Dec
29.
olvidado en: leer

Será el vino, quizá, o el ron del penúltimo mojito. Serán mis pocas ganas de confesarme culpable. Será. Y te cuento. Y te escucho. Y bebo tinto de la casa. Y la paella está buenísima. Verdura, elegiste. Te dejo. Como la última vez. Y el trasiego de gente. Y fuera está nublado, pero no importa porque no lo sabremos hasta mucho más tarde. Y entonces tampoco importará. Tú estás. Yo estoy. Te gusta mi vestido?? Pura frivolidad.  Y el sol estaba hasta hace un rato ahí y qué carajo importa que ahora no esté. Qué importa si el vino olía a madera y la copa de después sabía a manzana, y tú me hablabas de tu carnalidad y yo de mi promiscuidad y de unas ganas locas de divertirme. Contigo. Contigo también, claro. Y confesarme un rato, un poco. Que sí. Que yo fui perversa. Que lo seré otras mil veces. Y alguna vez la más buena. Eso también. Como tú. Tú también lo harías, te acuerdas?? Hugo Boss. El vestido, digo. Y luego me abrazaste. Como siempre. Como nunca. Todo contraste. Todo tú. Y me acordé de la primera vez “no me conoces, sólo son dos días”. Y sentí nostalgia, que no tristeza. Y vida. Tanta vida. Y no supe averiguar si es que este invierno estaba siendo cálido o la calidez la trajiste tú de casa.

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Tengo todos los problemas de este mundo pegados a mis talones, me dijo la noche en que nos conocimos. También me dijo que se había casado, dos veces. Todos tenemos un mal día ¿verdad?, pues yo tuve dos. Esto último enmarcado por una sonrisa cansada y un vodka en precario equilibrio sobre la mano derecha. Pero sigo siendo guapa ¿verdad?  Yo asentí con la cabeza porque  es incorrecto mentir a una mujer triste y porque tampoco hay mucho que hacer un sábado por la noche, cuando ya casi has cerrado y te entretienes limpiando un suelo demasiado gastado. Todo el mundo, los clientes habituales del café de por la mañana y los borrachos insomnes de madrugada, emigran cada sábado cegados por la luz de la ciudad para volver el lunes, avergonzados,  al mismo rincón donde les vemos perder día tras día.

Algún día Dios se acordará de mi existencia y encontrará mi justo castigo. Lo siento por quien esté a mi lado entonces. Eso me lo dijo mucho después, cuando amanecimos en mi pequeño cuarto que lleva dos años siendo un lugar de paso.  Ella hablaba, hablaba todo el rato, incluso mientras se movía por el pequeño espacio,  llevando los trozos de ropa desperdigados por la habitación al lugar correspondiente en su menudo cuerpo. Tenía prisa, decía,  mientras inventaba historias sobre la marcha y evitaba mirarme a los ojos.  Horas antes, desnuda en la cama con una luna creciendo en sus pupilas, era una persona distinta, menos obligada a defenderse, alguien que llamaba a puertas cerradas sabiendo que nunca se abrirán pero sin poder dejar de hacerlo. Con cada trozo de tela puesto en el lugar correcto iba recuperando un poco de esa mujer que habla todo el rato para no pensar demasiado.

La vi marcharse desde mi ventana en un viejo Honda de color rojo lleno de abollones y el maletero cubierto de pegatinas con los nombres de todos los sitios en los que había probado suerte, mañana habrá una nueva con mi nombre.  Detrás le seguirán, incansables como perros de presa, todos sus problemas. Ella aún no lo sabe, pero la cacería no tendrá fin mientras viva.

Hay algo hermoso en veros caer y levantaros cada vez componiendo una gran sonrisa, como si nada hubiese pasado, como si esa caída fuese algo asumido y conocido dentro del gran orden del universo. Sé bien que cuando el barco se hunda con todos nosotros dentro nadie te oirá suplicar por tu vida. En eso consiste el valor suicida de quien se sabe demasiado pequeño para dejar de ser valiente.

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Dec
15.
olvidado en: leer, mirar

Me gustan las estaciones de tren y los aeropuertos, quizás porque sean lugares anónimos donde uno puede jugar con la idea de desaparecer al menos por un instante. Basta detenerse un momento y escuchar a la adolescente llorando al otro lado del teléfono por un amor imposible, o mirar al ejecutivo agresivo que en el fondo se siente un perdedor, para sentirse parte de una película más grande que nuestras propias vidas. Más grande e inabarcable, las situaciones y los decorados cambian al ritmo marcado por un guionista demente al que nada le importan las tramas ni los argumentos. Algunos lo llaman Dios, pero basta salir a la calle, hasta los cartones repletos de inquilinos insomnes, para saber que Dios no tiene nada que ver con todo esto.

Y luego están las fotos, claro. Me gustan esas fotos de gente saliendo y entrando en viajes que siempre imagino de ida. Al parecer esta prohibido hacerlas, y siempre hay alguien escondido detrás de un uniforme que te lo recuerda con una amabilidad que depende del talante y del día. Pero eso nunca nos ha impedido hacerlas ¿verdad? Luego tenemos otro problema: poca luz, mucho movimiento, balance de blancos…

Una fotografía es, simplificando mucho, llenar una película con luz durante un tiempo determinado. O, si queremos coger a la metáfora por el cogote, como llenar con agua (luz) un vaso (película) durante un tiempo marcado por nuestros deseos. Podemos optar por rebosar el vaso (foto con demasiada luz) o dejarlo vacío (una foto oscura). Además podemos elegir un vaso pequeño, que sería una película con una ISO alta, o uno grande. Si usamos un vaso pequeño tendremos una de esas fotos con mucho grano que parecen tener poco contraste y sin variaciones de color. Los grandes, por el contrario, nos darán mucho más detalle a costa de necesitar más tiempo para ser llenados.

Si nos encontramos en un concierto, una estación o de noche y sin trípode, tenemos que, siguiendo el ejemplo anterior: Usar una ISO alta, oscurecer un poco la película y utilizar la velocidad más alta posible para no mover la foto. Si hacemos todo eso obtendremos una foto correcta, pero normalmente bastante fea al ampliarla.

Es entonces cuando viene en nuestro socorro Daido Moriyama. Supongo que la idea que hay detrás es decir: Bueno, si, no tengo forma de hacer una buena foto, por lo tanto la forzaré para que mis defectos parezcan ventajas buscadas a propósito. Puede parecer extraño y retorcido, pero los de Mac llevan haciendo eso con cada producto y les va genial.

La primera vez que leí algo sobre este tema fue en Microsiervos, que apuntan una serie de enlaces con una explicación detallada e incluso un plugin para Adobe Lightroom.

Espero que os sirvan de excusa para desempolvar la cámara y seguir molestando a los guardianes de cuanta estación, aeropuerto o estación de metro que se cruce en vuestro camino.

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Dec
07.
olvidado en: leer, mirar

La idea era subir un nuevo texto, pero como bien me han recordado después del último es mejor dar(nos) un respiro..





Así que os dejamos con un concierto de Doctor Divago que ya llevan camino de 20 años buscando su pequeño trozo de inmortalidad que, supongo, es el objetivo último de todos aquellos que ensucian folios o rasgan sus instrumentos sin otro empeño que seguir ello…

Las fotos han sido tomadas intentando emular a Daido Moriyama. Si alguien quiere más información será un placer explicarlo con calma.

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El artista del alambre no hubiese sido posible sin los chicos de Wordpress, la música de los cero, las plumas Waterman y los lapices de colores Alpino...

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