Aug
30.

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Aug
23.
olvidado en: leer

Arrastro la maleta por el aeropuerto como si de un cadáver se tratase… mitad solemnidad mitad asco, tú ya sabes. Es curioso que después de tantos años, de tantos viajes, aún no haya aprendido a hacer el equipaje. La gente. El trasiego. La sensación de disponer de una vida en continuo tránsito. Contrapongo. Me siento. Hay un tipo, de profesión aventurero, a mi lado. En la tele parece más rubio, más grande, más aventurero. Siempre he sido una mierda calculando distancias. New York delayed. De puta madre. Si esta historia llega a buen fin sentiré algo parecido a lo que siente este señor cuando llega a una cumbre de ocho mil metros??? Extasis. O no. Tal vez sólo la satisfacción de dar por acabado algo que nunca debió de empezar. No habrá nadie al otro lado. Nadie en esa otra terminal a miles de kilómetros de esta por la que ahora arrastro mi maleta-ataúd. No conviene esperar demasiado esta vez. A decir verdad, nunca conviene. Las recompensas y los aplausos son para los que suben un ochomil a pelo, no para los que utilizamos helicópteros y oxígeno. No para los que ponemos redes para amortiguar la caída. Apoyo las manos en el banco. Me agarro al borde. Percibo el vértigo en la boca del estómago. El aventurero rubio me mira. Azules. Sus ojos. Como si no conociese el sudor del corredor de fondo. Como si no supiese de mi esfuerzo por ascender esta montaña que construimos un día sin pensar que en algún momento habríamos de ascenderla. Absurdo. Doloroso. Como romper melones a cabezazos. Como un vendedor de máquinas de escribir en Silicon Valley. Tengo vocación de pasaporte… nunca te lo había dicho??? El tipo se levanta. Se aleja de mi. No sé su nombre. El aventurero rubio. Él no sabe que yo también soy aventurera. Alguien sin oficio ni beneficio que trepa por las rocas de montañas escarpadas y otea el aire para intuir las tormentas venideras. Él no lo sabe pero… tal vez esta sea mi última gran aventura, mi último ochomil. Debería apurar la luz de mis ojos, memorizar cada uno de mis gestos porque esta vez, por última vez, yo escogeré dónde y cuándo seré derrotada…

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Aug
17.

Los vagones son largos y estrechos como cajas de difunto, pequeñas cárceles de metal y cristal para nuestras almas condenadas. Al fondo alguien implora atención hacia su cuerpo maltrecho mientras se arrastra pidiendo unas monedas a cambio de su arte o su adicción. Todos sin excepción bajamos la cabeza intentando sacarlo del plano, volverle invisible porque, pensamos con malicia, en el fondo se lo merece. Dios cuida de los suyos, pero no perdona cuando te desvías del camino.

Me ahogo pero no me asusta. Me advirtieron que pasaría; toda esa caterva de médicos y psicólogos intentando llevarme al otro lado, al de la razón y la verdad, su verdad. No pasa nada, debes enfrentarte a tus miedos como única vía para poder vencerlos. Eso de ahí abajo es el orgullo de nuestra cuidad, no una puerta al inframundo. Y todo con su mejor sonrisa de caja registradora y las paredes llenas de títulos académicos alfileteados en la pared, mostrando sin pudor en sus vísceras desnudas la inteligencia de sus dueños, dignos entomólogos del conocimiento.

El vagón chirría en la entrada de la curva y zarandea a sus ocupantes sin piedad. Alguien a mi lado deja escapar un grito ahogado y me mira avergonzado. No te preocupes, haces bien en gritar porque yo también estoy oyendo lo que intentas ignorar, su dialogo de sangre y muerte despertando de un sueño de eones al que fueron condenados. Los notas ¿verdad? Se desperezan ávidos como siempre y furiosos como nunca.

Yo no me ahogo. Sólo grito y me escapo en el último momento de las fauces de metal que intentan atraparme dentro del vagón. Estoy sólo en el andén notando vibrar las vías bajo mis pies y un único pensamiento latiendo en mis sienes. Han despertado, se lo advertí, y ahora estamos condenados. No es su Dios el único que no perdona los errores. Ya no puedo hacer nada por vosotros.

¿Puedo hacer algo por usted? Es joven, tanto como lo fui yo hace siglos. Me mira sin miedo y me sujeta para que no caiga. Quizás Dios no quiera tu muerte y sea yo el instrumento de salvación. Tampoco hay tiempo para pensar: Claustrofobia, grito, y me desmadejo entre tus brazos mientras suplico anegado en lagrimas tu ayuda para salir al exterior, hacia la libertad del cielo azul y el aire limpio.

Juntos emprendemos la procesión por la escalera metálica, al principio agarrado a su brazo y pronto arrastrándolo con firmeza. Mi pequeño y hermoso héroe, quieres bajar preocupado por los ruidos que ya es imposible ocultar con mis jadeos y mis palabras. Quieres salvar el mundo, pobre tonto, y no eres capaz ni de salvarte a ti mismo.

Toso y me ahogo en mi mejor papel y te obligo a pasar el último tramo hasta poner un pie en la calle donde el sol brilla como una promesa de cumpleaños. Si logro entretenerte unos minutos seremos los únicos supervivientes de la masacre que ya ha comenzado.

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Aug
09.
olvidado en: leer, mirar

Las gotas de agua son unas criaturas tan fascinantes y escurridizas como su propia naturaleza. Nacen y mueren casi sin avisar de su presencia ni dejar rastro alguno de su existencia. La mayoría odian darse a conocer y prefieren una vida anónima y sencilla, pero algunas de ellas se muestran particularmente estúpidas y quedan prendadas de su propio reflejo, en un cristal, en un espejo… Es entonces cuando, si posees el equipo adecuado¹, puedes capturarlas para lucirlas en lo alto de la chimenea y presumir de tu hazaña en el club de campo.

Estas de aquí en concreto son el fruto de varios meses de persecuciones, pruebas y errores. Lo cual, para ser sinceros, tampoco deja en buen lugar nuestras habilidades como fotógrafos, pero nada de eso nos impedirá seguir intentándolo.

Lo de hablar en plural es para darme un poco de importancia porque yo sólo era el tipo que sujetaba el flash. La otra persona involucrada tiene un poco de gota de agua en su naturaleza y prefiere pasar desapercibida.

¹ La idea era sacar la foto en grande, no recortar un trozo de una composición mayor; por eso las fotos mostradas sólo se han reducido en tamaño, no se han recortado.

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El artista del alambre no hubiese sido posible sin los chicos de Wordpress, la música de los cero, las plumas Waterman y los lapices de colores Alpino...

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