio a pocas calles. Si aprieto el paso siempre consigo llegar para escuchar la sirena que anuncia la hora del recreo.

Ella suele esperarme apoyada en uno de los muretes del patio. Es nuestro ritual, ella espera y yo llego a tiempo de encender un cigarrillo que nos vamos pasando por la verja como dos presos comunes. Sólo veo la mitad de su perfil, el otro queda vuelto al patio donde no pierde de vista a sus cachorros. Para ella es algo más que un trabajo, tiene ese algo fiero y primitivo en su forma de protegerlos que sólo he visto en las mujeres.

Nunca hablamos mucho, creo que nos vale con sentir nuestra presencia, nuestro olor y los ruidos de los niños que llenan el patio con sus juegos caóticos. Ella los conoce a todos desde hace años, lo has visto crecer y sabe perfectamente lo que la vida le depara a cada uno de ellos. Los que llegarán a algún lado, los que pasarán una vida llamando a puertas cerradas, los eternos incomprendidos… Ninguno puede guardar secretos para ella.

Me los va señalando con la mano: el niño, rojo de pura rabia, que aplasta insectos con dos piedras, la niña con un vestido azul precioso que no participa en los juegos por no mancharse, el que se sienta en una esquina y mira con los ojos perdidos de un poeta los coches que pasan, o esa otra niña de coletas a nuestra derecha que intenta dar de comer a un gato callejero a través de los barrotes.

Todos ellos, me dice, juegan con cartas marcadas. Aún no lo saben, claro. Algunos, incluso, pasarán toda una vida intentando escapar de sus destino. Es una pelea que librarán con las armas del perdedor.

A veces la vida es un cansancio, concluye. Como estar toda la vida conteniendo la respiración por miedo a ahogarse.

Ella es un poco Casandra, tiene el bendito don de la adivinación, pero no le sirve para nada porque siempre transita por caminos ya recorridos.

Me señala a otro de los chicos del patio. Tiene los brazos en jarra y mira al tobogán con los ojos llenos de rabia. Intenta subir desde abajo, por la rampa deslizante y siempre, cuando parece a punto de lograrlo, tropieza y vuelve a caer rodando hasta la tierra. Al otro lado le espera la escalera, segura, bien sujeta al suelo, la forma correcta de subir el tobogán como todos sabemos, pero él ni la mira. Quiere subir por el otro lado, el lado difícil, y no se plantea la rendición. Lo veo en sus ojos.

No sé si existe un futuro para este país digno de ser contado, quizás ya llegamos tarde para encontrarlo pero, de existir, se encuentra en manos de los niños que intentan subir el tobogán por el lado equivocado.

cartas marcadas

14 thoughts on “cartas marcadas

  1. La frase del tobogán la leí hace tiempo, no es original, pero no tengo claro el autor inicial de la misma. Si alguien lo conoce, me gustaría saberlo.

  2. Esa imagen de subir al tobogán por el lado equivocado (yo diría por el lado prohibido) es grandiosa, majestuosa.
    Esos son los que mejorarán el mundo.

    Saludos.

  3. silencio las palabras no salen de mi mente…
    silencio me abruma no poder comentarte
    me pierdo entre tus palabras
    y voy subiendo” La Vida” a contramano
    mientras vos trepado al tobogán me das la mano…
    torcidos llegamos a la cima..
    en blanco después de haberte amado
    contentos nos reímos lentamente
    mientras en el parque la gente
    Nos aplaude en silencios lejanos

  4. Han sonado un par de canciones en mi cabeza mientras lo leía. Y no canciones de un cualquiera 😉

  5. Es buenísimo el relato, me ha gustado muchísimo, y me deja reflexionando sobre las cartas marcadas…

    Yo no subía el tobogán al revés…

    Muchos besos, escribes divino.

  6. ¡Vaya cantidad de estupendas imágenes has dibujado! … la de la profe y tú pasándoos el cigarro de lado al lado de la verja ( ¿me perdonas si te traduzco a mi manera? ok? ; ) me ha parecido una metáfora de lo enjaulados que estamos los adultos ante los niños .. ellos siguen libres, nosotros perdimos nuestra libertad al hacernos adultos, luego esos alucinantes perfiles infantiles ” el futuro psicópata ” jaja el que despachurra insectos, “la futura reprimida ansiosa psicótica” la del vestidito, y los dos niños siguientes ” el futuro artista soñador y la futura veterinaria o cooperante solidaria ” el último niño… el luchador del tobogán seguramente llegará a ser un revolucionario comprometido, periodista reivindicativo o inventor incomprendido y sin financiación para sus proyectos si no encaja en el sistema … y si encaja… un emprendedor de lucrativos negocios on line o inventor de exitosas y novedosas apps ; )

    Naturalmente que eres especial! no lo dudes nunca .. seguramente tú de niño era de los que te escondías bajo las sábanas con una linterna para seguir leyendo hasta la madrugada sin que nadie se enterara en casa, eso o tenías tu escondite secreto en un árbol o en laguna parte donde vivías en tu mundo …. jaja así, parecido a este del blog, solo que aquí nunca estarás solo .. nuestros ojos te siguen solos ; )

    Un abrazo inmeeenso y gracias … siempre!

  7. Me gusta mucho esa metáfora, Toro Salvaje porque, quién decide que lado es el bueno o el malo. Es algo que pasa con muchas cosas a lo largo de nuestra vida, que debemos aceptarlas en pos de una normalidad que, muchas veces, es una simple ficción.

    Te ha quedado preciosa la poesía, Mucha, me encanta esa imagen de tener alguien al lado para subir el tobogán por el lado equivocado… no creo, eso sí, que hubiese aplausos al final. A nadie les gustan los que intentan cosas diferentes y tienen éxito 😉

    Deberíamos comprar tus notas, La chica triste de la parada de autobús, con las mías mientras escribía. Sospecho que encontraríamos muchas similitudes 😉

    Gracias, Sakkarah, yo también tuve mi época de subir por el otro lado, pero creo que al final pasé por el aro y decidí no complicarme la vida. Poco a poco vamos claudicando, ¿verdad?

    Muchas gracias, Anonymous, por el análisis tan detallado. La imagen de la verja quería ser precisamente eso, pero no quería alargarla mucho. A un lado los adultos con sus barreras y sus problemas, al otro los niños, volando libre, siendo quiénes son realmente, sin llegar a ponerse las máscaras que nos educan para ponernos. A esas edades es fácil intuir como serán sus vidas, luego ya no, van creciendo y adoptando otros papeles, algunos lo hacen con tan bien que se olvidan de lo que eran… Me ha gustado mucho tus descripciones, por desgracia, sospecho, el que mejor futuro tendrá sera el psicópata, de ellos son las grandes fortunas. Supongo que no se puede llegar a ciertos sitios sin llenar el armario de cadáveres.

    ¿de niño?, no lo recuerdo muy bien, creo que siempre fui un poco solitario y no muy inteligente, además de despistado. Pero sí, lo de los libros era cierto, fueron mi refugio desde el principio, nunca me pasaba nada malo en ellos…. gracias, de verdad, por no hacerme sentir tan solo, al final, los que no ganamos nada con ello, supongo que escribimos por eso, por no sentirnos solos, ¿no? Un abrazo.

  8. No es de extrañar, que no nos queremos sentir adheridos al cable de la prisión, un sueño inalcanzable en estos días, muy buen relato.
    Abrazo

  9. Siempre que hay una verja o un muro el subconsciente colectivo lo interpreta como una barrera limitante, o también, como dos mundos paralelos y desiguales que coexisten en un mismo espacio. Así siempre ocurre con sólo darnos un vistazo, hoy como adultos, ayer como niños. Es cierto que hay algo fatídico en la vida, eso de los destinos pre-escritos es insoportablemente inquietante; es como si no pudiésemos romper un contrato que hemos olvidado, pero la verdad es que sí se puede, pero cuesta; a veces preferimos la comodidad de lo conocido aunque duela, en vez de lo incierto.
    Es difícil saber a qué niño de esta historia le irá mejor, porque todos podrán avanzar en un aspecto, desarrollar alguna cualidad, pero como es obvio, se verán truncados en algo, ya por un trauma -que todos tenemos- o ya por el rol que les impongan o que ellos decidan realizar.

    Es prácticamente imposible para mí no cuestinarme estas cosas, aunque quisiera sólo beber café y entregarme a la contemplación silenciosa de las cosas.

    Un saludo.

  10. La vida, Anonymous, parece que llega un momento en que consiste más en intentar escapar de cosas que hacer cosas… Una especie de huida hacia delante, huir de no sabemos muy bien qué, para llegar a no se sabe muy bien dónde…

    Algo que me gusta de ti, Kadannek, es esa tendencia a la reflexión, a detenerse un momento sobre las cosas para poder asimilarlas con calma. Has descrito mucho mejor que yo lo que quería simbolizar con la verja, ese salto entre los niños que fuimos y los adultos que irremediablemente seremos… es algo recurrente en mi cabeza, qué parte de lo que somos estaba predestinado y qué parte pudimos construir desde cero, algo elegido con total libertad. Como dices, parece un contrato que firmamos en su momento y que en alguien nos obliga a cumplir cuando ya lo tenemos olvidado…. Las vidas son extrañas, es la conclusión a la que suelo llegar después de darle muchas vueltas 😉

  11. Aquellos que persisten en sus anhelos, tarde o temprano van a lograr lo que se proponen, los que nunca lograrán nada son aquellos que se dedican a criticar a los demás o a mirar los toros tras la barrera.
    La frase: “El futuro es de los niños que intentan subir el tobogán por el lado contrario” es de Luis Endera, un director y guionista de cine, su nombre real es José luis Pérez Garcia.
    Gracias por esta entrada y por el rato entretenido que he pasado al leerla.
    Cariños y buena semana.
    Kasioles

  12. Qué bonita historia.
    Me ha hecho recordar que yo subía por el lado equivocado al tobogán (y además lloviendo).
    Lo malo es que siempre hay alguien que te dice que no es así y cómo debes hacerlo.
    Y sin embargo, hay que seguir creyendo en un futuro con buena gente, eso me transmite la foto de Capitán América detrás de su escudo.
    Besoss

  13. Me ha conmovido tu historia, creo que todos hemos subido por el lado equivocado mas de una vez, y nos rebelamos y a veces no lo decimos y nos enfermamos, creo que no hay que claudicar, uno se debe a si mismo, aunque pase raspando una y otra vez, puede que también sea un hito poético.

  14. Muchas gracias por la referencia, kasioles, en internet encontré varias referencias, pero no me quedaba claro quién había sido el primero, misterio resuelto entonces. No tengo claro del todo sí de verdad lograrán lo que se proponen, quizás no lo logren, quizás ese no sea el premio, quizás el premio sea ese, no rendirse y seguir intentando ser lo que quieren ser, ¿no? Como dice Carmen Troncoso, buscar la pequeña poesía detrás de cada derrota, aunque sólo sea para no enfermar.

    A veces lo hacen con buena intención, Vanessa, no quieren que sus hijos vayan por el lado complicado, que golpeen a puertas que ellos, sus padres, saben cerradas… no pueden entender que esas puertas, de forma mágica, puedan abrirse en algún momento… Y por eso merece la pena intentarlo.

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