Me gustan las estaciones de tren y los aeropuertos, quizás porque sean lugares anónimos donde uno puede jugar con la idea de desaparecer al menos por un instante. Basta detenerse un momento y escuchar a la adolescente llorando al otro lado del teléfono por un amor imposible, o mirar al ejecutivo agresivo que en el fondo se siente un perdedor, para sentirse parte de una película más grande que nuestras propias vidas. Más grande e inabarcable, las situaciones y los decorados cambian al ritmo marcado por un guionista demente al que nada le importan las tramas ni los argumentos. Algunos lo llaman Dios, pero basta salir a la calle, hasta los cartones repletos de inquilinos insomnes, para saber que Dios no tiene nada que ver con todo esto.
Y luego están las fotos, claro. Me gustan esas fotos de gente saliendo y entrando en viajes que siempre imagino de ida. Al parecer esta prohibido hacerlas, y siempre hay alguien escondido detrás de un uniforme que te lo recuerda con una amabilidad que depende del talante y del día. Pero eso nunca nos ha impedido hacerlas ¿verdad? Luego tenemos otro problema: poca luz, mucho movimiento, balance de blancos…
Una fotografía es, simplificando mucho, llenar una película con luz durante un tiempo determinado. O, si queremos coger a la metáfora por el cogote, como llenar con agua (luz) un vaso (película) durante un tiempo marcado por nuestros deseos. Podemos optar por rebosar el vaso (foto con demasiada luz) o dejarlo vacío (una foto oscura). Además podemos elegir un vaso pequeño, que sería una película con una ISO alta, o uno grande. Si usamos un vaso pequeño tendremos una de esas fotos con mucho grano que parecen tener poco contraste y sin variaciones de color. Los grandes, por el contrario, nos darán mucho más detalle a costa de necesitar más tiempo para ser llenados.
Si nos encontramos en un concierto, una estación o de noche y sin trípode, tenemos que, siguiendo el ejemplo anterior: Usar una ISO alta, oscurecer un poco la película y utilizar la velocidad más alta posible para no mover la foto. Si hacemos todo eso obtendremos una foto correcta, pero normalmente bastante fea al ampliarla.
Es entonces cuando viene en nuestro socorro Daido Moriyama. Supongo que la idea que hay detrás es decir: Bueno, si, no tengo forma de hacer una buena foto, por lo tanto la forzaré para que mis defectos parezcan ventajas buscadas a propósito. Puede parecer extraño y retorcido, pero los de Mac llevan haciendo eso con cada producto y les va genial.
La primera vez que leí algo sobre este tema fue en Microsiervos, que apuntan una serie de enlaces con una explicación detallada e incluso un plugin para Adobe Lightroom.
Espero que os sirvan de excusa para desempolvar la cámara y seguir molestando a los guardianes de cuanta estación, aeropuerto o estación de metro que se cruce en vuestro camino.
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